Gobernanza criminal fronteriza en La Guajira: grupos armados sin guerra

Gobernanza criminal fronteriza en La Guajira: grupos armados sin guerra
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Los análisis sobre crimen organizado en la frontera colombo-venezolana han tendido a priorizar los casos de Norte de Santander (Catatumbo-Cúcuta) y Arauca-Apure. Posiblemente porque en ellos hay confrontaciones armadas directas entre los grupos armados presentes y el control de la frontera se hace más estricto por parte del crimen organizado (ver este trabajo de Viviana García y Jorge Mantilla). La frontera colombo-venezolana ubicada al norte del país (entre La Guajira y Zulia) también tiene presencia de varios actores armados (ELN, AGC, Acsn, y otros grupos de delincuencia organizada locales). Sin embargo, no hay registros de confrontación armada.

¿Qué explica esa diferencia en los comportamientos de los actores armados?

En La Guajira se ha conformado un sistema de gobernanza criminal fronteriza apalancado en dos elementos: i) la presencia indirecta en el departamento (algunos grupos a través de la subcontratación de grupos locales de delincuencia organizada, otros con presencia sostenida en Venezuela para solo ingresar a La Guajira de forma ocasional) y ii) la repartición tácita de las rentas a las que cada grupo puede acceder (ELN extorsiona comerciantes y controla el contrabando y el corredor de movilidad por la Serranía del Perijá, la Segunda Marquetalia extorsiona pequeños ganaderos y busca reconstruir sus bases sociales, y los grupos post-AUC controlan los puertos de salida y el acopio de clorhidrato de cocaína en la Alta Guajira).

Dadas estas dos condiciones, los grupos no tienen enfrentamientos directos porque no tienen ejércitos permanentes en el departamento ni están compitiendo entre ellos por alguna de estas rentas.

1. Muchas fronteras: heterogeneidades culturales, políticas e históricas

Por un lado sería un error seguir percibiendo la frontera como un territorio homogéneo en términos culturales, institucionales, sociales y delictivos. Como lo hemos propuesto con Viviana García Pinzón, creemos que una forma de lograr una mejor aproximación a esta multiplicidad de órdenes es dividiendo la frontera en tres zonas: Zona Norte (departamentos de La Guajira y César), Zona Centro (Norte de Santander) y Zona Sur (Arauca, Vichada y Guainía).

Esta división obedece a la ubicación geográfica de las macroestructuras insurgentes y paramilitares que operaban y operan en ellos.

Aunque la frontera pueda tener algunas dinámicas que se repitan en diversas regiones, cada subregión (tanto en Colombia como en Venezuela) tiene particularidades territoriales, políticas e históricas que hacen que los actores armados busquen intereses distintos y se comporten de forma diferenciada. Lo primero que es necesario es desmontar la idea de una frontera, dado que no es posible extender los análisis de una región a otra con tanta facilidad.

2. La presencia de un grupo armado no significa control territorial

Hasta la fecha, el Centro de Pensamiento UNCaribe ha registrado en La Guajira la presencia de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada (Acsn), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y unidades de la Segunda Marquetalia (post-Farc-EP), así como de grupos ilegales con menor capacidad delictiva y presencia criminal en los dos lados de la frontera.

Sin embargo, aquí es necesario aclarar que la presencia de un actor armado no implica necesariamente control territorial o, incluso, presencia permanente. La ausencia de cultivos de uso ilícito y de minería ilegal hacen que el atractivo de este territorio sea su función como corredor para el contrabando de distintos bienes desde Venezuela y su plataforma natural para la exportación de clorhidrato de cocaína hacia Centroamérica y el Caribe.

Estas actividades no necesitan de grandes ejércitos para funcionar. Por el contrario, los grupos armados han sobrevivido a partir de subcontrataciones de grupos locales para acopiar el clorhidrato de cocaína y proteger su traslado hasta los lugares de exportación. Esto explica por qué, por ejemplo, sí observamos guerras locales entre clanes wayúus: estos pueden luchar para preservar (o ganar) los “contratos” con las estructuras más grandes.

Por su parte, el ELN y la Segunda Marquetalia son grupos con presencia permanente del lado venezolano de la frontera, pero ocasional en el departamento. Sus campamentos están en el Estado Zulia y es desde allí que incursionan a Colombia. Por ende, no hay lugar para grandes confrontaciones: estos grupos no están luchando por preservar o ganar territorio, sino por preservar sus actividades criminales en el departamento.

3. Diferencias de objetivos: cada grupo armado busca algo diferente

En La Guajira los grupos armados no tienen necesidad de combatir a sus competidores porque cada uno está persiguiendo objetivos distintos y utilizando estrategias diferentes. En primer lugar, los grupos post-AUC (como las AGC y las Acsn) han utilizado la subcontratación de distintos grupos locales para el acopio de clorhidrato de cocaína en la Alta Guajira y el traslado a los puertos de exportación. Esto les es funcional para reducir los costos de tener subestructuras completas en el departamento.

En segundo lugar, el interés del ELN es mantener el traslado de hombres, armas y ganado por la Serranía del Perijá (por lo que no se enfrentan con las dinámicas de narcotráfico observadas en la Alta Guajira), además de la extorsión a comerciantes y contrabandistas. En tercer lugar, la Segunda Marquetalia ha intentado incorporar excombatientes del Aetcr de Pondores y retomar bases sociales que en su momento construyó el antiguo frente 59, por lo que aún no es un competidor directo para ninguno de los demás grupos armados. Sin embargo, también hace extorsiones para pequeños ganaderos y productores de queso en Carraipía (corregimiento de Maicao).

Finalmente, los grupos de delincuencia local (mucho menos identificables porque tienen pocos miembros y tampoco son organizaciones jerárquicas y estructuradas) no tienen capacidad militar para enfrentar a estos actores del crimen organizado y, por ende, compiten entre ellos mismos por el control de la subcontratación. Esto explica por qué sí se observan asesinatos selectivos e incluso masacres que no se le acuñan al crimen organizado, pero que podrían sugerir disputas más localizadas que no generan discusiones nacionales.

4. Síntesis: presencia indirecta, objetivos diferentes y guerras locales

La diferencia de objetivos (logísticos para unos y sociales y económicos para otros) y el tipo de presencia en el territorio (tercerizada e incursiones rápidas) han hecho que, aunque haya varios grupos armados en este sector fronterizo, la violencia derivada de estos grupos del crimen organizado esté constantemente reducida. En la práctica, ningún grupo armado organizado tiene estructuras militares en La Guajira o Cesar (a diferencia de Norte de Santander y Arauca) y tampoco están compitiendo por la administración o captura de una renta ilegal, dado que hasta el momento hay una división de rentas e intereses muy funcional para todos los involucrados.

Esto no quiere decir que no haya violencia en el departamento: de hecho, La Guajira por algunos años ha tenido tasas de homicidio más altas que departamentos de la región con confrontaciones armadas directas. No obstante, esta violencia está más derivada de situaciones de delincuencia local, que del crimen organizado. La Guajira es, entonces, un departamento en el que difícilmente se identificará una acción bélica y muy pocas infracciones al DIH, pero que vive en constante tensión por los intereses de diversos grupos.

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