Repensemos el sistema

Repensemos el sistema
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La educación es uno de esos derechos —y servicios— en donde la impaciencia no tiene cabida. Es un proceso de años y que supone el paso del tiempo para apropiar e incorporar conocimientos, disciplinas, métodos y modelos. En eso se diferencia de la ansiedad del consumo y de la inmediatez que nuestra sociedad demanda en los años recientes.

Aun así, el sistema educativo hoy pide transformaciones que son trascendentales para el futuro del país, y esto exige cada vez más el apoyo de toda la sociedad.

Somos varios los que tenemos confianza en la labor de una persona como el ministro Gaviria y que ha conformado un equipo heterogéneo que puede brindarle fuerza a la discusión de la crisis educativa del progresismo de Dewey y, posiblemente, contribuir a un acercamiento al constructivismo con una enseñanza más interactiva que permita la construcción del conocimiento.

Eso sí, el proceso es importante aunque el resultado también debe serlo, y evaluar los conocimientos y la labor de quienes los orientan no puede dejarse de lado.

La crisis educativa no será superada y las buenas intenciones no serán materializadas sin secretarías de educación, docentes, familias, academia y el Congreso de la República. Este último, el Congreso, hasta ahora no ha brindado más apoyo al ministro que unos recursos adicionales para la educación superior, pero se necesitan discusiones de mayor profundidad para rodear asuntos de fondo sobre la política pública del sector educación y el camino que ha de recorrer.

La educación, tal vez, es el sector con más rezagos después de la pandemia y que mayor adaptación exige para responderles a estudiantes y familias que perdieron la confianza y el valor de esta en sus vidas. Por eso mismo, la pedagogía política debe encaminarse a ser inclusiva, participativa y dejar de lado las misiones de sabios y ponerle más acción a renovar las dinámicas del aula que respondan a estas transformaciones que la sociedad demanda.

Esto exige una línea clara del ministro y su equipo para que orienten el sistema, abran discusiones –e implementen acciones– dirigidas al futuro del sistema educativo, el modelo de descentralización, trayectorias completas, la educación virtual, el rol docente, la formación docente y requisitos para el ingreso a la carrera, del papel de la escuela en la sociedad, entre otras, y, especialmente a mi parecer, vinculen a las familias.

Es decir, empecemos el diálogo para repensarnos el sistema educativo pronto para que no continúe pasando el tiempo y cada día perdamos a más estudiantes por la pérdida de relevancia que está teniendo la educación en nuestra sociedad. Somos varios dispuestos a acompañar estos procesos para lograrlo.

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