La Paz Total requiere la legalización de las drogas antes de negociar

La Paz Total requiere la legalización de las drogas antes de negociar
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El senador Iván Cepeda trinó hace unos días, citando a Roosevelt, que “no basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella. Y no es suficiente con creer. Hay que trabajar para conseguirla”.

Los y las colombianas queremos que llegue la tan anhelada paz total. No obstante, no solo hace falta creer y trabajar. Hay que analizar las condiciones que la harían posible.

En ese sentido, hay al menos dos aspectos en la lógica de los conflictos en Colombia: lo político y lo económico. Esto parece trivial, pero es partiendo de la relación de estos dos principios que se puede analizar la posibilidad de una paz total y estable.

Lo económico casi siempre ha sido justificado desde lo político. Liberales contra conservadores, comunistas contra capitalistas o comunes contra limpios son ejemplos donde la primacía de lo político se impone sobre lo económico. Esto hace que las diferentes negociaciones de paz se hayan legitimado porque son discusiones de proyectos políticos que van mucho más allá de los intereses económicos específicos de un grupo determinado.

Esta ha sido la condición que ha permitido que los procesos de paz sean legitimados (o no) por la población. En otras palabras, la violencia usada, aunque terrible, ha sido “justa” porque los objetivos que busca son aceptables: libertad de credo, libertad de educación, justicia social, mínimos vitales, etc.

Con esta misma lógica se llega a las negociaciones con el ELN.

El ELN comenzó como un grupo armado en búsqueda de la transformación social que ha ido cambiado de ideología con el tiempo. Partió con una profunda influencia de la revolución cubana para luego impregnarse con la teología de la liberación. El narcotráfico permeó al ELN, como a los otros grupos armados, durante la época de los setenta.

Si bien esto ha sido negado por dicha guerrilla, la Comisión de la Verdad asegura que “en el Catatumbo, milicias del ELN dirigieron la colonización y regularon el cultivo de coca, en la serranía de San Lucas regularon las explotaciones auríferas y la coca, en Cauca y Nariño emprendieron explotaciones auríferas e iniciaron el cobro de gramaje a los cultivos de coca” .

Esto hace que la dinámica política-economía se empiece a desbalancear a favor de la economía. En otras palabras, las ganancias económicas comienzan a tomar prioridad sobre lo ideológico. 

Así, por ejemplo, si bien el ELN afirma que defiende la protección del medio ambiente, coexplota de manera extractivista y sin ningún cuidado de la naturaleza el Arco Minero en Venezuela.

Como es sabido, gracias al favorecimiento de los gobiernos de Chávez y Maduro, el ELN ha encontrado en Venezuela el lugar para replegarse durante la embestida de los gobiernos anteriores.

Ante la perspectiva de reapertura de las fronteras entre los dos países y el mutuo reconocimiento entre Petro y Maduro como detentadores del poder, cabe preguntarse si el ELN realmente dejaría los territorios en Venezuela y Colombia, pues le dejan al ELN un alto rédito económico para la transformación social que dicen perseguir en Colombia.

Si bien la negociación con el ELN merece el beneficio de la duda —aunque se esté legitimando un Gobierno que es violador de los derechos humanos, como el venezolano—, hay un punto aún más crítico del planteamiento de la Paz Total: los narcotraficantes.

El narcotráfico en la Paz Total

El Gobierno de Petro sabe que la Paz Total no solo incluye grupos armados con agendas políticas como el ELN, sino que incluye a todos los grupos armados.

En el proyecto de ley del Gobierno se define el grupo armado como “aquel que, bajo la dirección de un mando responsable, ejerza sobre una parte de territorio un control tal que le permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas”.

Con esta definición, se incluye a todo grupo armado que domine alguna parte del territorio colombiano. Es decir, los narcotraficantes son también actores armados legítimos con los cuales se puede llevar a cabo una negociación.

