"Hoy estaría viva, contando su historia"

"Hoy estaría viva, contando su historia"
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Hola, buenas noches. Mi nombre es July*, tengo 19 años y soy una “poderosa” de Urabá desde el 2021.

Vengo de un rinconcito de Colombia que tiene unos atardeceres espectaculares que se pueden ver desde un platanal. En esta tierra del sol hay personas de Chocó, de Medellín, de la costa Caribe y Pacífica, en donde no la hemos tenido fácil, donde la violencia nos ha obligado a ser solidarios entre nosotros para sobrevivir tenemos que ser serviciales entre nosotros. 

Allá, de donde vengo, puedes ir a la playa de Necoclí, a las de Turbo, a las de Arboletes. También puedes ir a los charcos de Piedras Blancas o a los de Mutatá, que quedan cerquita al puente, y puedes hacer sancocho a la orilla del río. Mi territorio es diverso y las historias que allí habitan te sacuden.

Sin embargo, ahí puedes ver el vacío gigante que deja la desigualdad en educación. Esto y el silencio del Estado terminan afectándonos a los más vulnerables: a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Este platanal también fue testigo de cómo se puede llenar ese vacío. Esa es mi historia. Les contaré cómo llegó Poderosas a mi vida y cómo lo que he vivido desde entonces ha cambiado mi vida radicalmente.

No hablo mucho de ella, pues aún no supero lo que le pasó, pero vale la pena hacerlo hoy: era mi mejor amiga y teníamos 14 años. Ella había empezado su vida sexual desde muy temprano. Su mamá era cristiana y su papá era un bananero. Era hija única. Nunca hablaron con ella sobre sexualidad y mucho menos sobre derechos, ni sus papás ni el colegio.

Ninguna de las dos sabíamos que podíamos hacerlo de manera segura y, lo que es peor, tampoco sabíamos que podíamos planificar. Solo nos habían advertido que no podíamos quedar embarazadas y que para eso estaba el condón. 

Pero nadie nos había enseñado los métodos anticonceptivos como nuestro poder de decisión y la sexualidad como parte de nuestra identidad. Hoy entiendo que todos estos silencios y tabúes fueron obstáculos para la vida plena de nuestro ser. Yo, su mejor amiga, tenía igual o menos información que ella.

Cuando llegué a Poderosas comprendí que la culpa no era ni de ella ni mía. Que tampoco lo era haber empezado la vida sexual. Que el problema había sido que esa decisión no había sido ni libre ni informada, que ninguna de las dos había tenido un acompañamiento o, siquiera, un poco de educación sexual. Si lo hubiéramos tenido, quizás ella hoy estaría viva. Y estaría aquí, hoy, contando su historia.

Quedó embarazada sin desearlo. No me contó ni a mí. Yo la notaba rara hacía ya un tiempo. Una tarde ella llegó a mi casa diciéndome que le guardara el cuaderno y que ella ya iba a regresar. Pensé que se iría con su novio, yo siempre la cubría. Pero no volvió.

Esa noche, a las 8 de la noche, llegó su mamá y me preguntó si sabía de ella. Ahí me preocupé. Fuimos a la policía. Como era menor de edad y tenía novio, nos dijeron: “Así son las adolescentes de hoy en día” como si fuera algo reprochable de ella. Nos dijeron que teníamos que esperar hasta que pasaran 72 horas para que la empezaran a buscar.

Convocamos a todos los amigos y compañeros del colegio y salimos a buscarla. La buscamos mucho. No apareció. Al día siguiente, la policía llamó a la mamá para que fuera a reconocer si un cuerpo que habían encontrado por la calle de Agapito era de ella. Yo fui con la mamá. Y sí, era ella.

Su entrepierna estaba cubierta de sangre. Esa imagen no puedo borrarla de mi cabeza. Pensamos que la habían violado y matado, pero supimos que la causa de muerte fue un aborto clandestino. Aunque puede que suene de película, no lo es. Es una realidad de Urabá y de tantas otras comunidades del país. 

Una realidad que responde a no tener educación, porque tenemos una asignatura pendiente que nos dé educación sexual y acompañamiento para ayudarnos a tomar mejores decisiones, libres, informadas y seguras. Eso es Poderosas.

Poderosas llegó con amor a Urabá, trabajando desde y con mucho, mucho amor. Y sí, puede que suene muy romántico, pero cambiar la perspectiva de tu cuerpo y dejar tanto tabú y miedo atrás para empezarlo a amar y a liberarnos de la culpabilidad que nuestro contexto nos impone es amor.

Créanme que no es nada fácil hablar de eso, de lo que no se habla. Requiere todavía de valentía. Me acuerdo que después de formarnos fuimos con Poderosas a hacer una brigada de educación sexual en Zungo, un corregimiento de Carepa. El rector nos puso muchos “peros”, pues decía que íbamos a incitar a que las peladas “culearan” (perdón la palabra, pero así lo dijo él) porque las niñas eran muy chiquitas. Pero la verdad es que no hay edad muy temprana para conocer y cuidar nuestro cuerpo.

En este corregimiento conocí a una niña de diez años que ya tenía un marido, un bananero, y la mamá no la dejaba planificar porque le decía: “Tú ya tienes marido”, como si eso significara que estaba obligada a tener un bebé.

Cuántas historias así podríamos cambiar si no tuviéramos miedo de hablar de lo que nos hace humanos, si contáramos con una educación para fortalecer nuestro poder de decisión, que nos quite la venda de los ojos y nos deje ver todo lo que podemos ser, ayudándonos a construir un proyecto de vida que nos garantice bienestar y felicidad, amor y placer consensuado y libre.

Para finalizar, quiero decirles lo orgullosa que me siento hoy en día de que niñas, jóvenes e incluso mamás me busquen para asesoramiento y acompañamiento sobre sexualidad, sobre derechos sexuales y reproductivos, sobre cómo decidir y no morir en el intento. Es algo que no me recompensa económicamente, pero que sí me llena. Siento que si mi mejor amiga me viera hoy estaría muy orgullosa de mí.

Por eso estoy acá, porque queremos seguir haciéndolo. No quiero ser la excepción en mi región, queremos seguir llegando a cada una de las niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres y hombres, para que hablemos de la vida, de nosotres y, así, tomemos decisiones responsables y libres. Por eso viajé desde Urabá para estar aquí y garantizarles que esto vale la pena.

Por quienes estuvieron

Por quienes estamos

Por quienes estarán

Por sus derechos

Que son los nuestros

Por todo lo que nos une

Ayer, hoy y siempre.

Poderosas y Poderosos.

Estas son las palabras que quiso compartir July (es un seudónimo) durante un evento en Bogotá. Sus palabras son mucho más significativas que las mías o que las de la Resolución 051 del 2023 en la que el Ministerio de Salud y Protección Social reitera la necesidad de que las mujeres puedan acceder a atención oportuna si buscan una interrupción voluntaria del embarazo.

Porque es esencial y urgente que toda entidad administradora de salud respete, por la razón que sea, la decisión de toda mujer frente a su gestación o no y que tenga acceso pleno, sin barreras, al ejercicio de su derecho. Pero no solo las entidades administradoras de salud. Eso no es suficiente.

Las palabras de July son aún más significativas porque son las palabras que las cifras esconden, las palabras que se pierden en discusiones con argumentos morales o legales, las palabras que revelan lo absolutamente trascendental que es la educación. La educación para decir y poder hacerlo con libertad. 

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