Inflación alimentaria: el más regresivo de los impuestos

Inflación alimentaria: el más regresivo de los impuestos
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Esta columna fue escrita en coautoría con Carlos Téllez.

No deja de crecer el aumento en los costos de los alimentos. Al contrario de lo que preveía la administración Duque, el costo de los alimentos nada que tiende a estabilizarse. Como veremos más adelante, la inflación acumulada de los alimentos es 10 veces más alta del promedio histórico. Lo anterior significa un retroceso de 20 años en los comportamientos inflacionarios. Por lo tanto, urge pensar en un escenario de respuesta rápida e institucional en la medida que el aumento en el costo de vida y, en particular, en la canasta alimentaria puede considerarse como el más regresivo de los impuestos que castiga con inclemencia a la población más vulnerable.

Revisemos el panorama actualizado con la información a julio proporcionada por el Dane, comparando su representatividad frente a las estadísticas inflacionarias históricas, para posteriormente plantear algunas propuestas de política pública para la nueva administración.

1. Inflación coyuntural

En consonancia con un análisis anterior (Motores de nuestra inflación alimentaria) los últimos resultados entregados por el Dane sobre el comportamiento de la inflación muestran que el grupo de alimentos y bebidas no alcohólicas presentó en julio un incremento en sus precios del 1,17%, contrario a lo que se esperaba tomando como referencia las variaciones promedio 2016/21, que registraban un 0,12%. Este aumento para el mes de julio solo fue superado por la división de prendas de vestir y calzado donde sus precios se incrementaron en un 3,6%.

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La preocupación que generan los resultados mensuales se amplifica cuando se observa el acumulado de la inflación en los siete meses transcurridos del 2022 y en el año corrido; acumulados que son del 17,1% y 24,6% respectivamente. Estas cifras son las más elevadas en el grupo de las divisiones que conforman el IPC y además son más de dos veces el valor que se observó en el total del índice en el mes y en lo transcurrido del año.

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En julio, determinaron la variación del IPC de los alimentos los aumentos que se presentaron en los precios de: carne de pollo, carne de res, azúcar, hortalizas y legumbres frescas y secas, pan, frutas frescas, aceite de cocina, cebollas, arroz, yuca y plátano.

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En lo transcurrido del 2022, los aumentos se presentaron en el anterior grupo de alimentos más los ocurridos en el café, el huevo, la zanahoria, la mora, el tomate y la leche.

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Igualmente, es necesario señalar que simultáneamente se presentaron caídas en los precios de otros productos. Por ejemplo, en julio, el tomate, la papa, la zanahoria, la mora y el banano. En los siete meses transcurridos del 2022 mejoró la oferta de papa y la carne de cerdo.

Es necesario establecer diferencias en los comportamientos de los precios en los productos procesados en comparación con el observado en los frescos durante el periodo de enero a julio de este año. En los primeros, donde están las pastas alimenticias, las harinas, el pan, el aceite de cocina y el azúcar, entre otros, el aumento en sus precios es en promedio más moderado, pero en forma continua. Por ejemplo, el aceite se incrementó durante los siete meses transcurridos y estas variaciones fluctuaron entre un 1,5% y un 2,1%

En tanto, en el tomate, la cebolla, la zanahoria, el plátano y la papa son más elevadas sus variaciones, pero estas presentan caídas en algunos casos. En el tomate se presentó un incremento en un mes del 26% y en otro mes sus precios cayeron un 17%.

De esta manera, la variación total mensual de 2022 de los alimentos para julio (0,12 esperado Vs. 1,17 registrado) fue 10 veces más alta de lo esperado de acuerdo con el resultado histórico promedio, tal y como se puede observar abajo.

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Tal y como lo explicó el exdirector del Dane, Juan Oviedo, el análisis de dominios geográficos permite observar cómo el comportamiento de Bogotá, al estar por debajo del promedio nacional, impidió que la inflación alimentaria fuera mucho más grave.

