Quebradona: entre lo ambicioso y lo realista

Quebradona: entre lo ambicioso y lo realista

En Jericó, Antioquia, se está desarrollando un proyecto de minería bastante ambicioso. Se trata del proyecto Quebradona a cargo de Anglo Gold Ashanti, la tercera compañía de oro del mundo, que cuenta con 14 operaciones en nueve países. La multinacional pretende explotar 4,9 millones de toneladas de concentrado de cobre, oro y otros minerales en esta zona. Además, según manifestaron, traería beneficios relacionados a regalías, inversión y empleos a las comunidades aledañas. Esta situación ha sido puesta en duda por ambientalistas y la población.

Vale la pena recordar que, en Colombia, Anglo Gold Ashanti tiene trayectoria desde el 2004 y ha realizado exploración geológica en diferentes regiones del país. Específicamente tiene tres proyectos en etapa de exploración: Jericó (Antioquia), Gramalote (Norte de Santander) y La Colosa (Tolima).

En el proyecto de Antioquia esta compañía viene realizando trabajos desde su llegada y sus estudios arrojaron que en la zona había una alta concentración de cobre. Cabe resaltar que, por estudios previos, en 2015 se declaró a la mina de interés nacional estratégico por la alta demanda que hay en el mundo por este metal. Este es esencial en el desarrollo tecnológico y de energías renovables no convencionales. Según estudios, el mercado mundial de este mineral se proyecta al alza en los próximos 30 años y estaría acompañando los procesos de descarbonización y transición energética, en los cuales Colombia quiere ser protagonista.

Aunado a lo anterior, la multinacional anuncia que este proyecto es clave para el desarrollo del país. La inversión es de aproximadamente de 1.380 millones de dólares, con pagos por concepto de regalías e impuestos por más de seis billones de pesos durante los 21 años de operación. La empresa tiene estimado generar 3 mil empleos directos e indirectos en su fase de construcción, una promesa que ha ilusionado a los habitantes del municipio en el suroeste de Antioquia, quienes tradicionalmente han vivido de la agricultura.

Las promesas y supuestos beneficios que se estiman lo llevan a convertirse en unos de los proyectos extractivos más importante del país y convertir a Colombia en un referente en la explotación cuprífera. Sin embargo, más allá de beneficios económicos, vale la pena cuestionarse: ¿en verdad se van a cumplir las promesas ambiciosas que la multinacional manifiesta? ¿Se tienen contemplados los costos y afectaciones que sufrirán las comunidades en el largo plazo?

Según declaraciones de las comunidades, este megaproyecto traería una serie de conflictos, especialmente desde lo ambiental. El proyecto tiene un plan de minería subterránea, por lo tanto, la idea es cavar 400 metros en la profundidad de las montañas alrededor de Jericó.

Los habitantes del municipio, principalmente campesinos, temen que al momento en que la compañía dinamite las tierras, se hundan los afluentes hídricos cercanos, lo que imposibilitaría utilizarlos para la agricultura y la cotidianidad de la población. Lo anterior no es percibido solo por estas comunidades. Según los análisis realizados por la empresa Emergente Energía Sostenible, debido a las actividades señaladas se puede presentar un abatimiento del nivel freático, lo que significa que el agua subterránea estaría más abajo de lo que está actualmente.

Este fenómeno sería notorio en el 99 por ciento del área de la cuenca de Quebradona, afectando a las quebradas que nutren a los campesinos de la zona. Asimismo, otro cuestionamiento alrededor de este megaproyecto se relaciona con los daños a la biodiversidad. El mismo estudio mencionado anteriormente sostiene que las especies existentes en la zona son susceptibles a los cambios permanentes del agua, lo que a su vez perjudica la cotidianidad y supervivencia de las especies.

Además, como declararon habitantes de la zona en el documental “Verde como el oro”, se perdería el 74 % de las especies mamíferas de la región, el 40 % de las aves y desaparecerían alrededor de 65 mil árboles. En medio de esta oposición, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) está estudiando la posibilidad de darle la licencia ambiental a Quebradona. Y mientras esto sucede, ¿se está creando espacios de diálogos con las comunidades, empresas y autoridades? Lastimosamente, no.

En septiembre de 2020, en la segunda visita de la Anla al suroeste antioqueño, la población realizó una serie de manifestaciones en contra de este proyecto. Sin embargo, el llamado fuerte de la ciudadanía fue poco escuchado y la autoridad ambiental siguió con el proceso. Sumada a estas denuncias está la disputa entre la Alcaldía de Jericó y la comunidad por el megaproyecto. La ciudadanía denunció que, en octubre de 2020, en la semana en que se esperaba una visita de la Anla, patrullas contratadas -supuestamente por la Alcaldía- quitaron la publicidad en contra de la minería que se encontraba en las casas de los habitantes. Asimismo, veedurías ciudadanas ambientales del municipio y el exconcejal Carlos Arturo Londoño manifestaron al diario El Espectador que hay un conflicto de interés entre la Alcaldía y la multinacional, hasta tal punto que Londoño asegura que la empresa financió la campaña del alcalde actual.

Cabe resaltar que, el año anterior, la organización Greenpeace promovió la campaña "Salvemos al Suroeste de Antioquia" con el objetivo de negar de forma definitiva la licencia ambiental de Anglo Gold Ashanti. La organización sustenta que el proyecto amenaza con destruir la riqueza hídrica y los corredores biológicos de diversas especies; entre ellos, el oso andino, una especie en vía de extinción.

Se está en un escenario de gran incertidumbre y pareciera, de nuevo, que las empresas extractivas y las autoridades nacionales y locales no aprendieran de las experiencias pasadas. Los estragos de Hidroituango, o más actual aún, la multa de Corantioquia a la Minera Quebradona por la contaminación de la quebrada La Fea, demuestran cómo se siguen cometiendo errores que tienen en consecuencias irreparables.

Aunque el proyecto es bastante ambicioso, y puede traer beneficios a las arcas económicas del país y ayudar a la misión de la transición energética, se deben contemplar los riesgos ambientales, sociales y armados. A propósito, ya hay líderes ambientales de Jericó amenazados por oponerse a estas actividades extractivas.

Por tal razón, si la multinacional está pensando en pro de las comunidades, el primer paso es crear espacios de diálogo con todos los actores involucrados, y, por supuesto, el segundo paso es poner en marcha los mecanismos de participación obligatorios para estos procesos. Entre todo lo que se habla de este proyecto, no se tiene previsto llevar a cabo consultas previas para las comunidades indígenas de la zona.

Ya sabemos los beneficios de este megaproyecto por las promesas que presume Anglo Gold. Sin embargo, la empresa debería hacer diferencia y, mientras llega la anhelada licencia ambiental, podría adelantar acciones concretas incluyendo a la ciudadanía y así evitar cometer errores recurrentes que terminan pagando las comunidades y el ambiente.

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