La bicicleta trae libertad para las mujeres

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Gracias a la bicicleta conocí más de mí misma, de mis miedos, de mis debilidades, y sobre todo, de mis fortalezas y del poder físico y mental que tenemos las mujeres.

“La bicicleta ha hecho más por la emancipación de la mujer que cualquier otra cosa en el mundo”. Susan B. Anthony

Sin desconocer la historia de la emancipación de la mujer ni menospreciar todos los otros elementos y hechos que aportaron hacia esa dirección, la bicicleta -el “caballito de acero”, “la flaca”-, casi una extensión del cuerpo para las personas que la montamos, ha jugado un papel fundamental en la historia de las mujeres, en nuestra libertad y en el poder que día a día ganamos sobre nosotras mismas.

La bicicleta fue creada en 1800 en Europa, época en que la mujer no era vista como sujeto de derechos. Estaba subordinada al hombre y su principal función era de carácter reproductivo: como madre y cuidadora. Es por esto que objetos como la bicicleta aportaron sustancialmente a la liberación de la mujer, haciendo que ella pasara de depender del hombre para su movilidad a permitirle tomar la bicicleta como vehículo y así emprender camino a donde ella quisiera.

Fueron muchos los retos a los que se enfrentaron las mujeres en el momento de comenzar a utilizar la bicicleta, retos que todavía hoy viven las mujeres cuando queremos llegar a esos espacios que solo conquistan los hombres. Críticas, estereotipos y prejuicios sufrieron las mujeres pioneras e impulsoras de la bicicleta. La feminidad, o ese concepto construido sobre esta palabra, se puso en juego: era mal visto ver a una mujer en bicicleta, y se la catalogaba de “marimacha” e inapropiada. Incluso surgieron muchos mitos, como la esterilidad o la excitación sexual que produce el uso de la bicicleta, mitos que no impidieron que más mujeres se empoderaran con esta herramienta y se creara un gran movimiento.

La vestimenta fue otro de los factores que se vieron afectados y transformados gracias a la bicicleta. Para 1800 las mujeres seguían vistiendo faldas y corsés que no les permitían respirar libremente, que ocultaban su cuerpo real y que, por supuesto, no las dejaban pedalear con comodidad. Fue así como Libby Miller diseñó y popularizó los pantalones bombachos, llamados “bloomers”, demostrando una vez más que las mujeres no tenemos miedo de romper con los mitos, prejuicios y estereotipos para buscar nuestra libertad y el goce de nuestros derechos.

Y aunque esta historia parece lejana, la lucha por nuestra libertad, como por el uso de la bicicleta, sigue estando presente. Son muchos los mitos y miedos que se tienen al ver a una mujer en bicicleta. Llevo casi 10 años haciendo uso de ella como mi principal medio de transporte, y durante este tiempo he tenido que confrontar a mi familia, amigas, amigos y personas conocidas: les parece que ver a una mujer en bicicleta es peligroso y va en contra de lo que las mujeres “debemos ser”. Muchas amigas y amigos se siguen sorprendiendo cuando llego a algún lugar en bici, y muchas personas no pueden creer que la prefiero al Transmilenio, al bus y mucho menos al carro. Preguntas como “¿y no te dan miedo los buses y los carros?”, “¿y si sudas, qué haces?”, “¿puedes montar en falda y con tacones?” son frecuentes y las he respondido muchas veces. Por si algún lector o lectora se las está preguntando, las responderé más adelante.

Sin embargo, estos prejuicios y miedos, en mi caso, no fueron tan relevantes; sentir la libertad y el poder que tengo al tener el control de mi propio manubrio, así como de mi propia vida, es más fuerte que todos los miedos juntos. Antes de la pandemia usaba la bicicleta únicamente como medio de transporte, y aunque siempre he sido deportista, nunca la había usado con fin deportivo. Sin embargo, la pandemia me permitió conocer esta otra cara de la bicicleta y comenzar a recorrer con ella montañas exigentes, largas distancias -de seis horas o más-, subir pendientes interminables, dominar la bicicleta en grandes bajadas y recorrer carreteras desconocidas.

En esta nueva experiencia conocí más de mí misma, de mis miedos, de mis debilidades, y sobre todo, de mis fortalezas y del poder físico y mental que tenemos las mujeres y los seres humanos en general. Comencé a viajar en bicicleta de la mano de amigas y amigos que se conectaron con ese poder, y junto a Cynthia Laiño, amiga de hace varios años, comencé a cumplir uno de los sueños que algún día tuve: viajar por Colombia en bicicleta.

Nuestro primer viaje fue Bogotá-Paipa, y el segundo fue Bogotá-Florián (Santander). En estos dos viajes estuvimos acompañadas por hombres, sí, porque tuvimos miedo de ir solas, de pincharnos y no saber qué hacer, de tomar carretera y sentirnos vulnerables, de enfrentar esos mitos que también entraron en nuestra cabeza sin darnos cuenta y que pensábamos que no existían. Durante esos dos viajes fueron muchas las reflexiones y lecciones aprendidas. Sobre todo, la experiencia y confianza que obtuvimos fue inmensa; tanto, que nos lanzamos a vivir lo que desde un inicio habíamos pensado: un viaje en bicicleta las dos solas.