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2. Cómo explicar los resultados anteriores

Lo habitual es que la causa que permite explicar estos resultados se relaciona con la oferta de alimentos. Sin embargo, las razones se superponen y por ello no es posible asignar el crecimiento de los precios a un producto en particular. A continuación, y de manera muy directa, retomamos algunos de los motores de inflación mencionados en el análisis anterior y agregamos nuevos elementos identificados, agrupándolos en dos taxonomías analíticas: choque de costos y reducción en la oferta de alimentos.

Choque de costos

  • Encarecimiento de las materias primas 

En especial, el maíz que importa el país viene registrando precios muy elevados y la perspectiva para el segundo semestre es que sigan aumentando por la reducción en la oferta que entrega Ucrania y las afectaciones en las cosechas de Brasil. Este hecho impacta directamente en el costo del alimento balanceado que se necesita en la avicultura y la porcicultura. Así mismo, el encarecimiento del trigo incide directamente en los sectores que lo demandan como materia prima en la producción de pan, galletería y pastas alimenticias, entre otros alimentos.


  • Aumentos de precio en los fertilizantes

Como ya es de dominio general, el precio de los fertilizantes viene creciendo desde los primeros meses del 2021, alcanzando para los 18 meses que cubren el 2021 y lo transcurrido del 2022 un aumento acumulado del 190%. Estos aumentos además alcanzaron sus mayores valores en los meses de noviembre con un 12,5%, diciembre con un 13,5% y abril con un 11,6%. El aumento de los costos de producción, ocasionado por el encarecimiento de los fertilizantes, presiona el aumento consiguiente en los precios a los que se ofrecen los productos a los comerciantes o en otros casos directamente a los consumidores finales. Este ajuste se espera que ocurra principalmente cuando lleguen las nuevas cosechas a los distintos mercados.

  • Encarecimiento del dólar 

El aumento de la tasa de cambio, impacta directa y automáticamente en los precios de las materias primas, los insumos y en algunos bienes finales como son las frutas importadas; estas últimas, individualmente no representan un monto muy importante, pero si suman al momento de realizar la identificación de los causantes de la inflación.

  • Reducción en la oferta de alimentos
  •  La prolongación e intensificación de las lluvias

 En el 2021 y lo recorrido del 2022 ha sido constante y con mayor la intensidad la presencia de las lluvias, por ello se redujo el monto de las cosechas en especial de alimentos.

  • Estancamiento de las áreas sembradas en cultivos transitorios

Las cifras del ejercicio semestral de las Evaluaciones Agropecuarias (Evas), orientado a monitorear las áreas sembradas de cultivos transitorios, señala una caída promedio del 1% en el primer semestre del 2022 con relación al primer semestre del 2021. Si bien esta cifra indica una reducción muy moderada, preocupa que la variación en las siembras no guarde armonía con el mejoramiento que muestra el empleo y el ingreso de los hogares, en especial aquellos de bajos ingresos. Por lo tanto, se puede esperar que la inflación en los alimentos no se reduzca en el segundo semestre.

3. Las cifras de hoy a la luz de la historia reciente

El gráfico de comportamiento comparado de la inflación alimentaria nos permite observar que, aunque se observó un declive importante entre febrero y abril, la curva ascendente se ha vuelto a retomar ubicándose en un 24,6%. Igualmente, es importante observar cómo, en el ejercicio histórico, la inflación actual supera los años anteriores a partir del año de referencia de 2016, en el que se registró una reducción en la oferta de alimentos de la mano del fenómeno climático de “la Niña”. Los efectos del Paro camionero también tuvieron lugar en dicho año.

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De manera complementaria el IPC total, en la figura de abajo, nos permite observar el encarecimiento del costo de vida global, regresándonos a valores de dos dígitos (10,21) similares a los de hace 22 años.

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4. ¿Qué hacer?

Hay dos elementos gruesos del análisis habría que tener en cuenta a la hora de proponer intervenciones estatales en la problemática de la inflación de los alimentos.

