La inmensa minoría en el Día sin Carro

La inmensa minoría en el Día sin Carro
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Si usted anda en carro, es parte de una inmensa minoría. Y si está pensando en el día sin carro del jueves, puede estar ante diferentes opciones, ninguna de las cuales es totalmente satisfactoria. La idea de este artículo es describir cada una de estas cosas en mayor detalle.

La gente que anda en carro en Bogotá es tan inmensa como minoritaria. Es inmensa porque son las personas de mayores ingresos, mayor acceso a los medios y mayor presencia en el poder político y económico del país. También es inmensa porque ocupan muchísimo espacio en las ciudades. Es increíble que, al ver hacia cualquier calle congestionada de una ciudad, esa congestión está formada principalmente por automóviles.

Pero también es minoritaria porque son, en realidad, pocos. Si no me creen, lo muestro en tres gráficas equivalentes, todas de la Encuesta de Movilidad de Bogotá de 2019 (no hay datos más recientes porque estas encuestas se hacen cada 5 a 10 años).

La primera gráfica muestra cómo se distribuyen los viajes en Bogotá: según la categorización de esta encuesta, hay doce formas de moverse, desde caminar hasta ir en un transporte intermunicipal. Queda claro que no hay una única forma de moverse (¡y, por ejemplo, que muchísima gente camina en Bogotá!).

Esta segunda gráfica es mi agrupación de modos de moverse en cinco categorías más útiles, porque muestran un poco mejor cómo se mueve la gente: más de una cuarta parte lo hace caminando o en bicicleta; casi la mitad, en transporte público; y los demás, en carro (14,9%), moto (5,5%) y otros (1,7%). 

La tercera es la que más me interesa con ocasión del Día sin Carro. Y para hablar de esa minoría, apenas el 15% de los viajes se hacen en carro, mientras que los demás viajes son de otras maneras. Entonces, el Día sin Carro es una propuesta de reflexión y cambio para ese 15%, mas no una hecatombe para la ciudad.

La inmensa minoría en el Día sin Carro
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Algo adicional que muestra la inmensidad de ocupación de espacio es representada por dos mapas en Bogotá.

El primero (izquierda) es la malla vial de Bogotá según la base de datos distrital Ideca, que muestra los 13.500 kilómetros-carril de vías para tráfico mixto. El segundo (a la derecha) muestra los casi 600 kilómetros de ciclorrutas de Bogotá (84 de los cuales surgieron en la pandemia).

Es evidente que la red de carriles de tráfico mixto es tan densa que no se puede distinguir en el mapa, mientras que las ciclorrutas son apenas visibles en la brutal e imperdonable capital de la república bananera en que vivimos.

Extrañamente (para algunos), a pesar de tener 13.500 kilómetros de vías y solo mover el 15% de los viajes, los carros hacen muchísimo trancón. Por otro lado, las bicicletas con apenas 600 kilómetros y casi el 7% de los viajes son criticadas por su eficiencia en usar el espacio.

¿Qué hacer el jueves si hace parte de esa inmensa minoría?

El Día sin Carro ha vuelto con su pisoteo inclemente y, como siempre, lo hace un jueves. No obstante, esta vez lo hace septiembre (como ya lo habría hecho Bogotá en 2003 bajo el mando de Antanas Mockus, y como lo hace el resto del mundo cerca del 22 de ese mes). Eric Britton, quien tuvo la idea al presentarla en Toledo en 1994, tenía una explicación medio larga para decir que fuera un jueves. Palabras más, palabras menos, su razón es que no era ni al principio ni al final de la semana, pero que era mejor que fuera casi al final.

En cualquier caso, Bogotá es la única ciudad del mundo que estableció el Día sin Carro por decreto y literalmente con todas las de la ley (las ciudades europeas que lo hacen solo es de manera voluntaria). Nadie más siguió la idea de Britton al pie de la letra. La efectividad del Día sigue siendo debatida a lo ancho y largo del planeta, pero en realidad lo que nos importa aquí es que hay que hacerle caso.

Hay siete formas de cambiar sus hábitos este jueves si usted anda en carro y que, en gran medida, podría hacer todos los días del resto de su vida. 

