Formar en política y despolitizar la educación

Formar en política y despolitizar la educación
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Líder Estuduantil Mayra Mueses en el Panel Educación y Paz en el Marco del Foro Educativo Nacional

El título de esta columna es el planteamiento que quiero resaltar del Panel de Educación y Paz realizado en el marco de Foro Educativo Nacional, celebrado el 10 y 11 de noviembre, del cual se concluye que una de las funciones más importantes de la educación es formar a los estudiantes como ciudadanos.

Es decir, formarlos para que sean sujetos políticos conscientes de sus derechos y de sus libertades, pero también de sus deberes y de los límites de esos derechos.

La formación política implica posibilitar que los estudiantes sean conscientes de que pueden movilizarse y actuar para incidir en asuntos públicos que les afectan a ellos, a sus familias y a sus comunidades; que sean capaces de diferenciar entre la gobernabilidad, entendida como la capacidad de maniobra que tiene un gobierno determinado, y la gobernanza que implica la construcción de políticas con la participación de todos los actores sociales que tienen interés en asuntos que les competen.

Para su formación política los estudiantes deben aprender de la Ciencia Política no solamente el contenido teórico de esos conceptos y el origen, desarrollo e historia de las diferentes ideologías, sino también la práctica del liderazgo en su interacción con sus compañeros, con las comunidades de los entornos de la escuela y ejerciendo una representación democrática incidente en el estamento estudiantil de los gobiernos escolares.

En su intervención durante el panel, Pablo Gentilli afirmó que la formación política no debe confundirse con la ‘inmiscusión’ partidista en las instituciones educativas, sino en crear consciencia social y pensamiento crítico en el estudiantado. Sin embargo, actores que se ven favorecidos con la desigualdad y con el ocultamiento de la verdad tratan de desprestigiar la formación política acusándola de ser un instrumento de ideologización o señalando que el informe de la Comisión de la Verdad o las políticas de igualdad de género son ataques contra los valores de la familia y de la sociedad.

Mediante esa estigmatización se pretende evitar el cambio, para así mantener un proyecto político que por décadas ha excluido y segregado a grandes sectores de la juventud, de las comunidades étnicas, de las poblaciones marginales y de las mujeres. La educación tiene la responsabilidad de ayudar a formar a las personas que transformarán la sociedad para superar la inequidad.

Por su parte, Mayra Mueses, lidereza estudiantil de la comunidad de Siloé, Cali, protagonista durante el estallido social, reveló que muchos liderazgos juveniles se hacen por fuera de la escuela; muchos de los líderes populares no tienen la formación ni siquiera básica o el bachillerato completo. Por esto es fácil que sean cooptados por políticos profesionales con fines de manipulación para ponerlos al servicio de sus intereses personales o partidistas.

Es necesario que esos jóvenes puedan conectarse con entornos académicos donde puedan acceder a conocimientos para cualificar su acción social y política. La educación permite desarrollar las capacidades de liderazgo en los jóvenes. Los profesores se enamoran de los buenos y hacen a un lado a los no tan buenos. Detraś de ellos, de los no tan buenos y de los excluidos, hay un gran potencial, agregó Mueses.

Gentilli añadió que, para poner de presente la política, también debe entenderse como lo plural, tal como lo plantea Hannah Arendt y, en ese sentido, la escuela debe abrirse a los saberes populares, ancestrales y multiculturales y no sólo al conocimiento académico que a veces se transforma en violencia epistémica por el desconocimiento de lo que se genera por fuera de sus muros.

En ese sentido, la profesora Elizabeth Castillo de la Universidad del Cauca reveló que desde el sur del país se construyen pedagogías para la paz, pedagogías comunitarias; propuestas de una paz territorial basadas en superar la invisibilidad y negación histórica de mujeres, de las culturas populares y de los pueblos originarios. Pero también incluir a las propias comunidades educativas; la mayoría de las reformas educativas se hacen en contra de las y los docentes, deben hacerse con ellos, concluyó Gentilli.

Se deben generar las condiciones reales para esa formación política. Por ejemplo, no se puede enseñar valores democráticos con autoridad moral e intelectual en una universidad cuyo gobierno es antidemocrático y está al servicio de uno o varios directivos que traicionan el espíritu de la autonomía universitaria utilizando estas instituciones para perpetuarse en sus cargos para su beneficio propio y el de sus familias y círculos cercanos o de políticos que con quienes se alían.

Estamos en una sociedad que ha debilitado la democracia, que estigmatiza la participación, la movilización, el liderazgo y la gobernanza, acudiendo a la estrategia de satanizar el ejercicio de la ciudadanía y fortaleciendo discursos populistas basados en defender el actual estado de cosas bajo la amenaza de que cualquier cambio acabaría con la supuesta estabilidad del sistema actual.

Como nunca antes es necesario fortalecer la formación política, recuperar la capacidad de participación, la reflexión crítica y propositiva, y no confundirla con la politización, la partidización y el clientelismo en las instituciones educativas, sobre todo de las universidades públicas. 

Las comunidades académicas deben retomar su liderazgo comunitario y social para conducir procesos de solidaridad, responsabilidad social y la defensa de lo público y lo colectivo para encausarlas hacia las urgentes transformaciones que demanda la sociedad.

Colofón: es tan cierto que la juventud puede incidir, impactar y transformar la sociedad, que el actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, le reconoce su triunfo a la movilización estudiantil sin cuyo ímpetu él no hubiera llegado al poder.

@cesarseducacion

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