Pan y rosas

Pan y rosas
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Basta con echarles un vistazo a las redes sociales para ver que en el planeta, la banalidad les va ganando a la razón, la historia y el humanismo. Guerreristas, populistas, totalitaristas y avarientos reciben aplausos ignorantes; las ideas profundas expresadas en las palabras se esfuman en la dictadura de las imágenes carentes de contexto.

Somos cómplices por omisión del exterminio de los débiles y observamos impasibles nuestra autodestrucción, pero no importa, porque somos optimistas y eso se celebra haciendo bailes ridículos en TikTok.

Cuanto tienes, cuanto vales…

El calvinismo está más vigente que nunca. Ya no solo se inocula en las iglesias cristianas, cada día con más seguidores; también se aplica al modelo empresarial que castiga al que se queja, al que no tiene buena actitud, al que exige mejores condiciones y sobretodo al que no se autoexplota hasta cumplir con su salvación, alcanzar la tan anhelada riqueza económica.

En el discurso del optimismo, cada resentido o tóxico tiene su castigo merecido por no esforzarse demasiado o no sintonizarse espiritual o mentalmente con la meta impuesta por la sociedad del consumo. Si te va mal es por tu culpa.

Un machismo perverso está tan arraigado en la sociedad que en caso de violaciones todavía se debate si fue la mujer la que se lo buscó, por su forma de vestir, por su actitud o por salir a cierta hora.

En el Día de la mujer, las oficinas, los colegios y las universidades se llenarán de globos rojos con forma de corazón y rosas a punto de marchitarse, cubiertas de plástico transparente para “celebrar” la belleza, el trabajo del hogar, el sacrificio de ser madre, la fortaleza y la entrega.

En muchas de esas oficinas y salones de clases engalanados de rojo por este día aparentemente festivo, todavía no hay equidad de género ni igualdad de condiciones laborales, tampoco se castigan los acosos de todo tipo y siguen flotando en el ambiente frases para ofender como: “Pareces una niña”, pronunciadas por niños que apenas empiezan la vida.

Pocos se detendrán a conmemorar el evento trágico, cuando en plena revolución industrial, las trabajadoras de una fábrica textil murieron asfixiadas porque las puertas de Triangle Shirtwaist estaban cerradas para evitar robos.

Desde el piso, 8,9 y 10 donde se encontraban, algunas obreras saltaron para no morir incineradas (123 mujeres y 23 hombres murieron). La indignación por esas condiciones miserables de trabajo llevó a las mujeres a protestar en las calles de Nueva York con el lema “Pan y Rosas” exigían el fin del trabajo infantil y un ajuste a 10 horas, de los entonces horarios esclavistas.

Hoy, podemos aplaudir la despenalización del aborto aunque haya hasta mujeres que condenen a otras por decidir no tener un hijo y piensen que abortan por placer, como si de ir al cine se tratara. Al igual que el presidente, el más ignorante de la historia de Colombia, desconocen la existencia de esas mujeres invisibles a los ojos del Estado, olvidadas en el campo o en los rincones de los barrios miserables de las ciudades, donde aguantan toda clase de abusos a veces provenientes de la Fuerza Pública y soportan la privación de derechos esenciales como la salud y la educación.

Según cifras del Dane en Colombia, el 43 % de las adolescentes entre 15 y 19 años, fueron madres por primera vez durante el 2020. ¿Dónde estaban? En casa. Una cifra escalofriante.

Por suerte, siempre habrá mujeres como las de Nueva York o como las madres de Bogotá que se organizaron y arriesgaron sus vidas para defender a los jóvenes de la represión policial durante las marchas del 2021.

A paso lento pero seguro estas movilizaciones sociales se traducen en victorias femeninas. Aunque haya quienes prefieren hacer trizas la memoria como si se pudieran borrar las infamias de la violencia de un conflicto armado en el que las mujeres fueron víctimas de toda clase de vejaciones.

Aunque el optimismo patológico de nuestro tiempo nos aleje de temas tan espinosos, cualquier día del año será importante para reivindicar a todas las brujas, que no murieron en vano en la hoguera. 

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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