Nuestras “inseguridades” alimentarias

Nuestras “inseguridades” alimentarias
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Gran discusión ha suscitado en nuestro país el informe “Puntos críticos de hambruna, alertas tempranas sobre inseguridad alimentaria”. Seguramente lo que más llamó la atención fue que un organismo de la talla internacional de la FAO haya puesto a Colombia en el mismo mapa de inseguridad alimentaria junto a países como Haití, Siria, Afganistán, Sudan o la región del Sahel africano.

Como espero poder demostrar más adelante, el presente mapa no es muy exacto a la hora de servir como ejercicio comparativo. Sin embargo, en un contexto electoral como en el que nos encontramos, es inevitable que tanto los candidatos presidenciales como el mismo Gobierno se empeñen en distorsionar este debate con fines políticos.

Por lo anterior, es necesario buscar herramientas que nos permitan dar una discusión que lejos de ser coyuntural seguirá siendo estratégica para la gobernanza nacional en los años porvenir.

En este sentido, los datos que la FAO pone sobre la mesa son relevantes para pensar la seguridad alimentaria de nuestro país a partir de un enfoque multidimensional. El presente texto buscará desarrollar dicho enfoque, así como sus principales cuellos de botella.

Algunas precisiones conceptuales

Primero, la FAO define la seguridad alimentaria cuando todas las personas en todo momento tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana.

Segundo, en términos de la misma FAO, se puede estar en condición de inseguridad alimentaria por factores de orden físico o económicos. La falta de acceso físico se da cuando los alimentos no están disponibles en cantidad suficiente allí donde se necesita consumirlos. Mientras que desde un punto de vista económico, el acceso se encuentra restringido a partir de la imposibilidad de pagar los precios de los alimentos dado el bajo poder adquisitivo de la población.

En este sentido, como buscaremos desarrollar a lo largo del presente texto, la información proporcionada por la FAO nos permite concluir que nuestras inseguridades alimentarias son bidimensionales.

De una parte, nuestra inseguridad alimentaria se expresa en barreras de orden físico, motivadas por factores de orden público y aislamiento geográfico. De otra parte, la información de la FAO, corroborada por los mismos datos del Dane, nos permiten dimensionar hasta que punto factores de orden sociopolítico y de política macroeconómica se traducen en restricciones económicas para porcentajes significativos de la población colombiana, quienes no pueden comprar la cantidad de alimentos necesarios.

La magnitud de nuestra hambre

Muy seguramente en los periodos de mayor confinamiento de la pandemia recordamos los trapos rojos suspendidos a lo largo de barrios enteros, los cuales evidenciaban que en dichos hogares no se tenia acceso a un mínimo vital de alimentos. Idéntica situación, de profunda emergencia alimentaria, estuvo detrás del poder desestabilizador que adquirieron los paros y manifestaciones sociales en el 2021.

Pues bien, debería alarmarnos, y mucho que, en plena época electoral, el informe de la FAO proyecte que la seguridad alimentaria en nuestro país puede deteriorarse aún más.

Para adelantar dicha profecía, la FAO toma como referencia las cifras de la oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha). De acuerdo con el informe serían 7,3 millones los colombianos que sufrirían inseguridad alimentaria en 2022.

Adicionalmente, cerca de 1,1 millones de migrantes venezolanos fueron reportados en situación de inseguridad alimentaria a julio de 2021. Por lo tanto, sí sumamos los 7,3 millones de colombianos más el 1,1 millones de migrantes nos arroja una cifra conjunta de 8,4 millones de personas en inseguridad alimentaria como desafío para el 2022.

Valdría la pena remarcar que Colombia no ingresó a este incómodo lugar en la presente vigencia 2022, sino que lo hace, por segundo año consecutivo, como se puede verificar en el informe anterior correspondiente a 2021.

En 2020 de acuerdo con este informe el número de colombianos en inseguridad alimentaria era de 3,5 millones de personas a los cuales había que sumar 460 mil migrantes venezolanos en situación de inseguridad alimentaria severa.

Como es posible analizar en la diferencia de ambos informes -producidos bajo idéntica metodología- la cifra de inseguridad alimentaria en el país casi que se dobló entre 2021 y 2022.

La dispersión global del hambre

Para producir las cifras anteriores la FAO utiliza la metodología de Enfoque Consolidado para Reportar Indicadores de Seguridad Alimentaria (R-CARI por sus siglas en ingles). Este método busca ubicar cada hogar encuestado en diversos niveles de seguridad alimentaria (Fases de Clasificación Integrada para la Seguridad Alimentaria – IPC); los cuales correlacionan el consumo efectivo de alimentos y la capacidad de afrontamiento del hogar frente a elementos de vulnerabilidad económica y agotamiento de activos.

Las anteriores metodologías se expresan finalmente en la siguiente tabla de referencia de la inseguridad alimentaria aguda:


Ahora bien, el informe de la FAO -objeto de debate- realmente nos aporta muy poco con referencia a cómo está nuestro país dentro de la anterior tipología. Por eso, los invito a revisar el completo Mapa Mundial del Hambre realizado por la misma FAO.