Desde que el narcotráfico se volvió la gran empresa ilegal de Colombia, el conflicto ha tenido recursos casi ilimitados para producir violencia. Todos los actores armados ilegales se han financiado de una u otra manera de este negocio. Sin el narcotráfico, el conflicto colombiano no sería posible. Ya lo dijo el gran Alfredo Molano en referencia a la coca: “Eso que comenzó siendo una solución para el campesino… continuó siendo el alimento de la guerra”.

Es este el punto donde el planteamiento de la Paz Total falla, porque confunde a los actores con la causa de la última fase del conflicto. No existen solo actores políticos que se legitiman por sus agendas, se compartan o no, sino que los actores armados se han vuelto predominantemente económicos.

El alimento de la guerra es y será, hasta que no sea legalizada, la cocaína. La negociación con cualquier actor armado solo llevará a un vacío que será llenado por otro grupo armado ilegal que no busca la equidad social o mayor libertad, sino el enriquecimiento propio.

¿Qué se le puede prometer a un grupo de estos? ¿El respeto a sus fortunas adquiridas de manera ilegal? ¿Qué pasará con la llegada de nuevos grupos? ¿Nuevamente se les dará amnistía? ¿Acaso es el futuro de la paz, la negociación incesante con economías ilegales? Son muchas cuestiones que quedan abiertas y hacen que la propuesta de una paz total suscite muchas dudas.

El Gobierno de Venezuela se vuelve también prioritario por la supuesta llegada y lucha por territorios de bandas transnacionales dedicadas al narcotráfico y otros negocios ilegales, como el Tren de Aragua. La alcaldesa Claudia López pide un intercambio de información y juzgamiento de los líderes de dicho grupo por parte de Maduro. ¿Cómo puede ser esto posible, si no los controla en su propio territorio, e incluso la página del servicio de identificación venezolano (Saime) cuenta con fallas recurrentes?

Los pasos que debe dar el Gobierno

La primera condición que hará posible la Paz Total es la legalización de la droga. Esto no lo logrará el Gobierno de Petro haciendo acuerdos con Maduro ni dando amnistías a grupos ilegales, sino llevando la discusión a un campo global.

No son las autoridades ni los actores ilegales colombianos los que permiten la entrada de la droga a los puertos de Rotterdam o Hamburgo, sino las autoridades y organizaciones criminales de Países Bajos y Alemania. La cocaína es un negocio global y el Gobierno debe tener esto en cuenta, pues parece estar enfocándose únicamente en la legalización del cannabis y su producción sin licencias

También ha propuesto una política antidrogas de sustitución y restringiendo la aspersión aérea de glifosato, pero esto no va a cambiar el panorama de manera profunda

Si bien en campaña salió el tema de una discusión regional sobre la legalización de todo tipo de drogas y en el último discurso se hizo un llamado a la legalización de las drogas para lograr la paz en Colombia y en Latinoamérica, durante los primeros meses del presidente Gustavo Petro los esfuerzos diplomáticos se han dirigido al restablecimiento de las relaciones con Venezuela.

El esfuerzo debería recaer, más bien, en un diálogo abierto, no ideológico, y con compromisos con los principales países involucrados en la producción y tráfico (Perú, Bolivia, Ecuador, México) que permita una posición más fuerte en el contexto global.

El presidente afirmó en su discurso en la asamblea de la ONU que estos gobiernos “quintuplican la mentalidad de quien creó políticamente las cámaras de gas y los campos de concentración, reproducen a escala planetaria 1933”. Comparar a aquellos gobiernos con los cuales se tendrá que negociar con el nacionalsocialismo no es la mejor forma de pretender entablar un diálogo.

Se necesita un ambicioso -pero realista- plan diplomático que una a los gobiernos de la región para llegar con una mejor posición a una negociación con los países con mayores consumos. Con estos últimos se debe buscar un diálogo de corresponsabilidad para llevar a buen puerto la legalización tan necesaria para la paz. Solo quitándole la fuente de financiación y punto de llegada de la mayoría de grupos armados en Colombia será posible la paz.

El foco debe ser transformar las drogas en un negocio legal. Sé que esto suena utópico. Sin embargo, sin ello toda Paz Total es también utópica.  

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