Exijo el derecho al recreo ya 

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La sociedad colombiana, en su conjunto, ha sacrificado a niñas, niños y adolescentes durante la emergencia sanitaria del covid.

He llegado a la mayoría de edad. Hace 18 años un grupo de madres, padres y educadores entendieron la necesidad de crear una organización de la sociedad civil, libre de intereses económicos, políticos y religiosos, que ayudara a mamás y papás a organizarse alrededor de los colegios para así garantizar los derechos de sus hijas e hijos.

En mis primeros años, fui incómoda para la radio juvenil, para los grandes conglomerados de medios. Crecí enfrentando a marcas de productos de tabaco y bebidas alcohólicas, quienes con una supuesta postura responsable, buscaban a través de campañas y patrocinios - como al fútbol- enganchar a los más pequeños. En internet también ha navegado mi causa, con movilizaciones y acciones para mitigar y contrarrestar la forma en que las nuevas plataformas y proveedores de la industria de la tecnología, en su afán de lucro, se olvidan de las niñas y los niños. Me fortalecí con la causa de la alimentación saludable, aprendí cómo los intereses de unos cuantos muy poderosos mandan la parada en el Gobierno y en el Congreso, al tiempo que pisotean la evidencia científica y el bienestar de todos.

Pero lo que estoy viviendo ahora no tiene precedentes. La sociedad colombiana, en su conjunto, ha sacrificado a niñas, niños y adolescentes durante la emergencia sanitaria del covid. Para ellos no ha habido palabras de nuestros mandatarios, tampoco espacios genuinos de escucha, nadie se ha puesto en sus zapatos. La gran mayoría de espacios se han abierto, pero los de ellas y ellos no. Ya cumplen un año de estar desescolarizados, los planes piloto de regreso a los centros de cuidado y espacios escolares son paquidérmicos, demasiado graduales y bastante inciertos. Entre tanto, las niñas y niños nunca tienen recreo ni merienda, no están con sus amigos ni sus profesores, no hay juegos ni aprendizajes compartidos en la presencialidad.

Y, como si no fuera suficiente, en las últimas semanas me han llegado historias dramáticas de familias con realidades muy complejas que se sienten temerosas de decir algo o hacer algo: "me quedé sin trabajo", "de pronto me quitan el cupo del niño" o "no me mandan el mercadito" -una de las pocas certezas que han tenido-. Por estas familias es que hoy me armo de valor y salgo a solicitar, mediante una tutela al Gobierno Nacional en cabeza del Ministerio de Educación, el Icbf, la Gobernación de Cundinamarca y la Secretaría de Educación de Bogotá, que reivindiquen el derecho de todas las personas menores de 18 años a recuperar sus espacios de educación presencial, pero que, de manera especial, reconozcan la atención de la Primera infancia (0-6 años) como un servicio esencial que nunca más debe dejar de prestarse para aquellas familias que no tienen otra posibilidad.

#ExijoElDerechoAlRecreoYa 

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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