Elitismo xenófobo

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El pueblo que convoca la alcaldesa Claudia López con sus afirmaciones xenófobas no existe y ella lo sabe. Es un pueblo que debe ser creado a través de la insistencia con un discurso que promueva el odio contra un grupo particular.

Debo confesar que la palabra "populismo" me genera bastantes inquietudes. Es usada por diferentes personas, desde diferentes orillas del espectro político, siempre como una forma de insulto a un contradictor. Pero esto no es lo que me inquieta de la palabra "populismo"; no es el hecho de que tengamos palabras que usemos como armas arrojadizas contra otros, sino lo que presupone asumir esta palabra como un insulto. La palabra "populismo" se relaciona, esto es una obviedad, con el pueblo. Hablamos de un líder populista cuando ese líder busca el apoyo de la masa indiferenciada a la que llamamos pueblo. Lo extraño es que esto no debería ser algo reprochable, sino que debería ser motivo de celebración. Es así, a menos de que consideremos que hay algo malo en apelar al pueblo -y parece que en nuestros debates públicos asumimos que de hecho hay algo de malo en ello-.

Decía al comenzar esta entrada que algo allí me incomodaba. ¿Cómo es posible que veamos con tanta desconfianza cualquier llamado al pueblo o a lo popular? La respuesta que se me ocurre es que quienes usan la palabra "populismo" como insulto quisieran una forma de gobierno en el que no se necesitara el apoyo popular, una forma de elitismo de alguna clase en la que “los buenos”, “los sabios” o “los mejores” gobernaran. Así no habría ninguna necesidad de buscar apoyos populares; solo el apoyo de “los buenos”, “los sabios” o “los mejores”. Ésta me parece una conclusión inquietante y totalmente desesperanzadora. Lo que hay detrás de estos debates sobre populismo no es más que un elitismo encubierto, un elitismo que sería defendido desde la izquierda y la derecha por igual. 

Me preguntaba por esto en medio del debate que ha surgido en torno a las lamentables declaraciones de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. López ha insistido en el supuesto peligro que son los migrantes venezolanos, criticando la política de regularización del gobierno nacional y acusando sin el menor pudor a un grupo vulnerable de ser un peligro para los ciudadanos colombianos. Estas declaraciones fueron para mí impactantes. Ya habíamos visto muestras de xenofobia en el discurso de la alcaldesa, pero la insistencia y la dureza con la que se expresa, siendo completamente consciente de lo que está diciendo, representan una traición para quienes creímos que la llegada de alguien como Claudia López a la alcaldía podría significar un cambio para bien en la política colombiana.

La pregunta que me hacía al escuchar a la alcaldesa y ver las acusaciones de populismo que contra ella se dirigían, fue pensar a qué pueblo estaba convocando la alcaldesa, en qué lugar se encontraban esas masas, esas mayorías de ciudadanos que pedían como su más importante reivindicación la criminalización del pueblo -que también es un pueblo- venezolano migrante. ¿Es la alcaldesa populista porque quiere satisfacer al pueblo bogotano?, ¿es el pueblo bogotano un pueblo ruin que busca expiar todas las culpas de su ciudad en este pequeño grupo de venezolanos? 

Pensaba en esto mientras leía los tweets de Ana Villalba Castro cuando se preguntaba por qué las declaraciones de la alcaldesa eran peligrosas y el contraste de sus opiniones con el editorial del Espectador del día 11 de marzo. Allí, el medio afirmaba que “hoy muchos colombianos han permitido que el desprecio por los foráneos sea una posición mayoritaria”. A pesar de sus buenas intenciones y de coincidir con el rechazo que muestra hacia la xenofobia de la alcaldesa, no dejo de preguntarme cómo sabe El Espectador que esa posición es, en efecto, “una posición mayoritaria”. Los datos que tiene el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes muestran que no es cierto que haya una mayoría xenófoba en Bogotá pidiendo mano dura contra los migrantes. Sí hay algunos datos preocupantes, pero todavía minoritarios, de personas que no quisieran tener a un venezolano como vecino o que se sienten incómodas con las ayudas que les pueda prestar el Gobierno. Pero es por ahora, solo una minoría. 

Creo que ese pueblo no existe y la alcaldesa sabe que no existe. El pueblo que ella busca es un pueblo que debe ser creado a través de la insistencia en el debate público de un discurso que promueva, desde el lugar privilegiado que ocupa ella como autoridad pública, el odio contra un grupo particular. Es ella, su gobierno y los medios que reproducen ese discurso los que están promoviendo la xenofobia, no el pueblo. Son élites -políticas y mediáticas- las que están creando el monstruo que después achacarán a un pueblo que es todavía inexistente. ¿A qué pueblo apela entonces la alcaldesa?

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