Quintero y Cabello: ¿en reversa?

Quintero y Cabello: ¿en reversa?
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Daniel Quintero violó la Constitución y se lanzó a la vía de la participación en política. La respuesta de la procuradora, inconstitucional también, terminó dándole un impulso al alcalde de Medellín. Esta no es una historia de héroes y villanos, sino de dos antagonistas de la democracia.

El caso de Quintero le echa leña al fuego que inició Iván Duque contra una de las garantías básicas de nuestra democracia: la no participación en política por parte de funcionarios públicos. El presidente dio ejemplo y, como no le pasó nada, muchos siguieron su camino. No es descabellado pensar que lo que hizo Quintero se repita en otros lugares del país y en otras elecciones. Esa prohibición que les puso la Constitución a los empleados públicos es vista ahora como un estorbo para proyectos políticos en lugar de una salvaguarda de las elecciones libres.

Una parte esencial de la democracia es el debate público y la idea es que este sea el más amplio y desinhibido posible. Es importante que todas las voces y posturas sean escuchadas en lo que algunos llaman el "libre mercado de las ideas". Así, en principio, sería valioso que los funcionarios públicos como Duque o como Quintero participen y den su opinión sobre todo, pero esto no termina de ser cierto.

 Los funcionarios públicos, especialmente aquellos con cargos como el presidente y los alcaldes, son personas con mucho poder dentro de ese mercado de ideas. Tienen detrás de ellos el dinero del Estado, acceso a canales públicos (como el próximo Quintero lo ha mostrado después de su suspensión) y también tienen en frente la mirada atenta del público. Este es un poder que, si no es controlado, puede acabar con el mercado mismo.

Es por esta razón que nuestra Constitución, a pesar de que dice que tenemos libertad de expresión, le pone un "pero" cuando se trata de funcionarios públicos. A estas personas "les esta prohibido tomar parte en las actividades de los partidos y movimientos y en las controversias políticas". Además, como ya he contado en otras columnas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) ha dicho que los funcionarios públicos tienen que ser más cuidadosos que las personas del común a la hora de pronunciarse públicamente.

Por bobo que sea, un tweet como el que hizo Quintero, el ahora graduado como caudillo pop, está en contra de esas reglas. Aunque no haya una mención directa a Gustavo Petro, cualquier persona razonable entiende que se trata de un guiño a su campaña por el contexto en el que se da y por las palabras que se usan.

Ahora, el hecho de que alguien abuse de su libertad de expresión, como hizo Quintero, no es carta blanca para cualquier tipo de castigo. Estos tienen que cumplir unas reglas que dicta el derecho internacional y la Constitución. La Corte IDH dijo muy claramente en el caso de Petro que una entidad con las características de la Procuraduría no está en capacidad de apartar de su cargo a funcionarios de elección popular. Esto lo tienen que hacer jueces con una serie de garantías procesales. La reforma que impulsó la procuradora, dijo ya la Corte, no cumple con lo que se dijo en esa sentencia de Petro.

Esto se vuelve especialmente crítico cuando el castigo es sobre expresiones hechas por el funcionario que recibe la sanción. Permitir una actuación como la de la procuradora Cabello abre un boquete para que su entidad esté con la lupa sobre las palabras que emitan los funcionarios. Esto puede causar un silenciamiento de los aquellos que quieran hablar sobre controversias de la agenda pública por el miedo a una interpretación amplia cuando quien esté en la Procuraduría no sea una persona afín a sus orientaciones políticas.

Al suspender a Daniel Quintero, la Procuradora termina creando todos los ingredientes para una nueva sanción contra Colombia. Y, más que eso, responde a un atentado contra la democracia con otro. Las limitaciones sobre quién y cómo puede apartar de un cargo a un funcionario de elección popular son clave para que la gente pueda confiar en que el candidato que elija va a poder gobernar sin presiones externas.

Quintero seguramente gana la oportunidad de consagrarse como mártir y Cabello logra dar un golpe de opinión para mostrarse como una persona con poder. En todo caso, la democracia se va en reversa.


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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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