Los actuales conflictos armados colombianos

Los actuales conflictos armados colombianos
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Esta columna fue escrita en coautoría con Amparo Bravo.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) publicó el reporte sobre los Retos Humanitarios de 2022 en Colombia. Es un documento importante por los datos que presenta: el 2021 fue el cuarto año consecutivo en el que aumentan el número de víctimas de artefactos explosivos en Colombia, en este año se incrementaron el número de comunidades desplazadas y confinadas y se sostuvieron otras formas de violencia (reclutamiento de niños, niñas y adolescentes y desapariciones forzadas, por solo mencionar algunas). El trabajo del Cicr es fundamental no solo por su actividad humanitaria, sino también por la información que recopilan ya que ayuda a comprender con rigurosidad cómo la violencia armada se ha ido reconfigurando en el país.

El Cicr señala en este informe que en Colombia actualmente se desarrollan 6 conflictos armados: tres de ellos entre el Estado colombiano y organizaciones armadas (ELN, AGC y disidencias de las Farc-EP) y tres de ellos entre grupos armados (ELN, AGC, disidencias de las Farc-eEP, Segunda Marquetalia y Comandos de la Frontera-EB).

Sin duda esta forma de ver las actuales guerras en Colombia es valiosa, porque cuestiona la lógica de una violencia uniforme en todo el territorio nacional. Sin embargo, es también una definición que muestra de forma incompleta el panorama de violencia en el país por concentrarse únicamente en los actores armados y no en las lógicas territoriales de esta nueva violencia.

Esta columna es un intento por aportar a la definición del Cicr y construir desde su propuesta una definición de los conflictos armados en Colombia que dé cuenta de una mayor complejidad sobre lo que sucede en el país. Para ello, proponemos que, en lugar de concentrarnos en los actores armados, observemos las dinámicas territoriales y las subregiones como los espacios en los que desarrolla la guerra.

1. ¿Por qué concentrarse en los actores puede llevar a confusiones?

En primer lugar, aunque sin lugar a dudas en Colombia hay actores armados con presencia nacional, su comportamiento no es homogéneo. En realidad, las dinámicas económicas, políticas, culturales y militares propias de cada territorio hacen que cada una de sus estructuras armadas tenga patrones comportamiento diferenciado. El ELN es un gran ejemplo de esto: mientras en el sur de Bolívar sostiene una pax mafiosa con las AGC, en el departamento de Chocó se encuentra en medio de una guerra con este mismo grupo armado.

En ese sentido, es muy complejo determinar un comportamiento homogéneo para un grupo armado en todo el territorio nacional. No es cierto, entonces, que haya un conflicto entre las AGC y el ELN en toda Colombia. Por el contrario, habría que analizar subregión por subregión para determinarlo.

En segundo lugar, el escenario actual de violencia en Colombia hace que algunos actores armados no sean identificables con facilidad. Considerar una única categoría para todas las disidencias de las Farc-EP, por ejemplo, es confuso: estas no son un único grupo armado (están lejos de serlo) y, aunque ha habido intentos de algunos líderes criminales para coordinarlas, esa coordinación ahora es más una ilusión que una realidad en varias subregiones. Hay disidencias que luchan entre ellas, otras aliadas, otras coordinadas y esta forma de entender la guerra imposibilita entender todos esos matices.

Finalmente, concentrarse en los actores puede llevar también a una visión demasiado “bilateralizada” de la guerra. Es decir, por la forma en que se muestra en el reporte pareciera que en Colombia la guerra siempre es entre dos actores armados. No obstante, en el departamento de Nariño hay al menos 10 actores armados operando, lo que deja ver que aquí hay relaciones complejas, múltiples grupos armados luchando o aliándose entre sí y, por tanto, no siempre es posible determinar lógicas bilaterales de enfrentamiento.

2. Nuestra propuesta: actores, territorio e interacciones

En esta columna estamos de acuerdo con el Cicr en que en Colombia hay varios conflictos armados. Desde la atomización violenta producida por la desmovilización de las AUC y el abandono de las pretensiones nacionales por parte de las organizaciones insurgentes, en Colombia no se desarrolla un único conflicto armado transversal a todo el país. Por el contrario, permanecen activos múltiples conflictos cuyas dinámicas a nivel subregional son independientes de lo que sucede en otras subregiones, aun cuando se encuentren geográficamente cerca.

Sin embargo, a diferencia del Cicr, no creemos que los conflictos deban ser determinados solo por los actores armados, sino también por otras dinámicas, como las interacciones que se gestan entre ellos y el territorio en el que actúan.

En ese sentido, los conflictos armados serían subregionales: hay un conflicto armado en una subregión siempre que en ella haya algún actor armado que utilice (o amenace con utilizar) la violencia armada para conseguir sus fines económicos o políticos. Estos conflictos armados son complejos y tienen diferentes intereses y puede haber múltiples actores involucrados en ellos.

La multiplicidad de los actores inmersos en estos conflictos variopintos también obedece a lógicas propias de cada uno de los territorios, lo cual agudiza el impacto y los efectos que desbordan la misma conflictividad.

