La democracia necesita herejes

La democracia necesita herejes

Colombia es el país invitado de honor a la versión número 80 de la Feria del Libro de Madrid. En la página promocional del evento nos venden como una “Colombia diversa y vital” que “a través de su inmensa diversidad, que es su principal fuente de riqueza mostrará a los miles de visitantes el progreso de una nación que desde el 2019 conmemora 200 años de historia republicana, aprovechando esta ocasión para reflexionar sobre "la vitalidad del territorio colombiano, su capacidad de sobreponerse a los desafíos y los avances alcanzados en materia institucional, social y económica”.

Pero, en contrasentido a todo lo expuesto en este párrafo que habla de una historia republicana. El embajador de Colombia en España, Luis Guillermo Plata, ha hecho todo lo contrario al interés público: ha excluido de la lista de invitados oficiales a los escritores que considera problemáticos porque no hacen parte de un comité de aplausos.

Como si se tratara de una versión criolla y mal hecha de "El nombre de la rosa", este Gobierno posa como dueño de la verdad, al censurar las voces de quienes piensen distinto.

El libro de Umberto Eco transcurre en un momento convulso de Europa: hambrunas, guerras, epidemias, impuestos altísimos, luchas populares y represión. Cualquier parecido con la actualidad no es coincidencia.

En esta obra maestra, todo aquel que en la abadía buscara la segunda parte de la Poética de Aristóteles moría envenenado. El texto prohibido era una comedia, y para el asesino que había tomado el lugar del dios castigador, la risa constituía una fuerza transgresora, muy peligrosa.

Este Gobierno esconde una biblioteca en un laberinto oscuro cuando abusa del poder y, en vez de otorgarles herramientas a los ciudadanos para que sean pensadores libres con una educación de calidad, se convierte en un juez censurador y autoritario que evade la crítica, condenándose a caer en un abismo de ignorancia.

Su miedo al desconocido mundo intelectual les impide encontrar el verdadero valor de la literatura como instrumento que ayuda a reflexionar. No hay democracia sin discusiones. Sin el derecho al libre pensamiento no hay desarrollo, ni mucho menos construcción de ciudadanía.

Iván Duque presentará el segundo tomo de su manual de "Economía Naranja: una oportunidad infinita", donde se valora “la creatividad como elemento integral del desarrollo económico y social”, una concepción que toma de John Howkins que presenta la propiedad intelectual como una oportunidad para hacer dinero.

El libro naranja se ve interesante como folleto de propaganda, pero la realidad en el país ha sido otra muy alejada de esta romántica idea de falsas oportunidades desde el talento. Los semáforos en rojo están llenos de niños y jóvenes con mucha creatividad y fuerzas que desgraciadamente gastan en formas creativas de rebusque.

No se necesita hacer una búsqueda muy exhaustiva para darse cuenta de que el Ministerio de Cultura todavía sigue siendo de las carteras con menos presupuesto, así como el de Ciencia y Tecnología

El debate al que tanto teme este Gobierno puede ser la salida que nos queda para rescatar a una sociedad que ha banalizado la violencia y no se ha dado la oportunidad de amar al otro desde la diferencia.

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