En primer lugar, es justo reconocer que el contexto internacional no presenta ninguna señal de mejoría en el corto plazo. No solo la prolongación del conflicto ruso-ucraniano, sino las tensiones chino-estadounidenses hacen difícil pensar que a lo largo del presente año la situación pueda llegar a estabilizarse. Bajo el contexto anterior, no es descabellado plantear bien sea una desaceleración o, peor aún, una recesión en la economía mundial con la consecuente competencia por los insumos agropecuarios y el abastecimiento agroalimentario. Si en un contexto como el anterior los bancos centrales buscan atraer capitales en dólares elevando sus tasas de interés y la demanda de los hogares se contrae, seguramente se sentirá una mayor presión inflacionaria en los hogares colombianos. Lo más posible es que a corto, incluso a mediano plazo, este proceso inflacionario nos acompañe. Lo poco que podamos hacer nos ayudaría a mitigar sus efectos, pero difícilmente podremos revertir esta tendencia global que, por su peso en la producción alimentaría, se convierte en estructural.

Ahora bien, a lo largo del ejercicio anterior, se mostraba cómo nuestra balanza comercial es en un alto grado dependiente de nuestra producción interna (85%), mientras que la importación de alimentos invierte la ecuación sobre todo para el caso de los cereales (fundamentalmente del maíz amarillo utilizado en la alimentación animal). Pero una pregunta que últimamente se ha planteado con insistencia con el objetivo de dirigir lo mejor posible la política pública es: ¿Quiénes son los productores de ese 85% de nuestra seguridad alimentaria nacional?

Pues bien, una escaramuza analítica emprendida por la Upra sujeta a verificación, utilizando como referencia la proporción de alimentos reportados por la ENA 2019, arrojó que de la canasta de alimentos seleccionada por el Dane el 70,64% fueron cosechados por productores que se auto identifican como campesinos. Tienen toda la razón aquellos que piensen que la identificación subjetiva bajo la categoría de “campesino” no discrimina necesariamente tamaño de la producción, tecnología empleada, acceso a créditos, asistencia técnica y formalización de la propiedad.

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Pero seguramente, tal y como podemos observar en estos mapas de la Upra sobre agricultura familiar y campesina, es fundamental avanzar en la caracterización de los productores de ese 85% de nuestra dieta nacional y, como se observa en el segundo mapa, no es una distinción que pueda mantenerse adentro de la frontera agropecuaria. En síntesis, el 70,6 % de productores que se identifican como campesinos, es una buena pista para adelantar trabajos más detallados que crucen el Sipsa, con la ENA y las Evas, buscando detallar con mayor precisión la priorización productiva y focalización espacial de las siguientes recomendaciones.

  • Diversificar nuestra dieta alimentaria

Un elemento que justamente es fuente de múltiples debates a propósito de la radicación de la reciente reforma tributaria es hasta qué punto los colombianos nos alimentamos mal y con una varianza mínima. Felipe Fonseca, actual director de la Upra ha mostrado cómo, si los colombianos somos capaces de flexibilizar nuestra dieta, podemos aprovechar la alta diversidad de nuestra producción de alimentos para minimizar el impacto de los costos sobre productos específicos. Es decir, los colombianos por regiones nos acostumbramos a dietas regulares que son muy sensibles a la oferta de productos determinados. Lo anterior es una vulnerabilidad en un contexto cambiante como el actual y no saca provecho del hecho comprobado de que elementos similares no suben el precio al mismo tiempo.

  • Reducir los precios que pagan los agricultores por los fertilizantes y plaguicidas

Cuando se observa el comportamiento que tienen los niveles de los precios que pagan los productores en el almacén de su municipio se encuentra que estos no guardan una relación directa con la distancia de la capital departamental o la localización del importador o industrial. Este precio está más determinado por la competencia local que encuentre el propietario del almacén al momento de establecer los precios.

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En el anterior cuadro se presenta una descripción estadística de los precios de la Urea en 46% de los mercados donde el Sipsa (Dane) recoge los precios de venta en dos departamentos. Por ejemplo, en el cuadro se observa que en junio de este año el precio mínimo que se reporto para uno de los 11 mercados donde se acopió esta información fue de $4294 el kilo, precio que para el mismo mes alcanzo un valor de $5600 en otro mercado. Lo importante es el nivel de dispersión que presentan los precios y que para este mes fue del 25%.

Por esta razón, cualquier acción que busque asegurar un comportamiento más regular en los precios de los insumos incidirá positivamente en el nivel de precios y atenuara su crecimiento. Una propuesta más estructural en ese sentido puede encontrase desarrollada en la anterior entrada de motores de inflación alimentaria.

