Eliminar el intermediario en el campo es inviable

Eliminar el intermediario en el campo es inviable
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En cada ocasión que se inicia algún plan de desarrollo de fomento agropecuario, ya sea a nivel nacional o departamental, algún burócrata (bien intencionado) propone desde la visión urbana: “Eliminar al intermediario para que los agricultores puedan comercializar sus productos directamente, y así mejorar sus ingresos y rentabilidad”. Aunque la idea suena lógica y es pertinente, su implementación es difícil por las condiciones estructurales del sector agrícola en Colombia: 

  • La estructura de la tierra agrícola (Unidades productivas) es minifundista. El 70,4 % de las Unidades de Producción Agropecuaria (UPA) tienen menos de cinco hectáreas. Lo anterior significa que la gran mayoría de agricultores solo pueden ofrecer sus productos en algunas semanas o meses del año, sin certeza de la calidad, mientras que el gran comercializador (que vende al consumidor final) busca ser abastecido con una frecuencia predefinida a lo largo del año.
  • Los pequeños agricultores poco se asocian. Lo anterior se solucionaría en gran medida si los agricultores se ponen de acuerdo en distintos calendarios de siembra (De ser posible), y se organizan para ofrecer sus productos en distintos meses. El problema es que sólo el 14,7 % de las UPA pertenecen a algún esquema asociativo.
  • Los pequeños agricultores tienden a cosechar sin pensar en las características específicas que demandan los consumidores finales. Esto se puede atribuir a sus bajos niveles educativos. El 40,9 % de la población rural tiene como máximo nivel educativo alcanzado la primaria básica, adicionalmente el 10,9 % no tiene ningún tipo de educación. Lo que representa dificultades para una mejor comercialización de sus productos con los mercados urbanos.

Por lo anterior, el intermediario desempeña un rol fundamental en la comercialización de los productos agrícolas, pues es un agente que conecta la producción atomizada y desorganizada de los territorios rurales con los consumidores urbanos. Es el intermediario quien entra a corregir esas fallas de mercado, ocasionada por la ausencia de información, la baja asociatividad y la competencia imperfecta generada por los grandes productores. La corrección del mercado se genera en la media que son los únicos capaces de encontrar negocios y conectar las puntas compradoras con las puntas oferentes.

El intermediario debe conocer muy bien los cronogramas de las cosechas de las distintas fincas, o incluso de las distintas regiones, para así poder abastecer a lo largo del año (El consumo se da en todos los meses, pero la cosecha tiene estacionalidades, y en la mayoría de los casos solo se da una o dos veces al año. Esto implica un problema logístico muchas veces solucionado por el intermediario).

Por otra parte, debe conocer el comportamiento del mercado nacional y de la fluctuación de los precios, que en algunos casos es altamente influenciados por variables internacionales. Así mismo, debe conocer el producto y la calidad que demanda el consumidor final y de ese modo ejercer un rol importante en cuanto selección y empaque. Finalmente, es quien asume el costo de la contratación de ayudantes (o coteros) para cargar sus vehículos en la finca, y además asume los costos y riesgos del transporte que implican el mal estado de las vías terciarias.

El intermediario no es un tipo que se la gana fácil a pesar de ser satanizado por los burócratas. No es un tipo que se acueste en una hamaca simplemente a capturar rentas. Es un agente que desempeña un rol fundamental, muchas veces siendo el único que le soluciona el problema inmediato al agricultor, pagándole de contado (incluso entregando anticipos para generar confianza) y es él quien lleva el camión a la puerta de la finca para sacar el producto. En consecuencia, el intermediario da unos pasos que los agricultores no pueden dar, principalmente por las condiciones estructurales ya mencionadas.

Pero qué hacer en el corto plazo para mejorar la situación de comercialización de los pequeños agricultores. La recomendación sería enfocarse en mejorar el acceso y la eficiencia operativa de dos programas:

  • Una es a través de la Ley 2046 de 2020 (Ley de compras públicas de alimentos para pequeños agricultores). Acá se presenta la oportunidad para que los agricultores hagan sus ventas de manera directa. La cual busca que el Inpec, Icbf, Ejército, Policía, Planes de Alimentación Escolar compren directamente los alimentos a pequeños productores agricultores de la zona. Así se mejoran de modo considerable los ingresos de los campesinos. La ley obliga que por lo menos 30 por ciento de las compras públicas se hagan directamente a campesinos de la región. Este sería un avance gigantesco en la mejora de los ingresos de los agricultores y la lucha contra la pobreza, pues la FAO estima que el mercado de compras públicas en Colombia es de $2,5 billones de pesos anuales. (Sin embargo, la implementación de esta Ley solo se logra en la medida que los agricultores puedan solucionar los problemas de empaque y transporte. Se les ofrezcan programa de extensión agropecuaria para lograr asegurar la calidad, volumen e inocuidad de los productos).
  • Continuar insistiendo en el fomento y fortalecimiento de los programas de alianzas productivas. En este programa los pequeños agricultores son organizados (y muchas veces capacitados) para vender su producto de manera directa a una empresa ancla. De tal modo, se establece una especie de asociatividad forzada de arriba abajo que se conoce como el modelo de integración.

Finalmente, es fundamental el rol de la nueva tecnología como ese mecanismo que podría juntar dos puntas (incluso ya hay ciertas apps que lo hace, pero su impacto aun es marginal). Para esto se tendría que pensar en la accesibilidad y en un mecanismo de entrenamiento para permitir la usabilidad de la tecnología por parte de los pequeños productores, para ofrecer su producción con los comercializadores finales.

Insisto en que el intermediario no debe ser satanizado. Se debe entrar es a mirar como los agentes de Estado pueden cumplir o disminuir su rol, para que los campesinos puedan tener ingresos dignos. Una forma es resolviendo los cuellos de botella y el acceso a los programas antes mencionados.

 

Los datos de esta columna son del Censo Nacional Agropecuario 2016

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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