3. Los actores

En primer lugar, los actores son importantes porque estos tienen repertorios de violencia distintos de acuerdo con sus planes estratégicos. Es decir, pese a que algunos autores han sugerido que los actores que participan en los conflictos armados están motivados por la codicia y, por ende, sus comportamientos van a ser similares debido a que todos persiguen un mismo fin económico, aquí consideramos que hay comportamientos diferenciados que están mediados por las ideas que los actores enuncian como parte de su programa de acción y por el rol que juegan dentro de las dinámicas territoriales.

Entonces, si bien puede haber coincidencias en el comportamiento de algunos actores armados, deben identificarse las lógicas que hay detrás de cada actuación a fin de que se pueda comprender efectivamente el tipo de conflicto que se desarrolla.

Además, en términos estratégicos, cada actor despliega diversas modalidades operativas, por lo que no es equivalente para el Estado enfrentarse a organizaciones político-militares, que a grupos del crimen organizado que funcionan como intermediarios logísticos para la exportación de clorhidrato de cocaína, por ejemplo. Por ende, aquí coincidimos con el Cicr: es necesario tener en cuenta quiénes son los actores armados en un territorio para identificar el conflicto armado que se desarrolla y los riesgos para la población civil. Hay actores armados que suelen utilizar más minas antipersonales que otros, por ejemplo, otros que suelen confinar, otros que suelen desaparecer personas. Si no se diferencian los actores, será difícil también identificar los riesgos.

4. El territorio

Aquí no entendemos el territorio solo como una unidad geográfica donde suceden las actividades, sino como el conjunto de relaciones sociales y procesos que lo configuran y delimitan. En el marco de la guerra, los territorios pueden entenderse también como la confluencia de dos componentes estratégicos: las administraciones locales como fuente de rentas e impunidad para los actores criminales y las comunidades como lugares de reclutamiento, apoyo social, finanzas y elemento generador de legitimidad. En los territorios controlados por actores armados, cada uno busca implantar su modelo de orden social cooptando el existente o construyendo una nueva institucionalidad (formal e informal) que se relacione directamente con su visión de sociedad.

Es por esto que no basta únicamente con comprender qué actor armado está en cierta subregión, sino que también hace falta entender qué busca en esos espacios (rentas legales e ilegales a las que tiene o puede tener acceso, redes de apoyo comunitario que pueda haber construido, relaciones con las élites locales que posibilitan o dificultan su presencia, conocimiento del espacio territorial para sostener sus acciones, entre otros asuntos).

Justamente por esto es necesario entender los contextos subregionales en los que actúan los grupos armados: porque posiblemente los territorios también ayudan a comprender por qué se comportan de forma diferenciada según la región.

5. Las interacciones

Finalmente, también es importante comprender las interacciones que existen entre los actores armados. No siempre hay violencia entre dos organizaciones armadas que actúan en un mismo escenario. Esto implica entonces que los actores no solo deberían ser analizados de forma unitaria, sino relacional: su papel en el conflicto estará determinado también por el ecosistema criminal en el que están inmersos. Esto permitiría explicar por qué el mismo actor puede ser parte de diversos conflictos en distintos territorios y en cada uno de ellos actuar de formas diversas. Esa diferencia en el comportamiento no evidenciaría necesariamente la inconsistencia del actor armado, sino el carácter relacional de cada conflicto.

Los grupos armados hacen alianzas, se enfrentan, subcontratan a otros actores o simplemente evitan enfrentarse. Por eso es difícil asumir que a nivel nacional las guerras están compuestas siempre por enfrentamientos. Puede haber una guerra en un territorio contra la población civil (por los desplazamientos, los confinamientos o las órdenes que los grupos armados dan) y puede no haber guerra entre los actores armados presentes. De esta forma, entender esas interacciones puede ayudar a explicar por qué, ante la ausencia de acciones bélicas o enfrentamientos entre los grupos armados, en un territorio puede haber consecuencias humanitarias importantes.

6. Complejizar la mirada sobre la guerra en Colombia

En Colombia, la violencia es un fenómeno complejo. No solo se manifiesta de distintas formas en el territorio nacional, sino que también se transforma constantemente, lo que hace que sea muy complejo seguirlo cuidadosamente. Aun así, las discusiones que se pueden generar son importantes y permiten oír diversas voces sobre lo que sucede en el país. El aporte del Cicr de hablar de varios conflictos en el país es fundamental en ese sentido, pues reconoce que no debe entenderse el fenómeno de manera homogénea, y más bien identifica un gran conjunto heterogéneo en el que se desata la conflictividad, sin embargo, deja por fuera del análisis elementos importantes que son necesarios para entender la heterogeneidad enmarcada por las distintas confrontaciones armadas.

Esta columna es un intento por complementar esta idea con una visión territorializada. En Colombia hay muchas guerras, pero estas guerras no son nacionales, sino subregionales. Así, es necesario analizar a los actores armados en sus complejidades: no actúan igual en todo el territorio nacional, no luchan con los mismos grupos en todas las subregiones en las que hacen presencia y no persiguen los mismos fines en cada subregión. Sin comprender esto, será difícil comprender y resolver las guerras que se escenifican en el país

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