Naturalización y legitimación social del mototaxismo

Naturalización y legitimación social del mototaxismo
DayanaFontalvo.jpg

El fenómeno que ha sido tendencia en estos días es el mototaxismo, dado las caravanas de cientos de motos que vimos en distintos puntos de las principales ciudades del país. Esto está ligado a las dinámicas de violencia y movilidad, que ha promovido o colaborando para el crecimiento exponencial de sistemas ilegales de transporte y, en consecuencia, aumentando índices de accidentalidad, mortalidad e incluso de violencia asociada al uso de la moto para cometer actos delictivos.

Por otra parte, hay ciudades que cuentan, a medias, con transporte integrado, es decir, frecuencia y carriles exclusivos. Sin embargo, el nivel de cobertura es deficiente para cubrir la demanda de los ciudadanos. Esta problemática ha llevado a que el transporte informal de pasajeros por motocicleta llegue a ciudades donde se pensaba que era imposible llegar dada sus características demográficas y de desarrollo, tal como Bogotá.

Centrándonos en la región Caribe, el panorama es abrumador. En ciudades principales como Riohacha, Valledupar, Cartagena, Montería, Soledad y Sincelejo reina el transporte informal de pasajeros por motocicleta, denominado bajo el colectivo común como el mototaxismo. Un fenómeno que manifiesta rasgos asociativos de diferentes formas de transgresiones sociales, convirtiéndolo en sí en una patología social estructurada.

Así lo define Guillermo Vargas en su blog Notas Sociales: “Estamos en niveles de colapso comportamental bajo patrones sistemáticos de desobediencia, beligerancia e insensibilidad. El desorden y la desobediencia, dos patrones comportamentales que envuelven a la ciudad en rutas caóticas de irrespeto y cataclismo social, sin medidas preventivas, sin apropiación de conductas, sin cuidado de lo público y, por supuesto, un manejo inadecuado de acciones preventivas y correctivas que conducen a la ciudad a un sinnúmero de problemáticas”.

El fenómeno parte por entender el crecimiento del parque automotriz de las motocicletas, y en tal caso, de acciones que congestionan la cultura ciudadana transitando a la ilegalidad y facetas de violencias operativizadas por este medio.

A lo anterior se suman los constantes desplazamientos por el conflicto armado que llevaron al ciudadano a vincularse con las dinámicas de los territorios de acogida, además de reinventarse para generar ingresos. Las ciudades receptoras de población desplazadas vieron cómo la medida temporal del oficio del transporte de pasajeros en motocicletas crecía, sin mayor grado de planeación, atención y mitigación de riesgos, lo que asumió un costo social inmenso, como coloquialmente se dice, se les creció el enano.

Institucionalidad débil

Evidentemente para la institucionalidad fue más fácil dejar crecer el mototaxismo que posibilitó que muchos hombres jóvenes satisfacieran necesidades básicas insatisfechas a través de la prestación de este servicio, garantizando el derecho al trabajo sin mayor regulación o legalidad.

Me pregunto: será que, si existieran oportunidades en empleo formal, ¿los jóvenes preferirían seguir en la informalidad? ¿Estarían todo el día en una moto bajo el inclemente sol incluso exponiendo su vida en estructuras dedicadas al crimen organizado? La institucionalidad no ofrece un sistema público de calidad que resuelva los problemas de movilidad, un sistema público realmente integral, incluyente, eficiente, que llegue a la mayor cantidad de sitios posibles y con paso regular, que satisfaga las necesidades de los usuarios.

Otra mirada es acercarnos al tema de la anomia social. La violación de normas, en esta oportunidad el mototaxismo, ha sido profundamente interiorizada. Hoy por hoy no hay una institucionalidad fuerte frente a esta problemática. La institucionalidad de algunas ciudades solo se comprometió hasta cierto periodo en establecer anillos de movilidad, sobre todo en la zona céntrica, más por bajar los índices de inseguridad.

De igual manera, se implementaron puestos de control para regular la documentación al día de motos, volviendo la inmovilización un negocio lucrativo. Los corregimientos circunvecinos de las ciudades naturalizaron la práctica del servicio del transporte movilizándose de las zonas rurales, la mayoría sin mayor experticia para maniobrar el vehículo, también sin el mayor conocimiento de las normas de tránsito.

La situación ha alcanzado tales niveles que hoy ya es un hábito común. La réplica por conductas repetitivas se volcó a naturalizarse por parte de otros conductores, entre ellos, taxis y hasta vehículos privados, que ven de alguna manera que no hay autoridad, seguimiento, ni sanciones de orden social o de infracción pecuniaria.

La violencia y el mototaxismo

Hoy por hoy algunos ciudadanos manifiestan que el ejercicio del mototaxismo evidencia una nueva normalidad de desplazamiento: cubrir un servicio eficiente (rápido) oportuno (en cualquier esquina) y personalizado (puerta a puerta), incluso asumiendo riesgos de accidentalidad o mortalidad. Pese a esto, otros ciudadanos plantean inconformidades por el poco respeto al peatón, el nivel de accidentalidad y en consecuencia los niveles de delitos ocurridos a través de este medio de transporte.

