La sombra del Acuerdo Colón

La sombra del Acuerdo Colón
AdrianRestrepoPortada.jpg

El Acuerdo Final de paz entre el Estado colombiano y Farc-EP cumple seis años este noviembre. La efeméride resulta con poca difusión ante el anuncio de la instalación de los diálogos entre el Gobierno Petro y la guerrilla del ELN. Hecho profundizado porque tanto Gobierno como guerrilla presentan el evento como sin antecedente en la historia del país.

La guerrilla del ELN manifiesta públicamente que su negociación es una muy distinta a la realizada con Farc-EP. El Gobierno, por su parte, aparece como innovador y actúa como si tal proceso no hubiese existido. Sin embargo, para ambas partes por la vía de los hechos el anterior proceso marca el campo para la actual negociación.

Resulta comprensible que unos y otros no den créditos a competidores políticos, pero en la práctica la negociación entre ambas partes estará amparada por la sombra del Acuerdo Colón, firmado el 24 de noviembre. Por un lado, el hecho mismo de querer “desmarcarse” de la negociación Gobierno-Farc muestra el influjo de tal negociación en el actual.

En ese sentido, convendría a los negociadores evitar tomar una posición de alejamiento per se del Acuerdo Colón, esto equivaldría a aceptar implícitamente que no hay ganancias y aprendizajes de esa experiencia. Esta situación puede tornarse lamentable si el Gobierno Petro, defensor del Acuerdo con Farc, termina por suscribir un mensaje de tal tipo.

Por otro lado, la ciudadanía colombiana tiene como referente inmediato para analizar los pro y contra de esta nueva negociación con el ELN el proceso vivido hace seis años con Farc, eso no lo pueden evitar ni la guerrilla elena ni el gobierno Petro. Especialmente convendría tener presente los impactos del plebiscito, la seria tensión política que causó y las esquirlas que de él todavía quedan en el ambiente político. ¿Someterá el Gobierno Petro y el ELN un eventual acuerdo de paz a las urnas ciudadanas? ¿Un nuevo plebiscito sobre un acuerdo de paz podrá contribuir a la reconciliación del país?

Del proceso con Farc también aprendimos que el tiempo de la negociación juega un papel importante para lograr aceptación por parte de la población y, a la vez, reducir el margen para los sabotajes. Entre menos tiempo tome la negociación también puede dedicarse más tiempo para avanzar en la implementación de lo acordado bajo la tutela del Gobierno negociador.

El tiempo que tomó negociar con Farc permitió la especulación por parte de los antagonistas del proceso y restó tiempo para que el Gobierno Santos cumpliera con un avance sustancial en la implementación. ¿Podrá darse esta negociación con el ELN en máximo un año para que queden tres años de gobierno para la implementación? ¿En la mesa de diálogo será factible instalar simultáneamente varios frentes de negociación para optimizar el tiempo?

Uno de los factores persistentes de la violencia en el país, particularmente en los territorios donde el acuerdo con Farc prometió la construcción territorial de la paz, es la actividad del narcotráfico. La solución al problema de las drogas ilícitas, punto 4 del Acuerdo, ha mostrado serias dificultades como solución al mercado ilegal de drogas. Su principal dificultad radica en el enfoque que acompaña tal solución: prohibicionismo y guerra contra las drogas.

El actual Gobierno, y al parecer también el ELN, consideran que el problema más que el narcotráfico es el enfoque de la política de drogas utilizada por los Estados: prohibición y guerra contra las drogas. ¿Tienen el Gobierno Petro y el ELN el poder para pactar un enfoque de política de drogas diferente al acordado con Farc? ¿Podrán suscribir un enfoque de política de drogas distinto al seguido por los pactos internacionales y EE.UU.?

Un conflicto prolongado por más de cinco décadas en el país ha conducido a cuestionar hipótesis sobre su naturaleza y causas, así, por ejemplo, mientras unos consideran que la pobreza condujo a las acciones armadas guerrilleras, otros consideran que es la violencia persistente en el país encabezada por la guerrilla la que se ha convertido en el obstáculo principal para lograr bienestar, particularmente en el campo colombiano.

Las dificultades para implementar lo acordado con Farc parecen indicar que en efecto la pobreza persiste en aquellos territorios donde la violencia arrecia. Si es la violencia el obstáculo para lograr bienestar entonces parar la guerra, como pasó con Farc, puede seguir siendo el principal activo de un Acuerdo de paz. Si bien el país continúa con índices preocupantes de violencia, no debemos olvidar que las tasas eran alarmantes cuando Farc-EP tenía una actividad militar activa.

Evitar la pérdida de vidas y generar condiciones básicas para emprender acciones de bienestar de la población siguen siendo los mayores réditos de un Acuerdo. ¿Podemos esperar algo así de esta negociación? ¿O entre la ambiciosa Paz Total y las aspiraciones de la guerrilla continuaremos en la guerra?

Temas destacados

Este espacio es posible gracias a

Los textos que aquí se publican son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no expresan necesariamente el pensamiento ni la posición de la Fundación Konrad Adenauer, KAS.

Únase a los Superamigos

El periodismo independiente que hace La Silla Vacía se financia, en parte, con contribuciones de nuestros lectores. Conviértase en SuperAmigo de La Silla, para que podamos seguir escribiendo sobre cómo se mueve el poder en Colombia. Adquiera su membresía aquí.

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

Compartir
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias