El problema de las basuras en las ciudades de Colombia, aportes para su solución

El problema de las basuras en las ciudades de Colombia, aportes para su solución
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Andrés Santiago Arróyale

El manejo de las basuras es uno de los mayores dolores de cabeza de las autoridades de Policía, los gobiernos locales y las empresas prestadoras de los servicios públicos. En los últimos años este tema también se ha convertido en una constante en los debates ciudadanos y políticos a causa del crecimiento de puntos críticos en las principales ciudades del país.

Basureros que vienen generando un daño físico y paisajístico con graves afectaciones en: la salud, a causa de malos olores, vectores o plagas; el medio ambiente; y el patrimonio de los ciudadanos por el deterioro de los espacios físicos y sus entornos.

Ahora bien, el mal manejo de los residuos es un problema estructural que comienza por considerarlos como basura sin ningún valor económico o funcional. Esta es una idea que han venido moldeando las normas y el sistema de gestión de residuos del país. De ahí que  hoy en Colombia resulte más rentable enterrar los residuos pos consumo en rellenos sanitarios que aprovecharlos, transformarlos y alargarles su vida útil.

Los rellenos sanitarios son costosos pasivos ambientales, pues su diseño, construcción y mantenimiento requiere millonarios recursos para al final enterrar millones de toneladas de residuos sin tratar, contaminando suelos, fuentes hídricas y siendo uno de los mayores generadores de gases de efecto invernadero, uno de los principales responsables del calentamiento global en el mundo.

Pero ya en Europa y Norteamérica existe la jurisprudencia y el modelo económico que ha mostrado el camino para acabar con los rellenos sanitarios y dejar de considerar los residuos como basura para convertirlos en un mercado próspero y amigable con el medio ambiente.

El camino es la transformación y el aprovechamiento de estos. La ley no debería permitir que ningún residuo que pueda ser aprovechado y transformado para alargar su vida útil vaya a un relleno, tal y como ocurre en España, México, Dinamarca, Suecia, Bélgica, Luxemburgo, Austria y Alemania. Allí la economía circular se ha convertido en un modelo económico en crecimiento y la mejor forma de hacer realidad el desarrollo sostenible.

Ahora bien, para que los residuos dejen de ser basura sin valor económico y se conviertan en un modelo de generación de empleo y riqueza, es fundamental que las autoridades comiencen primero con fortalecer la cultura ambiental y las sanciones que ayuden, por un lado, a disminuir la indisciplina ciudadana que lleva a que ciudadanos dispongan las basuras por fuera de los horarios y en lugares no adecuados. Y, por otro lado, a promover de manera acertada y pronta la separación en la fuente en los hogares, empresas y comercios, pues hoy la mayoría de personas disponen todos los residuos en la misma bolsa.

Esta pedagogía debe comenzar por enseñarle a las comunidades a diferenciar los residuos, enseñarles a entregar los aprovechables al reciclador, a cómo transformar los orgánicos en compost y qué manejo darle a cada uno de los otros residuos. En esencia, lo importante es explicarle a la gente que la basura bien manejada no es un estorbo, sino que es un insumo muy valioso que genera empleo y riqueza.

Hoy la mayoría de los residuos que están contaminando y ensuciando las ciudades en Colombia son los de demolición y construcción (RCD), los voluminosos (colchones, muebles, sillas, etc.) y los residuos ordinarios. La mayoría de estos residuos ya tienen un mercado que permitiría convertirlos en insumos o materia prima y así alargarles su vida útil.

Pero se requiere que los gobiernos y la superintendencia de servicios públicos ajusten la normatividad, estimulen la aparición de centros de acopio cercanos y con fácil acceso para la disposición de estos residuos. Creando políticas para apoyar a las empresas que vienen haciendo los procesos de aprovechamiento y transformación de los residuos, si esto se logra de manera masiva, estas mismas empresas se encargarían de recoger o incluso pagar por los residuos que hoy están siendo abandonados de manera clandestina y delictiva en espacios públicos.

Un caso de éxito pueden ser las llantas que antes eran abandonadas de manera clandestina en vía pública y ahora son compradas por transformadores para hacer insumos para canchas sintéticas, entre otros.

No obstante, mientras estas transiciones se dan, los gobiernos deben entender que las ciudades colombianas siguen creciendo aceleradamente y esto obliga a que las empresas de servicios públicos amplíen sus equipos y recursos humanos, mejoren su logística para atender la recolección y disposición de residuos efectivamente, pues no se puede seguir recogiendo los residuos con las mismas frecuencias en días y horas como se hacía una década atrás cuando las ciudades eran más pequeñas.

Finalmente, se debe reconocer que el debate de las basuras y la aparición de algunos puntos críticos también se ha convertido en un instrumento de ataque político en algunas ciudades. Las autoridades han identificado sectores que de manera planeada y premeditada van regando residuos por el espacio público.

Ante este escenario, las autoridades policivas y la comunidad deben construir alianzas para denunciar y sancionar a quienes vienen deteriorando los espacios públicos y las zonas verdes de las ciudades con esta práctica delictiva en la que todos perdemos.

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