La reunión Petro-Maduro: gestos, palabras y hechos

La reunión Petro-Maduro: gestos, palabras y hechos
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A juzgar por los videos y fotografías que se difundieron, el encuentro que mantuvieron en Caracas el 1 de noviembre los presidentes Gustavo Petro y Nicolás Maduro distó mucho de los arrumacos que escenificaron el embajador de Colombia en Caracas, Armando Benedetti, y el mandatario venezolano con ocasión de la llegada del diplomático a Caracas.

En esta oportunidad la visita que el presidente colombiano le dispensó a su homólogo venezolano estuvo enmarcada en la formalidad usual en este tipo de encuentros entre jefes de Estado, aunque en la declaración conjunta que emitieron al final de la reunión se pudo apreciar una evidente falta de entusiasmo que podría indicar que la conversación mantenida por ambos minutos antes no fue todo lo fluida que hubieran querido.

Maduro logró esta vez la ansiada foto saludando a su par colombiano que buscó desde que se anunció la reanudación de las relaciones diplomáticas. Es la prueba que necesita para contrarrestar ante el mundo y los venezolanos la imagen de un presidente y un Gobierno aislados por la deriva autoritaria que ha dado al traste con la democracia venezolana y el funesto historial de derechos humanos que incluye ejecuciones extrajudiciales, presos políticos, exiliados, tortura y un éxodo que ha llevado a 7,1 millones de personas, equivalente a más del 20 por ciento de la población, fuera de Venezuela. Un punto para el sucesor de Hugo Chávez.

Petro, por su parte, logró formalizar ante Maduro su propuesta de invitar a Venezuela a que reingrese a la Comunidad Andina de Naciones (CAN), con sus derechos y deberes. Así, dio a entender veladamente que no se tratará de un pase gratuito, sino que ameritará del régimen venezolano el cumplimiento de ciertos requisitos democráticos. También le ratificó el convite para que vuelva al sistema interamericano de derechos humanos. Es la manera que ha encontrado el mandatario colombiano de incidir en la crisis venezolana, facilitando el reconocimiento internacional del cuestionado Gobierno venezolano a cambio de que dé pasos en dirección a su democratización.

Sobre la reincorporación a la CAN, Maduro aceptó gustoso la invitación, pero respecto a la vuelta a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) se mostró críptico en una confusa declaración. Al referirse a ese punto dijo que “sobre los pasos en función de una reconsideración del sistema interamericano de derechos humanos he sido muy receptivo y así será en el transcurso de las próximas semanas”. No está claro qué quiso decir con “reconsideración”.

El regreso de Venezuela al la Cidh es un tema delicado para el Gobierno de Maduro pues el sistema judicial venezolano ha sido ampliamente criticado en los informes de Naciones Unidas por su falta de independencia, y muchas de las decisiones que han tomado los jueces podrían ser corregidas por un tribunal internacional.

Asimismo, el mismo día de la cumbre entre Petro y Maduro, el Fiscal del Tribunal Penal Internacional, Karim Khan, desestimó los alegatos del Gobierno venezolano frente a que se está impartiendo justicia en el país y solicitó autorización para continuar con las investigaciones sobre crímenes de lesa humanidad en Venezuela.

Días atrás la Misión Internacional independiente de Determinación de los Hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela de Naciones Unidas dio a conocer su tercer informe con duros señalamientos y el Comité de Derechos Humanos de la ONU aprobó extender el mandato de esta instancia por dos años más.

Habría que ver si con todas estas cargas encima las autoridades venezolanas encuentran incentivos suficientes para efectivamente entrar nuevamente al sistema interamericano de derechos humanos. Si Petro logra este objetivo, junto con el de la vuelta de Venezuela a la CAN, que también requerirá la aceptación de los demás países socios, alcanzaría sin duda un gran éxito diplomático y reforzaría su liderazgo regional.

Se trata de un reto desafiante para el presidente colombiano que pondrá a prueba la seriedad y voluntad política del régimen de Maduro para dar pasos concretos hacia la democratización en Venezuela. Se trata de un proceso que con seguridad seguirán con atención otros gobiernos de la izquierda moderada de América Latina, comenzando por el de Inácio Lula Da Silva en Brasil.

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