“Encanto” habla del liderazgo de las mujeres colombianas

“Encanto” habla del liderazgo de las mujeres colombianas
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En mi caso, como en el de muchos de colombianos, la película “Encanto” de Disney ha despertado intensas emociones y motivado importantes reflexiones sobre la historia y el futuro de nuestro país. 

Tal vez el mensaje más contundente de “Encanto" es un reconocimiento al papel central que han desempeñado las mujeres en nuestra sociedad y una invitación a reflexionar sobre el rol que deberán cumplir si queremos encontrar soluciones a los complejos problemas que nos aquejan.

La película nos muestra, a través de la historia de la familia Madrigal, la labor que han asumido las mujeres para hacer posible que la sociedad colombiana se haya levantado una y otra vez de los letales y reiterados golpes que le ha infligido durante casi un siglo la violencia, en sus distintas etapas históricas y dinámicas territoriales.

Una de las problemáticas más dolorosas generadas por el conflicto y la violencia en el país ha sido el desplazamiento forzado, que ha dejado millones de víctimas, especialmente mujeres y niños que han debido dejarlo todo y huir de la guerra después de que sus padres, hijos y hermanos fueran asesinados o reclutados.

Estas mujeres, que hasta el momento estaban a cargo de la crianza y el cuidado, han asumido nuevos roles para convertirse en responsables de la supervivencia, el sustento familiar y la jefatura de sus hogares. Todo esto en condiciones adversas para ellas, por razones asociadas a la pobreza, la discriminación, el exceso de responsabilidades y el choque cultural al llegar a los contextos urbanos. Como si fuera poco, con frecuencia han sido revictimizadas por provenir de contextos culturales machistas o ser objeto de violencia sexual.

Muchas de ellas, como Alma, la abuela y matrona de la familia Madrigal, han logrado sacar adelante a sus familias, y sin quejarse, han asumido un rol de perfección que la sociedad patriarcal tradicionalmente les ha exigido. Otras no han corrido con la misma suerte, como es natural, pero ello no significa que el mérito sea menor y por ello todas merecen el reconocimiento, el respeto y la gratitud de la sociedad entera.

Las dinámicas descritas se han perpetuado para muchas mujeres, ya que la violencia territorial sigue vigente al menos en la tercera parte de los departamentos del país. A nivel nacional, a pesar de avances importantes hacia la equidad de género, las brechas persisten y en varios casos se han visto acentuadas por la crisis derivada de la pandemia.

Según la Encuesta Integrada de Hogares de 2018, el 50 % de las mujeres en edad de trabajar no hacía parte de la fuerza laboral (60 % en zonas rurales), lo que representa una brecha con relación a los hombres de más de 20 puntos porcentuales.

De acuerdo con la misma encuesta, la probabilidad para un hombre sin escolaridad de ser parte de la fuerza laboral era más del doble que la de una mujer en las mismas condiciones (70 % frente a 33 %) y de acuerdo con la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado, el valor del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, desarrollado mayoritariamente por mujeres, ascendió en 2017 a un valor equivalente a 20 % del Producto Interno Bruto.

Para octubre del 2021, la tasa de desempleo nacional en Colombia fue de 11,8 % y el desempleo en las mujeres fue del 15,9 %, casi duplicando al de los hombres (8,7 %).

En cuanto a la participación de las mujeres en cargos de elección popular, el 20 % de los asientos en el Congreso de la República son ocupados por mujeres, así como el 15 % de las alcaldías y el 0,6 % de las gobernaciones.

En 2019, el Instituto Nacional de Medicina Legal realizó 26.158 exámenes médicos por presuntos delitos sexuales, de los cuales el 86 % fueron practicados a mujeres, y de estos, un 85,6 % correspondieron a niñas y adolescentes*.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, las mujeres, especialmente las más jóvenes, son el grupo de población más afectado por la pobreza. Lo que se relaciona directamente con otras problemáticas que vulneran los derechos de niñas y adolescentes, como el embarazo temprano, el matrimonio infantil, las uniones tempranas, la deserción escolar y la falta de acceso a la tierra y a oportunidades laborales.

Este doloroso e injusto panorama debe ser transformado desde sus raíces, si realmente queremos resolver los problemas estructurales del país. Esto implica empezar por cambiar las normas sociales y de género para relacionarnos de manera distinta; reconocer los enormes capacidades y talentos de las mujeres, y garantizarles oportunidades para asumir cada vez más roles de liderazgo en todos los ámbitos de la sociedad, desde los hogares, pasando por las comunidades, las empresas, las instituciones y hasta el mismo gobierno.

En particular la política social debe preocuparse casa vez más por abordar los riesgos y vulnerabilidades de género, por empoderar a las mujeres y por facilitarles el acceso equitativo a oportunidades educativas y de formación, y a empleos en condiciones dignas.

Los programas de subsidios para familias vulnerables deben seguir focalizando de manera prioritaria a las mujeres cabeza de hogar. Hoy el 58 % de las familias que reciben algún subsidio del gobierno tienen jefatura de hogar, lo cual es muy positivo, pero aún debe hacerse un esfuerzo de ampliación hasta llegar a todos los hogares vulnerables con esa característica. Hay evidencia a nivel internacional de que esto tiene un impacto en la disminución de la pobreza, en el aumento de las tasas de matrícula y asistencia escolar, y en romper las dinámicas de violencia de género al interior de las familias.

Deben también fortalecerse los programas de emprendimiento femenino, generación de ingresos y empleabilidad, habilitación e inclusión laboral, e incentivos al empleo, y al mismo tiempo avanzar hacia el acceso equitativo a servicios de cuidado infantil. De acuerdo con la evidencia, estas medidas redundan en un mejor desempeño de la actividad económica y empresarial.

Muchos ciudadanos, en el ámbito de nuestros hogares, tenemos una responsabilidad en la formalización del trabajo doméstico y en la reducción y la redistribución del trabajo doméstico no remunerado.

Todo esto es fundamental en el proceso de recuperación económica del país y de la región, ya que como dice Alicia Bárcena, directora ejecutiva de la Cepal, “La recuperación de América Latina y el Caribe postpandemia será feminista, o no será”, pero también es una condición necesaria si de verdad queremos avanzar como sociedad y superar problemas históricos como son la pobreza, la desigualdad, la violencia y la corrupción.

El país debe reposicionar a las mujeres en el centro de las soluciones, ya que con su liderazgo seguramente se alcanzarán resultados que la sociedad patriarcal no ha logrado en toda su historia.

“Encanto” resalta que nuestra riqueza natural y diversidad cultural son un verdadero milagro, como también lo es que los colombianos seamos capaces de superar una y otra vez la violencia enquistada en nuestra sociedad. Usando la metáfora de Mirabel, las nuevas generaciones de mujeres colombianas, a las que ella representa, están llamadas a liderar todos los esfuerzos y transformaciones necesarias para poder salvar nuestro milagro.


*Se utilizaron datos del Instituto Nacional de Medicina Legal de 2019, debido a que los del año 2020 son atípicos de acuerdo con el promedio anual histórico, y podrían estar reflejando un subregistro de los casos asociado al confinamiento por la pandemia. 

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