Lo más preocupante de este fenómeno es que asume nuevas configuraciones de violencias, lo que indica aumento de más motos y en consecuencia más retos para la institucionalidad. Solo para referenciar un caso, en el Distrito de Bogotá se configuran gremios asociados en plataformas digitales que facilitan la prestación de un servicio, garantizando al usuario evitar trancones, mejorando eficiencia y eficacia en el desplazamiento.

Ahora, si aterrizamos el fenómeno a la manifestación patológica de violencia, podemos evidenciar que asume una dimensión camaleónica. Es decir, utilizar los recursos de dicho medio para transitar por vías urbanas, periurbanas y rurales con gran facilidad para camuflarse en medio de centenares de motociclistas, los cuales conllevan a tener mejor eficacia de escape realizando acciones de violencias ejercida de manera fácil. Recordemos que el mayor número de indicadores de hurtos, robos, asesinatos (sicariato) se realizan bajo este medio de transporte, teniendo en cuenta sus características anteriormente planteadas, entre ellos, rápido y de fácil maniobrabilidad.

Las redes sociales se han convertido para los usuarios de motocicletas como un medio de articulación, han indicado un nuevo orden de comunicación e información, pero, además, interacción en tiempo real, convocatorias, diálogos, debates y hasta encuentros programados o casuales.

Una de las acciones más recientes son las caravanas convocadas por redes sociales. Esto tiene que ver con disfrazar una celebración o acontecimiento local o nacional con un sentimiento, lo que genera la motivación para “tomarse” la ciudad y, con ello, crear caos, desorden, accidentes, hurtos y hasta asesinatos, como el acontecido en la ciudad de Sincelejo cuando atentaron contra la humanidad de una mujer y los criminales se camuflaron en la llamada caravana, asociado a esto, denuncias en otras ciudades de robos a personas, repuesto de vehículos, daños en viviendas, entre muchas más.

Cada vez las modalidades de violencia son más amplias, se amplifican con facilidad y logran su cometido, más cuando no hay estrategias de prevención, seguimiento y judicialización, teniendo en cuenta la ilegalidad de dichas acciones, lo que denota la poca autoridad e inteligencia para mitigar estas crecientes manifestaciones irregulares.

En esta lógica, lo que menos quiero es satanizar el medio de transporte, todo lo contrario, reconozco de alguna forma la génesis de este fenómeno, particularmente porque relaciona la falta de oportunidades, lo que supone un esfuerzo desesperado por llevar el sustento diario a las familias. De hecho, reconozco también el esfuerzo y los riesgos que asocia este oficio con las inclemencias que supone el clima en la región caribe.

Sin embargo, el fenómeno debe ser tratado desde las autoridades gubernamentales, proponiendo políticas públicas para reactivar la economía desde otros ángulos, generando incentivos positivos para fortalecer la microempresas e ideas de negocios en emprendimientos sustentables.

El análisis posterior, por un lado, es que el fenómeno es creciente y en muchos casos se asocia a la ilegalidad y la deconstrucción de la cultura ciudadana y, por otro lado, evidenciar las acciones violentas asociadas para facilitar el crimen (patología social), lo que supone mayores retos para la fuerza pública en buscar mecanismo de reconocimiento global para mitigar los riesgos en el que se encuentran los ciudadanos.

Con base a lo anterior, y como sugerencia en clave de gobernabilidad, es que las autoridades nacionales, departamentales y municipales triangulen estrategias de atención integral a estas dinámicas (mototaxismo), pedagogía cultural que asuman nuevas formas de comportamiento y de relacionamiento conductual, acompañadas de inversión social y ofertas de empleo formal, además de generar espacios y medios seguros de movilidad. Garantizar también formas punitivas sancionatorias que conduzcan a la identificación plena de infractores.

En este mismo sentido, la estrategia nacional y subnacional para contrarrestar el uso de la moto como elemento clave para actos delictivos debe mejorar su capacidad de respuesta y eficiencia en los diagnósticos, en las políticas públicas, en el seguimiento a delincuentes que se camuflan en medio de tanto motociclista. De igual forma, utilizar los medios que hoy tenemos, como por ejemplo las cámaras. Hay que pensar una buena estrategia de seguimiento y constante monitoreo para tener mejores elementos probatorios para la judicialización. 

Temas destacados

Únase a los Superamigos

El periodismo independiente que hace La Silla Vacía se financia, en parte, con contribuciones de nuestros lectores. Conviértase en SuperAmigo de La Silla, para que podamos seguir escribiendo sobre cómo se mueve el poder en Colombia. Adquiera su membresía aquí.

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

Compartir
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias