Reunión extraordinaria de navidad.

Reunión extraordinaria de navidad.

Diciembre 26 de 2062, taller de Navidad en el Polo Norte.

Después de terminar la larga jornada de trabajo repartiendo regalos a los niños alrededor del mundo, la familia Noel se sienta con sus elfos y renos para hacer un balance de la jornada y limpiar el taller. Sin embargo, desde hace varios años, el sindicato de elfos y renos le ha pedido a Papá Noel una reunión urgente con la junta directiva de la Navidad. Rodolfo, el reno de la nariz roja, había señalado que si está junta no se daba lo más urgente posible, los trabajadores del Polo Norte no regresarían al taller después de sus vacaciones pues la Navidad estaba en peligro. Una junta de este calibre no se había dado desde que se acabó la segunda guerra mundial y se rumoraba que las familias no querían celebrar la navidad.

Dios había llamado unas horas antes para avisar que tal vez llegaría un poco tarde. Llevaba un poco más de un siglo sin estar en la Tierra y quería darle una vueltica para ver cómo iban las cosas. Aunque no dijo mucho en el mensaje de voz, se le notaba un tono de preocupación.

Si bien la reunión se había atrasado, Jesús le dijo al resto de los invitados que llegarán a tiempo pues también era un buen momento para ver viejos amigos y tomarse un chocolatico caliente con galleticas que Papá Noel había recogido este año. Para sorpresa de todos los primeros en llegar fueron los reyes magos, pues a diferencia de travesías pasadas, este año sí le habían echado un ojito a la aplicación del clima y alertas de inundaciones y derrumbes y no sólo a las estrellas. A los otros no se les ocurrió y se encontraron un montón de desastres en sus caminos. Pasados unos cuantos minutos, casi todos los miembros de la junta estaban sentados en la sala de la casa Noel. El único que aún faltaba era Dios.

- Olé Noel, usted como siempre muy atento y todo, pero ¿no cree que la calefacción está como muy encendida hoy? -exclamó el niño Dios mientras iba buscando una abanico dentro de su bolso. 

- No está prendida, mi niño. Así son los climas ahora -le respondió Rodolfo.

Todos voltearon a verlo con sorpresa pues aún se acordaban que en la última reunión, el pobre de Gaspar casi se muere de frío cuando le escondieron el saco.

El silencio lo interrumpe Noel con unos vasos llenos de un líquido negro carbonatado y hielo para atender a sus invitados. Melchor lo mira de reojo y le dice -No me venga a usted decir que esto es el chocolatico moderno-. El anfitrión agacha la mirada, se limpia una lágrima que se estaba aproximando y le responde -En este planeta ya no hay mucho más por ofrecer. Hace años que no hay plantaciones de cacao para hacer chocolate, el agua potable es escasa y cara. Sólo quedan pocas bebidas que producen industrias que acapararon fuentes de agua, las contaminaron y no son para nada saludables, como esta gaseosa. Pobres de mis niños que muchos de ellos ya no tienen ni salud para jugar por culpa de estas porquerías.

-De eso queremos hablarles. La navidad está en peligro -dijo la señora Noel.

-Señora Noel, ¿De qué está hablando?¿Otra vez estamos en guerra? -preguntó apresuradamente Baltazar. 

-No, mi querido amigo. Esto parece ser mucho peor. Aún hay guerras por todo lado, pero esto sería mucho peor -dijo uno de los elfos que llevaba minutos intentando que el proyector le mostrará las diapositivas que había preparado.

-Buenas -dice Dios mientras va entrando por la puerta -empecemos rápido que se nos hizo tarde y tenemos mucha tela por cortar -agregó.