  • Entrega de apoyos directos a los pequeños productores para la compra de los insumos

La propuesta está en utilizar los recursos dispuestos en el “Fondo Nacional de Insumos Agropecuarios” para, de acuerdo con lo reglamentado, abaratar el costo de los insumos y por esta vía reducir los costos de producción y el precio de los alimentos.

  • Incentivar la producción de los alimentos por parte de los pequeños agricultores

La producción de muchas hortalizas, frutas, tubérculos, yuca, plátano, entre otros la realizan pequeños agricultores. Por esta razón, con distintos mecanismos de apoyo que se les pueda entregar es posible ampliar el abastecimiento y regularizar la oferta de alimentos.

  • Fortalecer los mercados regionales y mejorar la eficiencia de las cadenas de comercialización

No siempre en los mercados de las grandes ciudades se tienen los precios mas elevados para un producto; más aun, en algunos momentos es mas barato un kilo de tomate, papa, cebolla o yuca en Bogotá que en los mercados localizados cerca o en las zonas de producción.En la medida que se fortalecen los mercados regionales, se logra:

    • Garantizar en mejores condiciones el abastecimiento de estos productos a las familias de las zonas rurales y de los pequeños municipios y centros poblados.
    • Mejorar el ingreso neto que reciben los productores locales. 
    • Dar una salida alternativa a sus productos. 
    • Establecer un punto de acopio local para los compradores de otras regiones.
    • Dotar al sistema nacional de comercialización, de puntos donde además de formar volúmenes, se puedan incorporar valores agregados a los productos y con ello mejorar los precios. Un efecto derivado de este ejercicio es hacer más eficiente la comercialización al evitar perdidas y transportar desperdicios a los mercados de las grandes ciudades.
    • Ser un punto de información comercial. Punto que además se podría aprovechar para transferencia de información productiva, de calidad y para llevar otros servicios y apoyo a los agricultores.
  • Cambiar el foco del productor agrario a la asociación campesina

El Estado debería incentivar el acceso a beneficios especiales por medio de estructuras asociativas campesinas, dejando de lado la propensión a atender con fondos escasos, como los estatales, los proyectos de productores aislados. Es decir, los productores asociados de los alimentos que componen la canasta familiar deberían poder tener el apoyo en:

    • Innovación agropecuaria que sectores como la palma, la caña de azúcar o el café no como una mera transacción por prestación de servicios, sino con el músculo académico e investigativo necesario para competir en el ámbito regional de la producción de alimentos.
    • Creación de organismos especializados del Estado para fortalecer su regulatoria en los ámbitos de la soberanía y seguridad alimentaria de la nación, buscando elevar la sostenibilidad de la economía asociativa campesina y asegurando su competitividad interna. Estos entes estatales buscarían encontrar la manera de regular el precio de los alimentos estratégicos para la seguridad alimentaria. Quizás sería conveniente explorar la creación de fondos de estabilización de precios de productos agropecuarios de la agricultura campesina.
    • Proponer al Ministerio de Transporte la regulación de las tarifas del servicio de transporte de productos agropecuarias en las zonas rurales con dirección a las centrales de abastecimiento.
    • Creación en el Banco Agrario de líneas de acceso a microcréditos segmentados de acuerdo con los diferentes ciclos de producción agropecuaria con las Asociaciones Campesinas registradas como únicas destinatarias. 
    • Focalizar un porcentaje no inferior al 50 por ciento de los recursos de adecuación productiva del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural a las áreas espaciales delimitadas por la Upra de pequeña economía campesina y con aptitud para la producción de alimentos estratégicos para la canasta familiar, zonas de sustitución de cultivos de uso ilícito, zonas de Reserva Campesina, territorialidades colectivas indígenas, afrocolombianas raizales y palenqueras. El reforzamiento de las obras de infraestructura para el riego, el drenaje y la protección contra las inundaciones deberá efectuarse bajo un enfoque de cambio climático y en áreas dedicadas a la actividad agropecuaria estratégicas para la soberanía y la seguridad alimentaria de la nación. 

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