Teletrabajo. Si fuese un año de prepandemia, el teletrabajo sería cosa del espacio sideral, posible únicamente para aquellos pocos privilegiados que trabajaban en labores excéntricas. Pero ahora, quienes aún sobrevivimos podemos hacer uso de esa herramienta fantástica para trabajar. Aunque muchos jefes persisten en la idea de que la presencia permanente en la oficina es requisito indispensable para ser eficientes, algunos han adoptado la modalidad tecnológica para no moverse. Como Jamiroquai, pueden viajar sin moverse. El Día sin Carro podría ser esa oportunidad para convencer al jefe de que sí se puede trabajar entre las cobijas y que, si uno se peina bien y elige un suéter adecuado, nadie lo notará. 

Madrugar y trasnochar. Usted también podría ser un automovilista hasta la muerte y despertar a la madrugada y llegar a su oficina antes de las 6 de la mañana, junto con el puñado de colegas que se rehúsan a seguir las sugerencias del Día. No solo llegarán antes de que tenga permiso el sol de salir, sino que se irán bastante después de que este se haya ocultado, a las 8 de la noche. Todos sabemos que su día no será más eficiente que el jueves anterior, y que en realidad estará todo el día perdiendo ancho de banda mental intentando entender por qué existe el día sin carro. Esta opción no es recomendable. 

No trabajar. La opción de no trabajar también es una tentación viable. Salga al sereno la tarde anterior y acójase a la posibilidad de un catarro febril; déjese pisar del tacón de la vecina con rabia y exija inmovilidad durante un día (o dos: el viernes está justo al lado y el pisotón puede ser lo suficientemente fuerte para ameritarlo). Sepa usted que la libertad temporal de ir a la oficina está en sus manos o, más específicamente, en su garganta y su pie.

Cambiar de vehículo. Hay opciones más difíciles que las tres anteriores: implican cambiar el vehículo en que se moviliza. A pesar del terror que infligen en su psiquis estas posibilidades, hay situaciones en que esto puede ser viable.

Caminar. Irse a pie podría ser posible. No obstante, esto es realmente posible si su viaje de ida a su lugar de trabajo es menor a tres kilómetros. Increíblemente, esto es muy frecuente en las personas que viajan en carro en Bogotá. Un estudio de 2015 encontró que el 58% de los viajes en carro en Bogotá son menores a 5 kilómetros. Si usted tiene un viaje así de corto (haga cuentas, no se demora casi), camine. No obstante, recuerde que en 1936 Germán Arciniegas nos advirtió de la Bogotá que no ha cambiado: "Los peatones -dirán los choferes- deberían andar contra las paredes. Y seguramente están en lo cierto. Yo no veo, para nosotros los peatones, otro remedio sino ‘tener paciencia y maldecir pasito’, como reza la máxima. Mientras surge la solterona o el ‘cívico’ que venga a protegernos como se protege a los perros y a los caballos. Quieran los hados que el redentor no esté lejano".

Andar en bicicleta. Sí, hay grandes preocupaciones por seguridad vial (que le atropellen), seguridad personal (que le atraquen) y que le echen el carro encima. El Día sin Carro no hay que preocuparse por lo último porque el Día mismo no permite que los carros estén por ahí y, por lo mismo, nadie se lo echará. Sobre el tema de la seguridad personal, sepa que dos tercios de los robos son por descuido y no por violencia. Y sobre el tema de la seguridad vial, sepa también que la prudencia al andar en bicicleta es su mayor amiga a la hora de reducir siniestros.

Usar el transporte público en sus diferentes formas. Podría ser Transmi o Sitp que, además, sirven para viajes más largos. Aunque no es gratuito (a pesar de lo que algunas personas creen al colarse), es una fantástica forma de moverse. Es el modo en que menor probabilidad hay de estar en un siniestro (ocho veces menor probabilidad que si uno va caminando, como lo demostró el ingeniero Segundo López con tristeza hace unos años). Y en verdad la ciudad está repleta de estaciones. Y sí, la frecuencia de los servicios puede ser baja, pero el Día sin Carro esto es sustancialmente mejor porque… no hay carros que reduzcan la velocidad del transporte público.

Y hay otros modos de transportarse. Son ilegales o inexistentes y no se pueden promocionar este jueves. Por la razón que sea, es ilegal usar plataformas tecnológicas para pedir servicios como Uber. Y por retrasos en la producción de bicicletas a nivel global, el sistema de bicicletas compartidas de Bogotá no ha llegado todavía y habrá que esperar al 30 de septiembre para usarlas.

En cualquier caso, el jueves será para que la inmensa minoría pueda vagar, pensar o amargarse. Haga usted lo que se le dé la gana. Y si anda en moto, acá está mi opinión.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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