Entre paros, aguaceros y altos precios tambalea la seguridad alimentaria

Entre paros, aguaceros y altos precios tambalea la seguridad alimentaria
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Aunque hay signos positivos de recuperación socioeconómica en Colombia, no se pueden ignorar otros aspectos que muestran un panorama menos optimista y que, de hecho, puede empeorar si no se toman tanto acciones urgentes para atender la crisis, como medidas de mediano y largo plazo para construir sostenibilidad.

Hay una combinación de dinámicas que ocurren de manera simultánea en varias regiones y están poniendo en jaque la seguridad alimentaria de familias, comunidades y territorios del país. Tres elementos en particular encienden las alarmas sobre riesgos para la seguridad alimentaria.

1. Paro armado y deterioro de las condiciones de seguridad

Una de las afectaciones más importantes del paro armado, que afectó a 178 municipios, fue sobre el acceso a los alimentos.

En Barranquilla reportaron alzas hasta del 75 por ciento en precios de alimentos por bloqueo de vías y alteraciones al orden público. En varios municipios del sur de Bolívar hubo un cierre total del comercio, por lo que los tenderos no pudieron abrir sus negocios.

Esta situación también afectó a los agricultores, pues sus cosechas quedaron estancadas y en algunos casos hubo pérdidas de producto, como en el caso de la leche. En la región Caribe, se reportó la perdida de 100.000 litros de leche debido a las restricciones de movilidad durante el paro armado.

Hay reportes de 138 comunidades en situación de confinamiento. Varias organizaciones de la sociedad civil reportaron delicadas situaciones como en los casos de la región de Montes de María, así como en 30 municipios de Chocó y 11 de Urabá. En la costa pacífica nariñense se reportaron 6.000 personas en situación de desplazamiento.

2. La emergencia invernal amenaza la producción y acceso a los alimentos

La ola invernal está impactando gravemente la producción, acceso, comercialización y distribución de alimentos en varias regiones.

En el departamento del Atlántico, la Asociación de las Comunidades del Sur del Atlántico ha reportado afectaciones a sus cultivos de yuca, plátano, frutales y maíz por las inundaciones. Así mismo las inundaciones en la Mojana en Córdoba y Sucre han afectado la producción de alimentos.

En Boyacá, la Gobernación declaró estado de calamidad pública por las lluvias que han causado afectaciones graves a la producción agrícola. En el departamento de Nariño, más de 3.000 pequeños productores de 45 municipios han sido afectados por la temporada invernal. Con el cierre de la vía Pasto-Mojarras en Panamericana por derrumbe, varios agricultores están pidiendo ayuda a gritos para poder sacar sus productos, en especial la papa a los mercados locales y regionales.

Estos son solo unos ejemplos en algunas regiones, pero los impactos de la ola invernal se han sentido en gran parte del territorio nacional.

3. La inflación golpea más duro a los pobres

Los niveles históricos de inflación han sido sobre todo en los alimentos y afectan en mayor medida a los hogares más pobres.

En los últimos meses hemos presenciado los niveles más altos de inflación en la historia del país. La inflación en abril fue la más alta de los últimos 21 años, llegando a 9,23 por ciento, y con los alimentos como el elemento que más ha subido sus precios. El arroz, el corrientazo y la leche son los alimentos que más han subido de precio.

Aunque la inflación es un fenómeno que impacta a todo el país, sus efectos no son iguales para todos. Mientras que para familias de ingresos altos y clase media la inflación es de 7,46 % y 9,43 %, para las familias pobres la inflación tiene un mayor impacto: alcanza un 11,26 %.

Entre paros, aguaceros y altos precios tambalea la seguridad alimentaria
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La inflación también se ha reflejado en el incremento del precio de los insumos agropecuarios. La guerra en Ucrania ha empeorado la situación pues gran parte de los insumos que importa Colombia provienen de Rusia y Ucrania.

Respuestas puntales pero incompletas

El Gobierno nacional hasta ahora ha respondido a aspectos puntuales de la crisis socioeconómica, pero parece que carece de una perspectiva integral y coordinada frente al riesgo del incremento de inseguridad alimentaria.

Por una parte se incrementó el ingreso solidario a 400.000 pesos, cubriendo a alrededor de cuatro millones de personas en el país. Pero la cifra estimada de personas que necesitan asistencia alimentaria es de siete millones.

Ante el paro armado, la respuesta ha sido principalmente militar, y no se han hecho referencias a la situación de inseguridad alimentaria que vivieron y siguen viviendo varias poblaciones del país. De hecho, en una entrevista para El Espectador hace unos días, un habitante de la costa pacífica nariñense, donde en días recientes se ha generado el desplazamiento de más de 3.000 personas, dijo que a pesar de la solicitud de ayudas a la Gobernación de Nariño y al Gobierno nacional, las personas en situación de desplazamiento de la región llevaban 10 días sin alimentos.

Hay un problema grave y es que Colombia transita esta tormenta sin instrumentos de navegación. Como lo he explicado en mis columnas anteriores, no tenemos cifras actuales de seguridad alimentaria ni funciona el Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Osan). Así resulta difícil hacer seguimiento y diseñar respuestas oportunas. La Comisión Intersectorial de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Cisan), el órgano más importante del Gobierno nacional que coordina las políticas y acciones de seguridad alimentaria a nivel nacional, no se ha manifestado al respecto.

Al borde del abismo

Las dinámicas del paro armado, la ola invernal y la inflación están teniendo efectos simultáneos en varias regiones del país. Todo esto repercute en el aumento de los precios de los alimentos para los consumidores y va en detrimento de los ingresos para productores, transportadores y comerciantes. Entre los ámbitos local, nacional e internacional, estos elementos tienen en jaque la seguridad alimentaria de millones de personas.

Así las cosas, aún después de los profundos impactos socioeconómicos que dejó la pandemia y mientras el país entra a la recta final de las elecciones presidenciales, la seguridad alimentaria de regiones enteras tambalea. Entre paros armados y violencia, entre aguaceros e inundaciones, y entre altos precios y difícil acceso a los alimentos, no solo surgen gritos que claman ayuda; también surge una señal de alerta sobre la situación alimentaria del país.

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