Hay que venir al sur femenino

Hay que venir al sur femenino

El pasado 5 de julio murió Raffaella Carrà. Como es usual, después de saber sobre su defunción abrí una ventana de YouTube y comencé a oír sus canciones. A los pocos segundos empecé a bailar en medio de la sala como si estuviera en una fiesta, la dicha de cantar Caliente, caliente, “A far l’amore comincia tu” y Hay que venir al sur se transfirió a mis brazos, caderas y piernas, también a mi voz temblorosa mañanera. Después de un rato me di cuenta de que esa soltura para disfrutar cada uno de mis movimientos significaba el fruto de la esencia de las canciones de la artista. Raffaella logró que, durante muchos años, su música contagiara a sus oyentes con la picardía y el buen sabor del deseo y el placer físico, vetados tantas veces por el ojo público a menos que fuera por el bien del consumo comercial masivo. 

Emocionada por mi breve epifanía me afané y busqué referentes de otras artistas mujeres que han escrito canciones sobre sexualidad femenina y amores fuera del cliché reproducido por un vasto porcentaje del contenido mediático. Cardo o Ceniza de Chabuca Granda y “Keda Livre” de Sara Tavares fueron los mejores ejemplos que se me ocurrieron.

La primera canción, composición de la icónica artista peruana del siglo XX, describe con maestría poética el momento en que una mujer fantasea con la persona que le gusta. En su letra se plasma la añoranza de las sensaciones experimentadas en el cuerpo al sentir el tacto acordado y caluroso con el otro, el mundo imaginario alrededor del compartir y la delicia del erotismo. “Keda Livre”, de la cantautora portuguesa de ascendencia caboverdiana, habla sobre el enamoramiento mientras juega con el uso de frases que llaman al encuentro íntimo. Sara tiene una sensibilidad maravillosa para describir las emociones y la belleza de la vida utilizando palabras envolventes y dulces. Sobre todo describe bien el amor, universal, no se queda únicamente en el de pareja. “Coisas bunitas” es otra buena canción para comprender su discurso seductor.

Dediqué un par de horas de corrido a buscar presentaciones en vivo de cada una de las mujeres nombradas. Las tres tienen propuestas musicales, estéticas y performativas diferentes. La voz brillante, la fuerza, el dinamismo y el vestuario atrevido de Carrá; el color aseñorado, la elegancia, los movimientos amplios, aunque de poco desplazamiento, y los vestidos recatados de Granda; la airosidad, la delicadeza, el misticismo y la vestimenta casual y cómoda de Tavares las distinguen en escena. Sin embargo, la seguridad, la coquetería, la vanidad y el hablar sin tapujos son características en común. Me emocionó mucho encontrar paralelismos en géneros diferentes. A pesar de que en estos tiempos cada vez existen más espacios para hablar abiertamente sobre los sentires y las experiencias de mujer, es siempre necesario nutrirse de diversas narrativas artísticas con las cuales sea fácil identificarse, y que otorguen herramientas para aprender a comunicar los sentimientos y las piruetas del alma.

Es cierto que la música suscita sensaciones sin discriminar los nombres de los compositores, pero el descubrimiento y la apropiación del gozo para nosotras ha sido históricamente truncado incesantemente, de ahí la urgencia de consumir voces femeninas que hablen en voz propia de sus cuerpos.  La magia de la literatura y de la música surge de la capacidad de descripción que a tantas personas nos falta. No formamos nuestros discursos personales en solitario.

En el presente, donde tantas mujeres seguimos cohibiéndonos en tantas áreas por el miedo al juicio y al castigo, por los distintos abusos que ocurren cotidianamente, por el acoso callejero que no merma y que nos condiciona, a algunas, la vestimenta de día y de noche, por si acaso corremos menos riesgo tapándonos hasta el tuétano, abrazar el placer, bailado, cantado, compartido en conversaciones, es pura valentía. Las veces que más felices he visto a mis amigas y conocidas han sido al ritmo de músicas sugestivas que las llevan a explorar sus voces, a tocar sus cuerpos, a jugar con sus vaivenes y tambaleos. Para mí esos momentos de desenvolvimiento son sagrados, porque demuestran confianza tanto en el cuerpo individual como en quienes están presentes, porque los condicionamientos sociales también han oxidado las extremidades y lubricarlas con pasos ondulantes y risas por pura diversión permiten que recordemos la infinita expansión que nos pertenece intrínsecamente. 

Aún falta mucho pudor por soltar y mucho camino por recorrer para encarnar en público la seguridad que nace en esos instantes de desnudez. Mientras se enraíza un cambio contundente, confío en la música como catalizadora para la expresión de las intensidades de los fuegos internos que nos habitan. Necesitamos cada vez más mujeres que pongan en melodías lo que imaginamos, lo que algunas jamás nos atrevemos a confesar por el yugo de los imaginarios sexuales que nos han dejado frecuentemente en un rol secundario y han puesto en entredicho la importancia de nuestro disfrute. 

Benditas sean aquellas que hablan sobre nuestro erotismo. 

*Agrego también este concierto de Sara Tavares en Sofía, porque me fascina y porque sí.

Temas destacados

Este espacio es posible gracias a

Mujeres

También puedes leer

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

Compartir
0
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias