La delicada situación económica y la seriedad que requiere del nuevo gobierno

La delicada situación económica y la seriedad que requiere del nuevo gobierno
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Parece que la tormenta económica en el país no cesa. A la difícil situación inflacionaria, que está por retornar a dos dígitos después de muchos años, continúa la galopante depreciación del peso colombiano que, aunque ha tenido respiros en los últimos días, no resiste un movimiento internacional adicional para continuar trepándose.

El buen crecimiento económico reciente es apenas la recuperación de lo que se perdió en la pandemia, pero aun el empleo no ha retornado a sus niveles prepandémicos. La fragilidad de los halagüeños datos no son una señal de recuperación sostenible. El déficit fiscal y la trepada de la deuda externa nos tienen en un atolladero que requiere respuestas rápidas.

Esta compleja situación es el resultado de una desafortunada gestión macroeconómica acompañada de un entorno internacional complejo, en donde a las inclemencias de una pandemia se sumaron las complejidades de una guerra que tiene en crisis energética a gran parte de Europa. El gobierno, enredado en su difícil gobernabilidad, nos condujo a los complicados indicadores que nos toca pilotear con mucho cuidado.

El gobierno no logró liderar una reforma tributaria que garantizara la sostenibilidad de las finanzas y solventara las necesidades sociales que requería el país desde hace 4 años. En vez de recoger las sugerencias de los expertos de las distintas misiones, se embarcó en una reforma tributaria regresiva que terminó por descabezar a su ministro de hacienda.

La respuesta económica y social a la pandemia fue insuficiente y, aunque no nos descarrilamos sanitariamente, los efectos económicos y sociales para los y las colombianas ha sido brutal. Era necesario un mayor acompañamiento a las empresas, que les tocó cargar con el peso de los cierres, y a las personas, que no tuvieron cómo solventar sus necesidades esenciales. Su resistencia a la renta básica demostró el poco entendimiento de la fuerte informalidad de la economía colombiana. Ahora tenemos niveles altos de inseguridad alimentaria.

Petro entonces recibe una economía con muchos problemas: con una presión social latente y con muchísimas expectativas represadas en variados temas como paz, seguridad alimentaria, educación, salud y el gran desafío de la apuesta rural pendiente desde los Acuerdos de La Habana.

Una bomba a punto de estallar a la que hay que sumarle la delicada realidad política que nos dejó un resultado electoral con una diferencia de apenas 700 mil votos; una delgada diferencia que, a pesar de la popularidad e importante legitimidad del entrante presidente, representa una cuerda floja difícil de atravesar en el mediano plazo cuando ya comiencen a debatirse las difíciles primeras decisiones.

Será muy importante que el gobierno maneje muy bien sus mensajes tan relevantes en las expectativas de los agentes económicos y sociales.

Deben regularse mejor las señales de los ministros, jefes de entidades económicas y voceros gubernamentales ya seleccionados que, en las primeras de cambio (sin haberse instalado el gobierno), han tenido significativos desafueros y anuncios inconvenientes. Llama la atención la locuacidad del nuevo director de la Dian, quien por lo estratégico de su envestidura debe hablar más con sus decisiones técnicas que por Twitter ¿tendremos un director de la Dian político?

La prioridad de la reforma tributaria es fundamental y la búsqueda de recursos adicionales es estratégica. Todas las medidas impositivas son impopulares y sensibles a la ciudadanía. La última, como ya lo anotamos, terminó tumbando a Carrasquilla y no se puede correr el riesgo de poner en vilo la gobernabilidad en el congreso que se requiere para impulsar otras reformas.

Los desacuerdos pueden alentar a la oposición que ya empezó a mostrar los dientes y que seguramente va a atizar el descontento social. Hay que aprender la lección y buscar más sintonía con la ciudadanía. Sobre todo de los estratos medios y altos quienes sentirán gran parte del peso de la reforma. Promover más gobernanza.

¿Cómo dialogar con los ciudadanos de capas medias y altas en tan compleja temática? el dialogo con los sindicatos, ONG, centros de pensamiento y universidades será fundamental.

También se van a necesitar recursos de otras fuentes como: la cooperación internacional, las regalías y pactos gubernamentales con los gobiernos locales. Los diálogos territoriales serán estratégicos y la asociación regional fundamental. Para ello, hay que disponer de la arquitectura y metodología institucional necesaria que permita esta lógica de acuerdos que requieren de mucho liderazgo.

La prioridad del gobierno debe ser, en los primeros meses, consolidar el norte económico del país erigiendo las bases de las reformas estructurales que se pretenden adelantar. Decisiones claves con un discurso aglutinador que concite a la ciudadanía y en consonancia con todas las esferas del gobierno. Necesitamos al presidente liderando la recuperación de la economía y al gobierno ayudando a concretar ese objetivo sin agendas autónomas o descoordinadas. Pensar más en la urgencia de estabilizar las finanzas para cumplir las expectativas de cambio y menos en lo que pueda pasar en las redes sociales. 

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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