Humanidad

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Tenemos un deber histórico de atender a los migrantes, a reaccionar como sociedad ante el drama humano que viven aquellos que huyen de la más cruel de las pobrezas. En una noche de reflexión y celebración busquemos en la solidaridad la clave de una mejor sociedad.

Frente a nuestros ojos está sucediendo un drama humanitario sin precedentes, la llegada masiva de migrantes es un hecho social, algo que no se puede negar, ni tapar con un dedo. Entre colombianos repatriados y venezolanos de raíz, millones de seres humanos recorren nuestro país sin un rumbo fijo, en un mundo caótico y altamente conflictivo a los más débiles se les cierra toda posibilidad de futuro, eso es lo que estamos viviendo y pocos son conscientes de pensar en las implicaciones reales de todo lo que está pasando.

Semanas atrás recogí a una familia de migrantes que estaban descansando a orillas de la carretera que conduce de San Gil a Bucaramanga, estaban sentados en el piso una pareja, él de 27 años, ella de edad cercana, con dos niñas, una de ellas aún de brazos, junto a un perro negro recién parido.

Al ofrecerles “cola” que significa llevarlos en el carro, les empecé a interrogar de por qué iban sentido contrario a Bogotá, como si estuvieran retornando, ellos me han contado que viven en la capital hace dos años, él trabaja por días, y emprenden el camino de regreso porque extrañan a sus familias y quieren pasar año nuevo con ellas, una vez terminen las fiestas regresan a Colombia a seguir la vida; la siguiente pregunta jamás la olvidaré, porque la respuesta resultó desgarradora, interrogué por el tiempo que les hubiera tardado recorrer entre San Gil y Bucaramanga, me han dicho que 8 días si no conseguían quién les ayudara a recortar camino, a mi me toma 3 horas en promedio el recorrido si hay tráfico, y suelo viajar solo, siempre tengo cuatro puestos libres para ayudar a alguien que sufre viendo a sus hijas de tres años caminar al sol y al agua para ver a de nuevo a sus padres, yo tengo el privilegio de visitarlos cuando lo deseo, de abrazarlos y besarlos como desde pequeño lo he podido hacer.

Nosotros no logramos entender lo que está pasando, nosotros estamos abusando de un pueblo de mil maneras distintas. Esta mañana en el parque del Agua de Bucaramanga escuché a un hombre obrero alardear sobre el precio de su pasaje, “a mi por ser colombiano me lo dejan a 40, pero si usted es de Venezuela a 60”; esa diferencia de precio inaceptable puede ser para muchas personas la diferencia entre tardar un par de horas o sufrir el calvario de caminar por un páramo como Santurbán; pero por ser extranjeros vulnerables los encaramamos creyéndonos una idea de ser aventajado, valiente ante el extraño, en un ejercicio de inmadurez cultural única.

Tenemos una responsabilidad histórica, e invito públicamente no solo al gobierno local, a toda nuestra comunidad, este es un mensaje a Bucaramanga, para crear una red de ciudadanos que cuiden del vulnerable; debemos evitar que las personas duerman en la calle, ayudar  a aquellos que no logren lo necesario para alimentarse o tengan que vender su dignidad por unos cuántos pesos; si entre todos buscamos la ruta dotaremos nuestra decisión de legitimidad; si confiamos en nuestro firme propósito de traer luz a la oscuridad, de sosegar la angustia en un mundo de desesperanza, de sacar lo mejor de nuestra humanidad, en la peor era de la depravación, sí damos agua a aquel que clama por un poco de ella tendremos ganado un futuro inmejorable como sociedad; porque habremos logrado sacar lo mejor de cada uno de nosotros, y juntos habremos transformado miles de vidas que jamás olvidarán este gesto de humanidad y consciencia histórica.

Nosotros tenemos una tarea, y si no la hacemos las futuras generaciones nos mirarán con vergüenza por nuestra incapacidad, por nuestra falta de inteligencia. Migrar es un derecho universal, dotemos de dignidad a estas personas cuyo gobierno despojó de toda forma de vida, simplemente porque tal y como nos sucede a nosotros, gobiernan los corruptos que dan miseria sin que se sacien sus apetitos de riqueza por el camino de robarle a los que más necesitan del buen funcionamiento del universo de lo público.

Hoy es 24 de diciembre, y esta reflexión de noche buena nos invite a compartir nuestra cena, a invitar a nuestra casa a aquel que no puede compartir con su familia, a dejar que otros reciban el regalo que nos corresponde, a desprendernos un poco de lo material, a compartir bajo una idea de la solidaridad, esa es la palabra de nuestra noche, solidaridad con todo aquel a quien podamos ayudar.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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