Motores de nuestra inflación alimentaria

Motores de nuestra inflación alimentaria
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Motores de nuestra inflación alimentaria
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A comienzos el año establecimos el perfil bidimensional de nuestra inseguridad alimentaria. Sin embargo, esta situación no ha dejado de ser fuente de preocupación nacional en la medida que alimentos centrales en nuestra alimentación, como el pan y la yuca, han subido su precio de manera muy fuerte para los consumidores; mientras que hace algunos meses, fue la papa la carne y la leche. En general, se tiene la sensación que el precio de los alimentos ha disparado el costo de vida en nuestro país. Revisemos que tan certera es esa hipótesis; y echemos un vistazo a las principales causalidades que se plantean en torno al encarecimiento de los alimentos; así como algunas conclusiones provisionales que podríamos pensar al respecto.

¿Qué tan cara esta la vida y que tanto inciden los alimentos?

Nuestra herramienta más poderosa en este sentido es el Indicé de Precios al Consumidor – IPC que calcula el Dane. El IPC es un indicador de inflación que mide la variación en el precio de bienes y servicios representativos de consumo de los hogares del país que también conocemos como canasta familiar. Cada mes, el Dane registra el precio de los 443 artículos de la canasta. Para esto, visita diferentes canales de distribución en 38 ciudades del país, en dónde los colombianos adquieren bienes o servicios.

Cómo podemos ver en la gráfica 1, correspondiente con el último boletín técnico del Dane (mayo 22), el histórico del IPC efectivamente muestra un escalamiento sostenido de la vida de los colombianos.


Ahora bien, si miramos en la gráfica 2, la contribución el IPC por divisiones de gasto en lo corrido del presente año encontraremos que efectivamente la categoría de los alimentos y bebidas no alcohólicas son el sector que más influye en el IPC global.


Dentro de la división de alimentos y bebidas no alcohólicas podemos observar abajo (en la gráfica 3) los productos con mayores contribuciones a la inflación de los alimentos a lo largo del los últimos 12 meses. De la tabla en mención es evidente que el consumo de alimentos derivado de la proteína animal ha sido un protagonista constante.


Como también puede deducirse de las siguientes gráficas (4, 5 y 6), existen alimentos que suben y bajan sus precios de acuerdo con comportamientos estacionales de siembra y cosecha; o a factores fundamentalmente externos como el conflicto entre Rusia y Ucrania.




Es evidente en la gráfica 4 que el tomate tiene una variación de precio que se comporta estacionalmente (suele subir en el primer semestre y bajar en el segundo). Mientras que la carne de res, a pesar de una baja moderada entre febrero y mayo del presente año, ha presentado un incremento consistente desde marzo 2021. El caso del pan, como veremos más adelante, es el alimento que más parece sufrir la duración del conflicto en el Báltico.

Pero ¿qué tanto nos toca el IPC a todos los colombianos? El Dane nos permite responder a esta pregunta de manera estratificada.  

En la gráfica 7 se aprecia cómo la variación el IPC afecta de manera más acentuada (3 puntos porcentuales) a la población vulnerable con respecto al segmento de ingresos altos.


En el caso del segmento especifico de alimentos y bebidas (gráfica 8), aunque la separación de las variables es menos pronunciada, y la gráfica recoge el retroceso de la inflación que el IPC de alimentos registro en mayo 2022; lo que llama poderosamente la atención, es que el encarecimiento de los alimentos a lo largo del último año corrido tiende afectar de manera muy parecida la clase media con pobres y población vulnerable.


¿Qué razones se plantean para explicar la inflación alimentaria?

Existen tres factores que se plantean de manera recurrente para explicar la inflación alimentaria: i) costos e producción; ii) conflictos en el uso del suelo; y iii) una balanza comercial desequilibrada. Veamos si los tres factores resisten la prueba de los datos accesibles para el presente análisis.

  • Costos de producción

A partir del modelo de la revolución verde, nuestra agricultura en sus clústeres agropecuarios es profundamente dependiente de la importación de agroinsumos; lo cual a la final termina encareciendo el proceso de producción de los alimentos que consumimos. Esta realidad tiene dos aristas: de una parte, entre el 17% y el 34% del costo promedio de las actividades agrícolas corresponde a los fertilizantes y otros insumos para el control de enfermedades; mientras que, de otra parte, el 75% de los costos de producción pecuaria corresponde al alimento concentrado.

Podemos observar en la siguiente gráfica 9, de la nota país del centro de datos de la FAO (Faostat), el consumo de fertilizantes ha crecido de manera sostenida desde los 60 hasta la época actual.