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Muchos maestros en Colombia han hecho algo que los malos políticos no han podido ¡Dar ejemplo!

Esta mañana, mi profesora de tercer grado de primaria me sorprendió con el siguiente mensaje: “celebremos que nuestra misión de maestras y maestros aporta de manera significativa al logro de muchos sueños de los niños y jóvenes, con quiénes trabajamos y convivimos”. Junto al correo, incluyó un poema de Gabriel Celaya y una carta -muy conocida- de Abraham Lincoln que le dirigió al maestro de su hijo, sobre la educación que soñaba para él.

Como comprenderán, el correo me sacó de la cama y me condujo a mi escritorio para disponerme a responderle. ¡Qué bueno empezar un domingo quince de mayo de esa manera! En respuesta le escribí que cualquier referencia a mis raíces están marcadas por la felicidad, el buen trato, la experiencia, los colores de los murales, el recreo, el trabajo en grupo, la participación, los amigos, y muchas otras experiencias que pasaron inicialmente por mi corazón y luego por mi mente. Posteriormente le agradecí por haber sido mi maestra. No la veo hace años, pero como notarán, sigue preocupada por mi enseñanza. Se llama Reina y hoy es más joven de lo que era, cuando fue mi profe. Benedetti lo sabe explicar muy bien en el poema “Pasatiempo”.

Dice Steiner (2014) que “hasta en un nivel humilde –el del maestro de escuela-, enseñar, enseñar bien, es ser cómplice de una posibilidad trascendente” (p. 173) Y es esa complicidad la que recibí en una escuela pública. Y ahora, pensando en mi oficio, en la seriedad con que trabajan mis compañeros de Facultad y mis estudiantes (que son maestros), quisiera poder ser fiel a la idea de una educación para la libertad, como la que me enseñaron. “Una sociedad como la del beneficio desenfrenado, que no honra a sus maestros, es una sociedad fallida” (p. 173) agrega este mismo autor. 

Muchos maestros en Colombia han hecho algo que los malos políticos no han podido. ¡Dar ejemplo! Para citar solo un caso, le han pedido a las escuelas fomentar la cultura de la legalidad, mientras buscan mecanismos para evadir impuestos. Seguramente los titulares y editoriales de la prensa hoy se ocuparán con mayor interés sobre la crítica acerca de la resistencia civil y la movilización ciudadana, que del importante legado de los maestros.

Razón tiene Penacc al afirmar que “Todo lo malo que se dice de la escuela nos oculta el número de niños que ha salvado de las taras, los prejuicios, la altivez, la ignorancia, la estupidez, la codicia, la inmovilidad o el fatalismo de las familias”. (Pennac, 2009). Se nos insta hasta el cansancio que debemos tener los resultados en calidad que tienen los mejores sistemas educativos del mundo, pero a nadie se le ocurre, por ejemplo, emprender una investigación que intente responder ¿cómo los maestros colombianos han logrado los resultados educativos, en un país con uno de los mayores índices de desigualdad del mundo? (ver artículo)

Sin querer y sin saber, mi maestra me ha llevado a plantearme estas reflexiones. ¿No es esa, la educación que siempre ha inspirado para sus estudiantes?

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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