Memoria, un exorcismo cinematográfico del recuerdo

Memoria, un exorcismo cinematográfico del recuerdo
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Foto por Juan Antonio Liévano

A cinco años de la realización del plebiscito de la paz, se estrenó este fin de semana la película Memoria del director tailandés Apichatpong “Joe” Weerasethakul, protagonizada por la actriz escocesa Tilda Swinton y los colombianos Juan Pablo Urrego y Elkin Díaz. 

Una película sin duda sintomática del tiempo que vivimos. Un tiempo que a veces se siente de muy larga duración y otras veces condensa minutos emocionalmente álgidos. La memoria nos habla del tránsito entre el presente y el pasado. También puede traer dejos del porvenir.

Rodada en cine análogo de 35 milímetros con planos muy largos -hasta de catorce minutos- Memoria es una investigación sensorial sobre la evocación del recuerdo. ¿Cómo llega a nosotros un acontecimiento pasado? ¿Qué tiene que ver con nuestro presente y los acontecimientos futuros? ¿Podemos evocar los recuerdos de otros en los propios?

Estas preguntas se plantean en escenas dislocadas, a través de secuencias y cuadros que enmarcan a los protagonistas en diferentes etapas de sus vidas. Como lo explicaba Tilda Swinton en el conversatorio en la Cinemateca después de la premiere, "Memoria" pone en un constante predicamento a los personajes.

La actriz interpreta a Jessica, una visitante extranjera en Colombia que escucha constantemente un ruido, un golpe como de un mazo, en su cabeza. Intentando traducirlo, visita a Hernán (Juan Pablo Urrego), un joven músico e ingeniero de sonido para ver si puede reproducir el eco interno que le martilla la cabeza.

El ruido metálico de Jessica interrumpe sus conversaciones mientras cena con su hermana y su familia, sus paseos por las calles de Bogotá, aparece y desaparece sin explicación alguna. La búsqueda de Jessica en su comprensión del sonido interno que la tribula y no la deja dormir, la lleva a encuentros inesperados con Hernán (Elkin Díaz), ahora más viejo, que le traen recuerdos de otro tiempo.

Los diálogos entre Jessica y Hernán son, quizá, lo más memorable de la película. Encuentros y desencuentros fortuitos cargados de emocionalidad y suspenso. Dos extraños que se miran y se reconocen mientras conversan en la ciudad o el campo, que profundizan en una relación que va más allá de las dimensiones terrenales. Una relación inusual, onírica, que entrelaza su vida presente y pretérita.

Memoria es una indagación del sueño y su conexión con la muerte. Mientras el viejo Hernán duerme, su cuerpo muere. Jessica le cuida el sueño, esperando despierte (o resucite). Cuando Hernán por fin abre los ojos, en medio de la llanura, al lado del río, y se meten a conversar a su casa, Jessica entiende todo.

La recámara rural de Hernán, sus muebles, las cobijas, la ventana hacia las montañas, le recuerdan que ella ya ha estado ahí. Su memoria y la de él coinciden, emulan los mismos recuerdos. Una transposición en el tiempo. El ruido metálico incrementa y viaja a través de una nave espacial que desaparece dejando un aro en el espacio. Momento estelar de ciencia ficción de la película.

Memoria es cinematográficamente magistral por sus paisajes, por la música natural del campo, por los sonidos metálicos que irrumpen escenas donde los personajes transitan y deambulan entre sus recuerdos. Weerasethakul y Swinton escogieron Colombia como el escenario para provocarnos la memoria, al ser “dos extraños” en una tierra que ninguno conocía.

Sin embargo, no es casualidad la elección del paisaje montañoso, por tener esta nación una relación especial con su propia memoria, llena de atrocidades pero también de música y colores. Una memoria histórica que siempre está presente en la vida cotidiana de sus habitantes. Una memoria que transita entre la guerra y la paz.

La memoria es, sin duda, una conversación personal con el tiempo. Una manera propia de registrar los hechos pasados, pero por sus características enigmáticas, a veces converge y anticipa el futuro.

Sin embargo, la memoria es múltiple cuando el recuerdo se narra a otra persona. La fotografía pasada cobra vida en el presente. Ahora alguien más la conoce. Sólo en la narrativa de nuestros propios recuerdos podemos trazar un puente con los otros, explicarles quiénes somos, de dónde venimos. Y en el mejor de los casos, entender hacia dónde vamos.

La evocación de dolores pasados puede generar traumas, el recuerdo revivirlos y su narrativa curarlos o, al menos, exorcizarlos. Memoria es precisamente eso, un exorcismo cinematográfico del recuerdo.

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