Las nuevas masculinidades frente a las tareas del cuidado

Las nuevas masculinidades frente a las tareas del cuidado
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En el devenir de la historia humana, las ideas de la masculinidad y la paternidad han estado atadas a estereotipos sociales, principalmente de tipo cultural, social y económico respecto al rol que debería cumplir el hombre en la sociedad.

En términos generales, en la cultura occidental estos estereotipos están relacionados con la contextura y las habilidades físicas de los hombres y las labores que estos realizan. De esa forma, en nuestra sociedad occidental la masculinidad implica convertirse en padre, siendo la paternidad el fin primordial de los hombres para demostrar su masculinidad frente a los demás. Ese modelo de paternidad estaba ligado al padre autoritario, que se encargaba de la provisión de las necesidades económicas y la protección de la familia.

Es importante destacar que este modelo, idea o estereotipo que se tenía sobre la paternidad se ha transformado con el paso del tiempo. Sobre todo, después de que la mujer entró al mundo laboral. Desde entonces, el hombre empezó a involucrarse más en los cuidados de los hijos y en el trabajo del hogar, derribando de esa manera los estereotipos en cuanto al rol único de la mujer como cuidadora.

Pero estos patrones no han cambiado lo suficiente. Aun cuando las mujeres están dentro del mundo del trabajo, el cuidado y el bienestar de las familias sigue recayendo sobre ellas.

Efectivamente, las mujeres han fortalecido su participación en el ámbito del trabajo desde principios del siglo XX, tiempo en que la igualdad en la integración del trabajo comenzó a darse de forma más equitativa en las empresas. Sin embargo, buscando aumentar la equidad de género (de manera que las mujeres tengan un equilibrio entre su vida familiar, laboral y social), se crearon algunas políticas que permitieron a los padres incursionar en lo relacionado con el cuidado y el bienestar de los hijos y del hogar.

Una de esas políticas es la instauración de normas que otorgan permisos denominados Licencia de Paternidad. Si bien esta licencia es un permiso que se les da a los hombres en varios países, este permiso aún debe enfrentar muchos estereotipos relacionados con la productividad, lo que se supone que deben hacer o no los hombres y la poca importancia que se le da al hecho de que el padre pueda estar con sus hijos en sus primeros días de vida.

Aunque vivimos en un periodo histórico en que la fuerza laboral de la mujer se incrementó de forma notable, aún existen desigualdades en cuanto a las labores que se deben realizar en el hogar. Al nacer un hijo, frecuentemente se aumentan las horas de trabajo no remunerado de la mujer. Para enfrentar estas desigualdades los Estados han promovido reformas en las leyes como una manera para equilibrar y repartir las labores destinadas al hogar y al cuidado de los hijos, y de esa forma reducir la fragilidad de las mujeres en el ámbito profesional.

Los permisos de paternidad fomentan la igualdad distribuyendo las labores del hogar, disminuyendo la vulnerabilidad de las mujeres, que hasta hace algunos años atrás fueron las únicas que enfrentaban la ausencia laboral debido al nacimiento de un hijo.

El investigador Romero-Balsas demostró en un trabajo de 2015 que en Europa la licencia por paternidad aumentó las posibilidades de redistribuir los trabajos de casa de manera igualitaria, pero que también existen diversos factores, sobre todo los culturales, que restringen dicho resultado. Tambien demostró que, al extenderse este permiso, también aumentó la posibilidad de cumplir el objetivo de equidad, debido a la participación de los padres en las tareas de cuidado de los hijos.

En América del Sur la licencia de paternidad ha sido incluida de manera relativamente reciente en las leyes laborales. Esto ha ocasionado no pocas controversias, lo que revela que se trata de un derecho aún poco valorado en estos países, además de constituyen periodos de licencias más cortas para el padre que para la madre.

Valor y reconocimiento de las licencias de maternidad y paternidad

Algunas ideas que se asumían sobre el rol de la paternidad han cambiado con el transcurso del tiempo. Este cambio se aceleró desde que la mujer ingresó en el ámbito laboral y desde entonces al hombre le correspondió asumir más trabajo relacionado con el cuidado de los hijos y como complemento, algunos quehaceres de la casa, eliminando los viejos estereotipos sobre la función de las mujeres como únicas cuidadoras del hogar. Esos antiguos estereotipos generaban que aún y cuando las mujeres estuvieran trabajando, también asumieran el tiempo para el cuidado de los hijos, mientras que los hombres debido al mismo estereotipo, casi siempre dedicaban menor tiempo al cuidado de sus hijos, usualmente solo los fines de semana en actividades recreativas y de esparcimiento. Buscando la equidad de género para que las mujeres accedan a un balance entre lo social, lo familiar y lo laboral se han implementado políticas y permisos que brindan a los hombres la posibilidad de involucrarse en el bienestar y el cuidado de sus hijos y del hogar, sobre todo en los primeros días luego de su nacimiento. Para ello, fue creada la llamada Licencia de Paternidad, que es un permiso remunerado que se les da a los hombres por el hecho de convertirse en padres, equivalente a la Licencia de Maternidad, pero con un tiempo menor, dependiendo de las leyes de cada país.