Los elfos hicieron su presentación detallando los riesgos que están afectando la navidad. Por un lado, muchas de las materias primas desaparecieron o están siendo monopolizadas y ya no hay donde conseguirlas buenas, bonitas y baratas. Los renos estaban teniendo problemas de salud pues la atmósfera tiene tantas partículas de gases de efecto invernadero que ya no podían desplazarse tan libremente y sus caderas les están pasando factura. Además, las altas temperaturas están afectando la productividad laboral tanto de los elfos como de los renos y ya no podían ni producir juguetes a la misma tasa y muchos de los regalos la navidad pasada fueron entregados con retraso. Pero eso no lo era todo, el polo norte se había empezado a derretir hace varios años atrás. Ya no tenían casi espacio para trabajar. Para colmo de males, cada vez tenía más y más niños que cubrir pues desde el 2020, las crisis mundiales fueron más frecuentes y muchas mas familias cayeron en la pobreza. Uno de los acuerdos de la junta después de la guerra era entregar siempre un poquito de felicidad y magia a todos los niños pobres del mundo en la navidad, pero ya muchos se estaban quedando por fuera porque no tenían capacidad para atender sus llamados.

-Pero no podemos acabar la navidad. No podemos. Eso es injusto. Estos niños no tienen la culpa de que sus abuelos y padres no hubieran escuchado y hecho caso. ¿Y si corremos los regalos para el día de reyes en todo lado? -dice Baltazar.

-Eso sólo soluciona un problema del montón -le replicó Rodolfo

-La navidad no se puede acabar, eso es cierto. Desde el sindicato nos preocupa nuestros empleos y seguridad. Por un lado, los elfos llevan toda su vida trabajando en este oficio. Cambiar su profesión sería muy costoso y aunque con tristeza estarían dispuestos a hacerlo, las explotaciones laborales en los otros continentes son muy crueles. No tienen garantías, trabajan sobre horas por el consumismo acelerado. Mejor dicho, la calidad de vida de un empleado en el sector de juguetes en los continentes no es para nada buena. Además, los renos estamos en peligro de extinción. Volver a los bosques nos pondría en manos de cazadores crueles. Por eso nos reunimos, tenemos que hacer algo -concluyó Rodolfo.

-Papá, diga algo -gritó Jesús -¿Usted está seguro que esta era la especie que tenía que controlar la Tierra? ¿Todo ese llanto y sufrimiento que me metí allá en la cruz fue por nada? Nos hubiésemos ahorrado tanto con ese diluvio.

-Hijo, yo también lo pensé. Estaba dando vueltas esta mañana y sólo veía como estos toches me habían dañado el planeta y tan bonito que me había quedado. Se nota cómo talaron árboles por diestra siniestra. Muchos de los animalitos que había dejado ya estaban extintos. Incluso el pandita, que yo sé que no hacía mucho pero era bonito y nadie me lo puede negar. También habían desaparecido islas y muchas zonas costeras. Mejor dicho, toda una catástrofe. Ahí me puse a revisar si es que yo había escogido mal la especie que iba a dominar el planeta y nuevamente vi que no, como esa vez que lo envíe a usted a que los salvará. Le iba a decir a Noel que mudara el taller al Polo Sur, pues cuando pasé por Argentina vi que el hueco de la capa de Ozono ya se había cerrado. Pero tienen razón, eso soluciona un solo problema. También vi a la gente está muy triste por lo que está pasando, por el planeta que les tocó vivir y según me dice el ángel Gabriel, la navidad les da un ratico de alegría. Entonces, no sé qué hacer. Porque acabar la navidad no es justo pero sí hay que acabarla, se acaba.

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Mas allá de un cuento de navidad, lo que está pasando en el planeta pone a casi todas nuestras tradiciones en riesgo. Si bien se ha dicho muchas veces que el mundo que estamos viviendo no es el mismo sobre el cual fue planeada nuestra economía. Un planeta más caliente implica muchos retos, sobre todo en poblaciones pobres o vulnerables. No parece sensato que los gobiernos dejen en un segundo plano estas crisis ambientales que estamos viviendo pues los impactos también se verán en el cumplimiento de otros objetivos de desarrollo como la mitigación de la pobreza, seguridad alimentaria e hídrica, reducción de las brechas y todas las formas de desigualdad entre las sociedades, protección social, puestos de empleo y productividad laboral... En fin, aún estamos a tiempo de salvar la navidad y muchas tantas de las tradiciones de nuestra sociedad, el reto es en actuar rápido y concreto.

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