Los derechos desechables

Los derechos desechables
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En días pasados la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos “tumbó” la sentencia Roe vs. Wade (1973) en la cual se estableció que la libertad de las mujeres para practicarse abortos estaba reconocida por la Constitución. En otras palabras, que las mujeres tenían el derecho a decidir sobre su embarazo y esta decisión no podía estar restringida totalmente por la ley.

El hecho de que después de casi 50 años se pueda reversar una decisión de esta índole es una clara muestra de que los derechos de las mujeres son desechables y que están en riesgo de ser anulados e ignorados, nuevamente, en cualquier momento. Evidencia también algo que hemos dicho siempre las feministas: la consecución del reconocimiento del derecho no basta, hay que trabajar siempre y sin descanso porque ese reconocimiento siga vigente y para que el derecho reconocido sea respetado.

Contrario a lo sucedido en Estados Unidos, en febrero de este año, a través de la Sentencia C055 de 2022, la Corte Constitucional colombiana despenalizó el aborto hasta la semana 24 reconociendo la libertad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos y sus proyectos de vidas. Un triunfo fruto de un camino legal para el que Roe vs. Wade fue siempre fundamental.

En la C055, la Corte Constitucional exhortó al Gobierno Nacional y al Congreso de la República a formular e implementar políticas públicas integrales (medidas legislativas y administrativas) para proteger los derechos de las mujeres y eliminar los obstáculos para el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos y al acceso a abortos seguros, entre otras. Ello es ejemplo de lo mencionado en líneas anteriores: no basta con la consecución del derecho, se requieren acciones para su protección, cumplimiento y la no obstaculización de su ejercicio. Estas acciones están ahora, en parte, en cabeza de un nuevo Gobierno que prometió en campaña velar por los derechos de las mujeres, que, sobre todo después de la segunda vuelta, se mostró como un aliado de las luchas feministas y, lo más importante y esperanzador, que es el primer Gobierno en la historia de Colombia que cuenta con una vicepresidenta abiertamente feminista y que ha trabajado constantemente por los derechos de las mujeres.

Hoy, con el fantasma de lo sucedido con Roe. vs. Wade acechando y, en Colombia, con el inicio de un nuevo Gobierno, es el momento de recordar lo desechables que son los derechos de las mujeres y la necesidad de implementar políticas para que dejen de serlo. Es el momento de preguntarle al presidente electo, a la vicepresidenta electa, al equipo de empalme y a quien vaya a dirigir, por ejemplo, la cartera de Salud, cómo van a cumplir con la parte que les corresponde del exhorto de la Corte. Es también el momento para recordarles que es un tema primordial y que no puede quedar en segundo plano.

Si el Gobierno y el Congreso no empiezan a trabajar en las políticas públicas integrales que se requieren en este tema, corremos el riesgo de que nuestro recién adquirido derecho sea desechado: parecía imposible, pero acaba de suceder al norte del continente.

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