Empresarias feministas, ¿utopía o urgencia?

Empresarias feministas, ¿utopía o urgencia?
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Para muchas personas, hablar de empresaria feminista es un oxímoron, una contradicción en los términos. Probablemente porque la imagen mental que nos hacemos de una empresaria y de una feminista nos impiden conjugarlas en una misma persona. De hecho, la aprobación o el rechazo al feminismo es uno de los temas que más polarización genera en América Latina actualmente. Resolver esta dicotomía entre la productividad y el feminismo es tal vez uno de los pasos clave para desescalar la polarización entre las empresas y los líderes sociales.

En nuestro segundo podcast de la iniciativa Tejiendo Puentes conversamos con Andrea Ramírez Pisco, experta en investigación para el cambio cultural, acerca de los retos del feminismo en las empresas. A continuación sintetizo algunas de las reflexiones más interesantes de la conversación.

En primer lugar, salta a la vista que aún hay un alto nivel de rechazo a la palabra "feminista". Incluso entre personas que trabajan por los derechos de las mujeres no es extraño escuchar mujeres que dicen “yo trabajo por la igualdad pero no soy feminista”. De acuerdo con los datos de la encuesta que llevamos a cabo en Sensata UX Research en abril de 2022 en una muestra de 11.398 personas en Colombia, Argentina, México y Brasil, un 33% de los encuestados en Colombia cree que las feministas han hecho del mundo un lugar peor. En Argentina la cifra es aún más preocupante, pues el porcentaje de rechazo al feminismo asciende a 43%, mientras que en México se ubica en el 36% y en Brasil en el 35%.

Sin embargo, hay una clara tendencia que muestra cómo las nuevas generaciones, especialmente las mujeres jóvenes, son mucho más conscientes del valor y la contribución del feminismo. Mientras el 41% de las mujeres mayores de 65 años consideran que las feministas han hecho del mundo un lugar peor, solo el 15% de las mujeres más jóvenes comparte esta opinión. Entre los hombres también hay una tendencia similar, aunque en menor medida.

La variación lineal entre todos los rangos de edad sugiere que la valoración del feminismo es un cambio cultural con pocas probabilidades de retroceder. Además, el movimiento ha evolucionado hasta el punto en el que ya no se puede hablar del feminismo como una única cosa, sino que debe hablarse de distintos feminismos. Muchas personas no se identifican con las formas “tradicionales” de la lucha feminista, pero sí con la defensa de los derechos humanos para todas las personas, y por ello han adoptado diversos mecanismos para combatir las injusticias de género, incluso a través de microluchas en el hogar, el trabajo o la cotidianidad.

A pesar de ser un cambio cultural, no todos los sectores de la sociedad han sido igualmente permeados por este fenómeno. Según los datos de la encuesta, los grupos de representantes del sector privado y de empresarios informales son quienes más rechazan el feminismo en la región. Como mencionamos anteriormente, el feminismo es uno de los temas que más divide a los grupos sociales generando polarización ideológica entre los latinoamericanos. Este parece ser interpretado como una amenaza para el sector productivo, seguramente porque se ha asociado con protestas violentas.

El sector privado es, de hecho, uno de los espacios donde aún se observan más brechas de género. Según datos del Banco Mundial, la brecha salarial de género es menor en el sector público que en el sector privado formal. En el primero, las mujeres reciben un 86% de lo que reciben los hombres, mientras que, en el segundo, un 76%. La reducción de las brechas en el sector público se atribuye a fuertes regulaciones laborales. Sin embargo, la naturaleza privada de las empresas hace mucho más difícil exigir cuotas o restringir prácticas laborales discriminatorias.

Por eso tal vez un camino para reducir el rechazo al feminismo dentro del sector privado consiste en construir una nueva manera de ser feminista desde las empresas. Andrea Ramírez nos presentó algunas ideas sobre cómo dar los primeros pasos hacia esta realidad.

  • Dejar de negar las brechas de género y disponerse a conocer las cifras objetivas de la realidad tanto salarial como de representación y distribución del poder.
  • Hacer un esfuerzo por conocer y reconocer las realidades que viven muchas mujeres tanto en los círculos inmediatos como en los más distantes, como las mujeres que viven en la ruralidad o en niveles socioeconómicos bajos.
  • Promover políticas que promuevan la justicia de género en las empresas.
  • Normalizar que existan feministas en las empresas, personas productivas y trabajadoras que defienden los derechos humanos para todas las personas. No sólo mujeres feministas, sino hombres feministas también.

Personalmente creo que no solo es posible ser directiva o ser empresaria y a la vez ser feminista, sino que es urgente. Es hora de superar esa contradicción entre ser feminista y a la vez ser parte del aparato productivo, trabajar duro o incluso ostentar posiciones de poder. De hecho, somos cada vez más las mujeres que desde el sector privado trabajamos por construir organizaciones con paridad en la representación de los cargos, con igualdad en la asignación de salarios y en la distribución del poder.

La conversación completa con Andrea Ramírez Pisco se encuentra en este podcast. Construir nuevas representaciones sobre feministas y empresarias no sólo es posible, sino urgente, para contribuir no sólo al avance de los derechos de las mujeres, sino para desescalar la polarización en América Latina. Únase a esta conversación

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