Redes sociales y crimen organizado: la guerra virtual por Barranquilla

Redes sociales y crimen organizado: la guerra virtual por Barranquilla

Como contamos hace unos días, Barranquilla está viviendo una ola de violencia derivada de una guerra entre las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y Los Costeños. En ese artículo mencionamos las razones por las que esta guerra, a diferencia de varias que sucedieron en la ciudad durante los últimos 15 años, está siendo “ruidosa”. Sin embargo, hay una arista de ese “ruido” que parece pasar desapercibida: la apropiación de las redes sociales por parte del crimen organizado.

A diferencia de lo que observamos previamente en la ciudad, los grupos criminales están registrando en videos todo lo que hacen para difundirlo posteriormente en redes. Primero, presuntos sicarios de las AGC hicieron un video amenazando a cualquier miembro de Los Costeños. Posteriormente, Los Rastrojos Costeños grabaron un vídeo amenazando a grupos rivales y “colaboradores” por, en sus palabras, causar caos en el departamento. Después se difundió un vídeo de uno de estos grupos decapitando a una persona y, finalmente, una grabación de un desplazamiento, cuando un miembro de alguna organización criminal amenaza con quemar vivos a quienes no se vayan de la ciudad.

El uso de redes sociales por parte de grupos armados no es nuevo. Organizaciones terroristas las han utilizado para reclutar integrantes, comunicarse con quienes los siguen o, incluso, entrenar a sus miembros. Los carteles mexicanos han utilizado las redes sociales para mostrar actos benéficos, distribuir sus productos o coordinar acciones entre miembros del grupo armado.

Sin embargo, otro de los usos de las redes sociales en México, muy similar al observado estos días en Barranquilla, ha sido la visualización de eventos violentos (decapitaciones, homicidios con gran nivel de sevicia, entre otros). ¿Cuál es el propósito de esto?

Todo esto ocurre en el contexto de la revolución producida por la masificación de las TIC que ha posibilitado que millones de personas accedan a nuevos y variados mecanismos de información y comunicación que antes no existían o su uso era restringido.

Esta democratización de las TIC ha permitido que muchas personas y organizaciones no solo tuvieran acceso a la información, sino también a su producción y distribución a un bajo costo y gran escala.

Además de estas condiciones de interconexión, internet se ha transformado en un factor clave de la dinámica criminal: el control de la información. Entonces, se hace posible hablar de internet como una fuente dinamizadora del crimen organizado, en tanto permite el traslado de recursos, la difusión de narrativas propias y la masificación de mensajes, dependiendo de las condiciones de acceso y uso de la tecnología del que sea capaz una organización ilegal determinada. 

Masificar la percepción de inseguridad

La percepción de inseguridad casi nunca suele coincidir con los datos de seguridad. Las personas pueden percibirse en mayor riesgo de ser asesinadas sin que haya un aumento radical de las cifras de homicidios, por ejemplo. Asimismo, las personas podrían percibirse muy seguras a pesar de que las cifras muestran que la seguridad se ha deteriorado. En Barranquilla, durante los últimos 15 años la situación ha sido, más bien, la segunda: se posicionó la idea de una ciudad pujante y segura, mientras la seguridad se deterioraba desde muchos frentes.

El uso de las redes sociales por parte de los grupos armados parece querer evitar que ese sea el caso hoy. Es decir, al mostrar homicidios y desplazamientos en videos, el daño está hecho sin que hagan falta cifras.

A los grupos criminales les importa poco si el homicidio está o no aumentando; siempre que la población sienta que así es, su objetivo está cumplido. Las redes sociales permiten masificar la idea de que la ciudad está muy insegura (cosa que posiblemente es cierta), añadiéndole el agravante del terror como mecanismo de control social.

Así, en medio de la sensación de inseguridad, logran controlar a las poblaciones bajo la idea de que quien es víctima en el vídeo podría ser cualquiera. Las redes sociales permiten a los grupos armados expandir el terror de forma muy rápida y eficaz.

