Impactos de la pandemia en las economías criminales

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En pleno tercer pico de la pandemia es posible que presenciemos una especie de darwinismo criminal en el que las organizaciones grandes “depredan” a las pequeñas y adoptan sus roles dentro del entramado delincuencial.

Como se señaló en una columna anterior, en Colombia operan estructuras de crimen organizado de distinto nivel que dedican gran parte de sus capacidades criminales al cobro de un impuesto (extorsión), a cambio de ofrecer una "protección" a ciudadanos u organizaciones y a las actividades económicas que estos realizan sin importar si son legales o ilegales. Es decir, se presentan como agentes garantes del orden. Su oferta de seguridad se funda en la utilización de la fuerza o la amenaza real de su uso.

 

En esta línea y ante la prolongada crisis económica producida por la pandemia del covid, las estructuras del crimen organizado —especialmente las que solo cuentan con capacidades operativas locales— han visto disminuida dramáticamente gran parte de sus ingresos por vía del cobro de extorsiones y también, innegablemente, por concepto de prestación de servicios logísticos para el acopio y exportación de clorhidrato de cocaína. La razón es que varios de ellos son subcontratados por organizaciones de mayor presencia territorial (regional o nacional) y con más capacidad criminal, y con la disminución de los vuelos internacionales y las interacciones comerciales por vía terrestre se posibilita un mayor control a la movilidad, que termina por limitar la exportación de drogas ilícitas y golpea las finanzas de estas organizaciones ilegales.

En este contexto, en el Caribe hemos presenciado que estas organizaciones —ante la falta de recursos económicos— han venido incursionando en prácticas criminales, como el secuestro expreso (3 casos fallidos en menos de un año y uno sucedió en Barranquilla), que evidencian cierto desespero, ya que asumen altos riesgos de seguridad ante la falta de experiencia y capacidades logísticas para su materialización. Tal y como sucedió en días recientes en el corregimiento El Coco, en el municipio de Majagual (Sucre), donde miembros de un grupo local que le presta servicios a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia atracó a todos los habitantes del caserío quitándoles sus pertenencias personales e incluso a revisando casa por casa.

En pleno tercer pico de la pandemia y ante los progresivos toques de queda es posible que el crimen organizado siga incursionando en modalidades delictivas que estaban asignadas a la delincuencia común; que presenciemos una especie de darwinismo criminal en el que las organizaciones más grandes "depreden" a las pequeñas y adopten sus roles dentro del entramado delincuencial al interior de los territorios, especialmente los urbanos.

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