Los Diálogos Regionales ya tienen el mensaje político, pero les falta concretar

Los Diálogos Regionales ya tienen el mensaje político, pero les falta concretar
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Los Diálogos Territoriales Vinculantes son, en esencia, un mensaje político del presidente Petro: el nuevo Gobierno no se encierra en la Casa de Nariño, sino que va hasta donde tenga que ir para interactuar directamente con la gente. Por eso son diálogos “territoriales”. Además, se espera que los resultados de esa interacción sean la materia prima de la gestión pública, y por eso los llama “vinculantes”.

Desde que empezó el mandato de Petro, el diálogo se menciona reiteradamente. En su versión actual, se trata de 51 jornadas de conversación con la ciudadanía para “construir juntos” el Plan Nacional de Desarrollo, la carta de navegación de todo Gobierno. Cada jornada se realiza en un lugar distinto —solo una de ellas es virtual— y tiene una madrina o padrino del alto Gobierno: 24 cabezas de sector, desde la ministra de Agricultura, pasando por el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), hasta la vicepresidenta. Se espera que el presidente asista a todas las jornadas que pueda.

A finales de septiembre, la masiva inscripción llevó al Gobierno a tomar la decisión de reprogramar los Diálogos y revisar su metodología, señalando ser víctima de su propio éxito. Esta situación muestra que el diálogo con la ciudadanía es fundamental para Petro, así no se tenga del todo definido cómo llevarlo a la práctica. No es improvisación: se trata de un llamado político cuya metodología se puede ajustar —en estos y en próximos diálogos— según el eco ciudadano que encuentren.

El pasado 11 de octubre los Diálogos se reactivaron, con cambios en el cronograma más que otra cosa. Hasta el momento, la ciudadanía ha respondido de manera favorable: asiste de manera numerosa (si bien, no con la masividad esperada por el gobierno), con interés, pero también con cautela. La presencia del presidente, de altos cargos públicos y el adjetivo “vinculante” generan emoción. Pero no es la primera vez que se realizan ejercicios grandes de planeación participativa en estas regiones.

Ojalá, tras el mensaje político, se consoliden una o varias metodologías robustas para el diálogo público, insistiendo en que no hay que empezar de cero.

Sorprende, por ejemplo, que las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) no sean parte central de estos ejercicios, pues permitirían alcanzar un mayor número de participantes, reducen costos y facilitan el intercambio de argumentos (parte central de un diálogo).

Ojalá los diálogos se conecten con la institucionalidad de participación que ya existe. Es una buena señal que los incorporen al proceso del Plan de Desarrollo, pero sorprende que el Consejo Nacional de Planeación —instancia directamente relacionada con el Plan— no tenga aún un lugar en ellos.

El Departamento Nacional de Planeación puede jugar un papel central en el tránsito desde el mensaje político hacia una metodología más estructurada y una mayor conexión con la institucionalidad. Seguramente en estos ejercicios vinculados al Plan de Desarrollo y en futuros diálogos territoriales se tendrá que ir renunciando, diplomáticamente, a la promesa de espacios donde la ciudadanía pide y eso se convierte en un mandato a ejecutar (que es la promesa de lo vinculante). Eso, sin empujarlos al escenario de lo puramente opcional o informativo, una falla recurrente de los espacios de participación que existen.

Es hora de pensar en ejercicios amplios, secuenciales, asincrónicos (gracias a las TIC), en los que la información fluye de manera bidireccional (también con el apoyo de las TIC), y que reconocen la existencia de instancias o mecanismos de participación precedentes pero complementarios. También, que involucren a las autoridades locales, fortaleciendo los principios de la descentralización.

Hay que reconocer la importancia del mensaje político de los diálogos territoriales. Pero también hay que ser conscientes de que el Gobierno debe consolidar una metodología para su desarrollo y conectarlos con los mecanismos de la democracia directa y representativa.

La esperanza es que ese mensaje político aporte, incluso para próximos gobiernos, a un modelo de gestión de lo público en el que la voz ciudadana se traduzca en resultados concretos.

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