Es hora de superar la maldición comunera

Es hora de superar la maldición comunera
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Esa narrativa de que “los jóvenes quieren solo derechos y nada de deberes” debería aplicarse en realidad para todos los colombianos a lo largo de la historia. El rechazo cultural al pago de impuestos, junto con la incapacidad del estado de organizar adecuadamente la administración tributaria, ha sido una de las causas de que Colombia nunca se haya consolidado como Estado.

Con las expectativas de mayor inversión social del Gobierno recién electo se ha disparado un terrorismo tributario de parte de la oposición, difundiendo miedo acerca de las futuras obligaciones tributarias de los colombianos. Un columnista en semana incluso se atrevió a reformular el slogan de Gobierno como “sufrir sabroso”. Sin embargo, para cualquier colombiano hoy en día debería ser una obviedad que, si queremos un Estado capaz de garantizar los derechos fundamentales de sus ciudadanos, es imprescindible aumentar el recaudo de impuestos.

El rechazo sistemático de los colombianos a las reformas tributarias y al incremento del fisco es un mito fundacional de esta nación, incluso tal vez un orgullo patrio, ya que fue la rebelión de los comuneros contra las reformas tributarias y administrativas a finales del siglo XVIII un paso clave para la independencia de la corona española.

Sin embargo, como siempre, la historia está contada a medias, pues la profunda reorganización del sistema colonial de gobierno en América promovida por la Casa de Borbón, bajo el reinado de Carlos III, era también una iniciativa de modernización del Estado sobre la base de los ideales de la revolución francesa.

En Colombia, la Independencia de la Monarquía española supuso una reducción de los impuestos a la población, que pasó del 12,5 % al ​​5 % del PIB, dejando a la naciente República con un Estado pequeño, ineficiente e incapaz de proporcionar bienes públicos esenciales como el transporte, la educación y la higiene, como lo recuerda Kalmanovitz. Aunque el recaudo en Colombia ha aumentado a cifras cercanas al 20 % del PIB, aún está muy lejos de las tasas de recaudo de los países europeos socialistas que se ubican alrededor del 40 % del PIB, el 33,5 % de los países miembros de la Oecd, o incluso de Estados Unidos que recauda cerca del 26 % de su PIB.

Está en manos del Gobierno electo convencer a sus electores, y a los colombianos en general, de su capacidad de crear impuestos progresivos, administrarlos efectivamente e implementar mecanismos contra la corrupción para promover el por siglos postergado contrato social. Si queremos dejar de ser una república bananera, ¡tenemos que superar la maldición comunera!

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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