Medallas del exilio

Medallas del exilio
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La cosa empezó por investigar un robo en Bucaramanga. Parte de las facultades del CTI son esas. A ella le tocó en la lotería del reparto. Investigando, investigando, porque ese verbo siempre hay que conjugarlo al menos dos veces en estos casos, encontraron a los responsables del robo y del secuestro y asesinato del vigilante del banco donde estaban implicados policías.

De ahí vinieron las primeras amenazas. De ahí la trasladaron a Rioacha, en la Guajira frontera con Venezuela y con el mar. Mientras hacían su trabajo, le llegó una información de un cargamento de coca en donde también había involucrados policías, pero también agentes de su propio cuerpo. Una noche tuvieron una visita en su casa, que les advertía que sabían quiénes eran, de dónde venían y que “cuidadito”. A finales de 1994 ya había sido trasladada a Bogotá. Ahí le tocó investigar a las Farc, y lograron detener al jefe de seguridad del "Mono Jojoy" que le amenazó de muerte.

- Dijo que nos iban a matar, pero la verdad respecto a eso nunca tuvimos ningún problema de seguridad, fueron amenazas y directas, sí, porque nos lo dijo en la cara, dijo: "ustedes chulos...", y groserías, nos decía "chulos", porque trabajábamos en ese momento en colaboración con el Ejército, que nos iban a matar. Pero no pasó a mayores.

Después siguió investigando a ciudadanos desconocidos que resultaron ser luego conocidos narcotraficantes. "Don Diego". "Chupeta". Los alias del hampa en este caso. Y aunque les dijeron que se andasen con cuidado si iban por Cali, la cosa quedó ahí. Por si acaso, no fue.

Después participó en una de las líneas de investigación del asesinato de Luis Carlos Galán, líder del Nuevo Liberalismo que era en esa época una esperanza de cambio, y el de Álvaro Gómez, un líder del Partido Conservador en donde había cinco líneas de investigación distintas. Ahí, las cosas subieron de volumen, y la embajada de Holanda la invitó a perderse y aprender entre los molinos de Amsterdam otras técnicas de investigación, mientras las cosas se apaciguaban. Los exilios para un rato a veces funcionan.

A su vuelta, investigó el asesinato en octubre de 2001 de Octavio Sarmiento Bohórquez, quien había sido representante a la Cámara por el departamento de Arauca, y de tres ganaderos de una región cercana. Los buenos investigadores, tienen éxitos que a veces se convierten en mala pata:

- Digamos que para mi desgracia logré determinar las personas que habían participado y habían organizado todo este tipo de desplazamientos, masacres, hurtos a las personas asesinadas. Habían sido parte de las Autodefensas Unidas de Colombia, y allí empezó la investigación.

Un grupo de ganaderos, abogados, comerciantes, que inicialmente se reunieron con Carlos Castaño para financiar un bloque paramilitar en Guaviare para tratar de librarse de la guerrilla, se convirtieron en víctimas de sus propios contratados, porque los paramilitares comenzaron a extorsionar a mansalva sus cuentas y propiedades, hasta las que no tenían, y mataron a varios de ellos. Después de la captura de El Tigre, en lugar de un reconocimiento, un ascenso o una medalla, el fiscal general declaró insubsistentes a varios de su equipo. Un tipo de expulsión por la puerta de atrás, por no cumplir con sus funciones, aunque habían hecho muy bien su trabajo. La diferencia entre el trabajo y las funciones las marcó en este caso la cabeza de la institución.

Los ganaderos sobrevivientes hablaron, y le contaron que Vicente Castaño, alias "El Profe", había enviado alrededor de 200 hombres a Bogotá para fortalecer lo que en ese momento se estaba organizando como el Bloque Capital, cuya actividad formal era venir a trabajar en lo que era conocido como los San Andresitos en Bogotá, Corabastos y la zona de Ciudad Bolívar. O sea, en el sector de almacenes de día y el sector muerte de noche.

Un día le tocó ir a brindar protección en el traslado de un exmilitar que era miembro del bloque Calima de los paramilitares y que quería desertar, quería hablar de todos esos bajos fondos porque se había salido de la mafia. En lugar de prestarles una avioneta, el fiscal le mandó en viaje comercial a Medellín, y la avioneta se la mandarían cuando encontraran al testigo. Pero la espera en el aeropuerto a que llegara el teniente fue inútil. Al día siguiente, cuando regresó a la oficina, otro testigo le contó que se había frustrado un atentado contra ellos en Medellín, que se salvó de chiripa. El teniente había sido retenido por Carlos Castaño y no se supo más de él. A su testigo lo mataron al año siguiente, en 2003, porque siguió colaborando con ella.

Cuando escuchas su testimonio te preguntas sin parar. Mi imaginación no da para tanto. Un día ella entraba a vacaciones a partir de las 6pm, era viernes, y ya eran las 7:30 cuando agarraba la puerta para salir, pero su jefe le dijo: “vaya a la celda a ver a este man, es importante, y no vaya sola". Y aunque protestó, fue. En la celda, el man la llamó por su nombre completo. Y le dijo cómo se llamaba su mamá, que sus dos hijos los manda en carro, y todos esos detalles que solo sabe alguien que está a tu lado.

- Lo que pasa es que usted se convirtió en un problema para la organización, porque usted está dando información que solo la conocen los altos mandos de las Autodefensas y, en este momento, usted fue declarada objetivo militar. A usted la iban a matar, pero yo no desembolsé la plata para que la mataran porque yo también tengo hijas -me dijo el señor-, pero ¿sabe una cosa?, ya no necesitan pagar porque alias "Tolima" se ofreció a hacerlo gratis solo por ascender en la organización. Cuídese porque la van a matar a usted y a otra fiscal, y quien está dando la información de todo lo que usted hace es alguien de acá de la Fiscalía, un jefe de ustedes.

El compañero que fue testigo no cabía en su asombro:

- Nati, yo he escuchado amenazas, pero lo que acabo de escuchar no lo había visto nunca antes y si yo fuera usted, me iría del país.

En la transcripción del testimonio de las lágrimas que escuchamos por zoom, tuvimos que escribir varias veces "[llanto]".

Unos días después, un compañero del CTI, me dijo: "Natalia, me contaron lo de la entrevista con el detenido, -y me dice- grave lo que está pasando, pero si quiere podemos hacer una cosa, yo puedo conseguirle el contacto para que hable con ellos"; "si quiere, yo la puedo llevar a que hable con ellos y usted les pide perdón para que usted se pueda quedar".

Hay veces que mantener la calma ante la desfachatez es una tarea de heroínas:

- No, no voy a pedir perdón por eso, yo solo hice mi trabajo [llanto]. Y eso me costó el exilio.

El 5 de junio salió con sus dos hijos, su hermana y su esposo. Llegaron a un país donde no hablaba el idioma, no tenía trabajo, no tenía recursos porque en 5 días uno no puede vender lo que tiene. Tuvo que empezar a aprender a hablar, estudiar el idioma. Perder todo lo que había conseguido en 12 años en la Fiscalía, renunciar por hacer bien su trabajo, empezar a buscarse la vida haciendo aseo en oficinas, luego en casas de familia y luego en edificios lavando los baños de 15 pisos, hasta terminó haciendo aseo al cuartel general de la Policía donde vive.

El exilio de una jefa de policía investigadora que tendría que tener la chaqueta llena de medallas, si se trata de proporcionalidad al mérito de poner el pecho frente a crímenes atroces. De todo esto hablamos, cuando decimos verdad y reparación para el exilio.

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