Dominar las narrativas sobre la violencia

Las autoridades en Barranquilla (y varios medios de comunicación) han respondido a la ola de violencia con la narrativa de “delincuencia común”. Es decir: el problema son los atracos y las extorsiones por parte de bandas delincuenciales, pero no el crimen organizado.

Para los grupos armados en medio de una guerra esta narrativa puede llegar a ser problemática: si la población civil no reconoce la presencia de grupos del crimen organizado en la ciudad, posiblemente algunas de sus principales fuentes de rentas (extorsiones y prestación de servicios logísticos o de seguridad) van a verse afectadas. En ese sentido, estas organizaciones necesitan reivindicarse y demostrar no solo que hacen presencia activa en Barranquilla, sino que sus amenazas son reales.

Violentar a todas las personas que duden de su existencia y se rehúsen a pagar extorsiones es, en la práctica, imposible y demasiado costoso. Por eso, las redes sociales se vuelven un medio de amplificación del mensaje mucho más efectivo. Un solo homicidio masificado en redes sociales puede llevar a contrarrestar la narrativa oficial.

Las autoridades y los medios de comunicación más importantes pueden afirmar que en Barranquilla no hay crimen organizado, pero no pueden evitar que las personas se convenzan de lo contrario al ver un vídeo viralizado en internet y que reciben en tiempo real en sus manos.

Con esto, el crimen organizado gana la disputa por las narrativas y posiciona sus símbolos frente a la población civil. No necesitan intermediarios: las redes sociales les permiten convencer a la población civil de su real nivel de peligrosidad.

Mensajes a competidores armados

Así como las redes sociales son útiles para enviar mensajes a la población civil, también permiten la comunicación indirecta con los competidores armados. Los grupos armados no solo necesitan posicionarse como amenazas reales para sus víctimas civiles, sino también para sus enemigos.

Finalmente, quienes se enfrentan son personas con emociones y percepciones de la realidad. Por tanto, si se logra atemorizar a los enemigos, es posible hacerlos desertar de la organización rival o bajar la intensidad de sus ataques.

Sin redes sociales, estos mensajes implicarían solo muestras reales y masivas de poder (como la decapitación que hubo recientemente). Sin embargo, solo un vídeo de amenaza en redes podría llegar a ser tan efectivo como esto. El éxito de una amenaza radica en no tener que materializarla para que sea creíble. Las redes sociales permiten justamente eso.

¿Cómo afrontar la campaña mediática del crimen organizado?

Es imposible (y, además, poco deseable) controlar el flujo de vídeos, fotos y mensajes que circulan en las redes sociales. No hay forma en la que las narrativas oficiales puedan ir diametralmente en oposición a lo que se viraliza.

Sin embargo, cuando las posiciones de los gobernantes suelen distanciarse tan radicalmente de la realidad, la desconfianza crece y, en el mediano y largo plazo, las personas van a optar por desconfiar de cualquier declaración oficial y acudir a las redes en busca de reforzar sus preconcepciones. Allí es donde las autoridades pueden tener una oportunidad.

Es necesario reforzar la confianza de la ciudadanía. En momentos como este la solución posiblemente no sea la negación, sino todo lo contrario: la aceptación de una crisis de seguridad y la amplía socialización de las medidas que se están tomando para mitigarla.

Mientras siga habiendo negación institucional de la guerra criminal en Barranquilla, las redes sociales seguirán siendo un lugar seguro para los criminales, que encontrarán de forma muy sencilla y barata posibilidades de viralización de sus actividades.

Por supuesto, los ciudadanos pueden considerar no consumir o viralizar contenidos violentos que amplifican las ideas de los grupos criminales, pero no podemos exigir eso sin antes ofrecerles a los ciudadanos canales de acceso a información veraz que les permitan entender por qué se sienten más inseguros. Mientras tanto, las autoridades están dejando las narrativas sobre crimen organizado… en manos del crimen organizado.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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