La generalidad de las investigaciones realizadas sobre la importancia de los padres en los primeros días después del nacimiento y para el futuro desarrollo de los niños y su cuidado, se ha centrado más en la importancia de la mujer, soslayando la figura del hombre como componente importante en dicho desarrollo. Para generar un cambio de sentido, existe una tendencia mundial en las políticas públicas que buscan impulsar la paternidad responsable, sobre todo en Suramérica, brindándoles a los hombres las herramientas necesarias para asumir con empatía y responsabilidad el hecho de convertirse en padres y de esa manera contribuir a la igualdad en el ámbito del cuidado de los hijos y del hogar.

Las licencias de maternidad y paternidad contribuyen a impulsar la igualdad distribuyendo las tareas del hogar entre la pareja, ayudando a reducir la vulnerabilidad de las mujeres que usualmente son las que enfrentan el ausentismo laboral con el nacimiento de los hijos.

En ese sentido, las licencias parentales apoyan el fortalecimiento de la equidad en el trabajo doméstico, así como la inserción de la mujer en el campo laboral.

Al finalizar el siglo XIX, algunos países de Europa, como Bélgica, Francia y Alemania, reconocieron el derecho del permiso de maternidad, dando una licencia de alrededor de 12 semanas.

Hacia la mitad del siglo XX el derecho a la licencia por maternidad fue incluido en las leyes de algunos países de América Latina. En ese momento, el permiso de maternidad tuvo el objetivo de proteger la salud del niño y lograr la recuperación de la madre. Actualmente, estos permisos se extendieron como derecho a los padres con la intención de contribuir a la equidad de género, dando reconocimiento a los padres que cuidan a sus hijos, lo cual favorece condiciones más equitativas en la contribución de las mujeres en el campo profesional.

Pero sigue existiendo un desequilibrio de género en este asunto. Mientras que el tiempo conferido constitucionalmente a los padres es mínimo, este se utiliza para otras actividades no precisamente relacionadas con el cuidado de la madre y la recién nacida.

Y cuando se cumple la licencia de la madre, esta responsabilidad de cuidar en cariño, de proximidad afectuosa recae sobre otra mujer bien sea, por servicio de cuidado remunerado, por apoyo de algún familiar (casi siempre lo realiza la abuela) o en una guardería.

En este sentido, las diferencias que el sistema de licencias parentales tienen efectos discriminatorios para modelos de familias monoparentales, homoparentales o diversas en términos de su composición que deriva de una mirada heteronormativa de estos permisos. Las licencias no tiene una relación directa con la función materna o paterna como roles de cuidado en la familia, sino que tiene un enfoque familiarista que guarda en sí mismo discriminaciones y cargas feminizadas.

Si bien se reconocen esfuerzos por salvaguardar el cuidado de los niños-as en la primera infancia a través de estas estructuras de licencias parentales, y la consecuente protección del trabajo de las mujeres, es importante avanzar hacia estrategias políticas y legislativas que reconozcan la diversidad de familias (mono, homo y heteroparentales), y las otras actividades de cuidado que realizan las mujeres (no remuneradas, como el cuidado de otros hijes o familiares) para garantizar este descanso maternal.

Masculinidad y paternidad

La relación que existe entre la masculinidad y la paternidad es casi de necesidad, pues el hombre manifiesta con su paternidad su masculinidad y hombría. Las transformaciones de la sociedad moderna han cambiado esa relación y los estereotipos de la masculinidad tradicional, y ha impulsado la construcción de una paternidad que voluntariamente renuncia a la práctica autoritaria de la figura paterna como se concebía anteriormente. Esto le ha abierto espacio a la paternidad afectiva, creando de esa forma condiciones culturales para construir relaciones armoniosas con la pareja y los hijos.

A pesar de los cambios y las transformaciones que se han dado con el paso del tiempo, se evidencia en la actualidad que los hombres han logrado involucrarse y tener un papel mucho más activo dentro del hogar, más allá que el papel de solo proveedores. Sin embargo, todavía sigue existiendo una barrera que no les permite aceptar y demostrar sus sentimientos, lo que se agudiza al mezclarse con el miedo de perder la masculinidad que los hace sentirse mucho mejores ante los demás.

Ante estos cambios de paradigmas frente a la paternidad y su relación con la masculinidad, queda la pregunta: ¿Tendrá un impacto positivo y concreto a la hora de equilibrar los balances de género en cuanto al cuidado de los hijos?

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