El 25 de diciembre del 2020 emprendimos el viaje Bogotá - Medellín. Casi 500 kilómetros recorridos, 4 días sin parar desde las 7am hasta la 5pm, seis altos conquistados; nos enfrentamos a neblina, calor, hambre y sed. En este viaje fuimos ella y yo, dos mujeres recorriendo parte de Colombia, recorriendo zonales rurales, carreteras angostas y otras amplias que sentimos eternas como la Ruta del Sol. Nos expusimos a todos los peligros imaginados e inimaginados y algunos de estos se cruzaban por nuestras cabezas porque, sí, nuestra sociedad es machista, existe inseguridad, las carreteras en algunas zonas no son las mejores y hay un alto tráfico de volquetas y buses. No podemos esconder lo evidente: dos mujeres pedaleando, cansadas en zonas que no conocen pueden ser presa fácil para un robo o una violación.

Afortunadamente, tuvimos una experiencia increíble: conocimos gente que nos daba ánimo y resaltaban el esfuerzo que estábamos haciendo. Los hermosos paisajes por los que transitamos hicieron olvidarnos de todo mal pensamiento, y el cantar de los pájaros nos alentaban para seguir pedaleando. Y, por supuesto, durante el recorrido y después de él, nos volvimos a enfrentar a las preguntas: “¿No les dio miedo viajar solas?”, “¿se pincharon?”, “¿Qué hicieron?”, “¿y el sudor?”, “¿y el equipaje?”, “¿y si les caía la noche?”, “¿y si llovía?”...

Hasta ese momento, cuando muchas mujeres nos hicieron infinidad de preguntas sobre esta aventura y muchos hombres se sorprendieron por nuestra valentía, no me había dado cuenta el importante camino que las mujeres en 1800 nos abrieron para que hoy, Cynthia y yo, como muchas otras mujeres, tengamos el privilegio de viajar en bicicleta. Annie Cohen Kopchovsky fue una deportista, ciclista, emprendedora y librepensadora que, en 1894, aceptó darle la vuelta al mundo en bicicleta. Si hoy me encontrara con Annie, seguro le preguntaría lo mismo que me han preguntado a mí. Es por eso que hoy Cynthia y yo aceptamos el reto de pedalearle a la vida, de seguir rompiendo miedos y mitos para las mujeres que quieren usar la bicicleta; aceptamos el reto de abrir caminos para que no sea raro ver por las carreteras a mujeres dueñas de su propia vida y para que el peligro no sea una barrera para atrevernos.

Pedaleándola a la Vida es un proyecto que construimos para que más mujeres, y también hombres, de manera equitativa, se unan a nosotras a pedalear la bicicleta al mismo tiempo que conocemos personas, lugares y territorios que nos conectan con la vida y con la diversidad de la que somos parte. Con esta experiencia, queremos romper estereotipos y prejuicios de género y así ser parte de la construcción de una sociedad más igualitaria.

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Y aunque mi experiencia con la bicicleta ha sido empírica y el aprendizaje surge netamente de mi experiencia, les comparto algunas respuestas a algunas preguntas que tal vez muchas mujeres, y quizás hombres, tengan en sus cabezas y así puedan motivarse a montar en bicicleta.

Preguntas cotidianas

- ¿Y no te dan miedo los buses y los carros?

Sí, al principio, todo es cuestión de práctica. Entre más veces lo hagamos, mejor lo sabremos hacer. El miedo se va cuando lo enfrentamos. Necesitamos más mujeres en bicicleta para que haya más respeto y mejores espacios para montar tranquilamente.

 - ¿Y si sudas, qué haces?

Trato de llegar con tiempo suficiente a la cita o al lugar a donde vaya para descansar, limpiarme y estar listar para el encuentro. Llevar ropa de cambio siempre es una buena opción.

- ¿Puedes montar en falda y con tacones?

¡Por supuesto! La ropa no es un impedimento. Pedaleo en falda, vestido, pantalón, tenis o tacones. La bicicleta va bien con todo.

- ¿Y si llueve?

Te mojas. Pedalear bajo la lluvia pone a prueba otras habilidades que tenemos y no desarrollamos. En mi caso disfruto de la lluvia y de los retos que me pone. Siempre es bueno llevar una chaqueta o un impermeable para no amargarte la pedaleada.

Preguntas del viaje

- ¿No les dio miedo viajar solas?

En un principio, no. Pero por el camino hubo momentos de tensión, como cuando estábamos solas en una carretera desolada. Es raro ver a mujeres montando bicicleta en carretera, pero si somos más, dejará de serlo y así serán menos los peligros y será más seguro el camino para nosotras.

- ¿Se pincharon? ¿Qué hicieron?

Nos pinchamos una vez, y lo que hicimos fue despinchar. No hay otra solución. Es importante saber cómo funciona la bicicleta, saber arreglarla y tener tu propio kit de despinche. Despinchar y engrasarse son actividades también para mujeres.

 - ¿Y el equipaje?

Viajar ligera es la mejor opción. Con estos viajes se aprende que no necesitamos tanta ropa, ni maquillaje, ni productos de cuidado personal. Con lo básico estamos listas para seguir pedaleando.

Si se animan a pedalear, a romper mitos y miedos sobre la bicicleta, a conocer nuevas personas y nuevos lugares, a conocer más tips para que montar en bicicleta sea una grata experiencia, sígannos en @pedaleandolealavidaproyecto.

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