Sobre el caminar en tiempos de pandemia

Sobre el caminar en tiempos de pandemia

"Si un hombre no marcha al mismo paso que sus compañeros, quizás sea porque él oye un tambor diferente".

Henry David Thoreau

Si hay algo que haya echado de menos en los primeros meses de la pandemia fue poder salir a caminar. Caminar en el sentido profundo y amoroso de la palabra. Debe ser porque no había experimentado algo que me alejara tanto de la experiencia del vivir como el teletrabajo. Trabajo y vida han sido como una misma cosa: no he logrado comprender dónde empieza y dónde termina cada una.

Extrañaba caminar porque con cada paso que damos la vida es vida. A fin de cuentas, nadie se aventura a dar una caminata si sabe que su agenda lo apura. Durante el caminar, acepto conscientemente la inmensidad del regalo de la mañana.

El sol, que apenas empieza a salir, es la ofrenda del día. El tiempo se ralentiza. El caminante que emprende una caminata se regala a sí mismo el aire purificador emanado por los árboles mientras conversan. La respiración goza de una forma particular de sosiego.

La palabra que se reposa en el caminar es profunda. Por eso para algunos filósofos era una condición necesaria para el oficio de pensar. En la enseñanza auténtica el maestro camina al lado de su estudiante mientras juntos exploran universos insospechados.

En la película "La lengua de las mariposas", el niño descubre el mundo de la mano de su maestro Gregorio: "Había sábados y festivos que pasaba por mi casa e íbamos juntos de excursión. Recorríamos las orillas del río, las gándaras, el bosque y subíamos al monte Sinaí. Cada uno de esos viajes era para mí como una ruta de descubrimiento”.

Para Henry David Thoreau el caminante es “una suerte de cuarto Estado, por fuera de la Iglesia, el Estado en sí y la comunidad o el pueblo”. En el libro "Caminar" dice: "yo pienso que no puedo preservar mi salud y mi espíritu si no paso al menos cuatro horas al día -y por lo general un poco más- peregrinando entre los bosques y por las colinas y campos, absolutamente libre de las ataduras del mundo".

Para este caminante todas las cosas buenas son salvajes y libres. De tanto en tanto vuelvo a sus palabras porque me resultan consoladoras. Me recuerdan que mi abuelo fue el caminante que aprendió el lenguaje de las plantas.

Paradójicamente, el mayor logro al que aspiramos en el retorno a la normalidad es el de dar un paseo por el centro comercial los fines de semana. En la lista de sitios preferidos durante la reapertura ha sido el lugar por excelencia; por encima de las escuelas y las bibliotecas que muy pocos añoran.

Hay quienes encuentran en el deambular por el centro comercial el alimento necesario para retornar a su labor el lunes siguiente. Generalmente caminan sin mirar y experimentan cierto orgullo al contar las pocas horas de ocio que se regalan al día. No es raro que sientan deseos de ponerse al día en los correos los domingos por la tarde.

Algunos confunden el arte de caminar con el de dar un paseo.

Robert Louis Stevenson, en su ensayo "Caminatas", reflexiona sobre el asunto. "Aquel que verdaderamente pertenece a la hermandad del caminante no pasea a la búsqueda de lo pintoresco, sino de ciertos agradables estados de ánimo: la esperanza y la energía con las que comienza la marcha en la mañana, así como la paz y la saciedad espiritual del descanso en la noche".

Caminar -dice Erlingk Kagge- es una mezcla de movimientos, de humildad, de equilibrio, de curiosidad, de olores, de ruidos, de luz y, cuando me voy muy lejos, de añoranza. En su libro "Caminar" dice: "las ventajas de descubrir el mundo a pie no es otra cosa que una serena invitación a practicar la pedagogía del caminar".

Cuando caminamos por entre la espesura de los días y sentimos que el corazón se nos arruga quizás lo que experimentamos es el llamado a dar una caminata por el bosque. Todos, a fin de cuentas, guardamos un bosque en nuestros anhelos.

En 1982 los japoneses lo llamaron "shinrin yoku" o "baño forestal". Hoy en día es toda una terapia y sus beneficios saltan a la vista: “bajan la presión arterial, fortalecen el sistema inmunológico, reducen las hormonas relacionadas al estrés y la incidencia de infartos”. Pero no me refiero exclusivamente a la salud física.

Mientras caminamos nos confrontamos con nuestros propios pasos: los ya recorridos y aquellos que tememos dar. Pero ¿qué necesitamos para emprender una caminata? Thoreau escribió: "Si estás preparado para dejar a padre y a madre, a hermano y hermana, a esposa, hijos y amigos, y no verlos más; si has pagado tus deudas, y hecho tu testamento, y puesto en orden tus asuntos, y si eres un hombre libre, entonces, estás listo para una caminata".

Tú, que has vivido en este distópico tiempo de pandemia y tienes renuncias pendientes por hacer, ¿estás preparado para dar una caminata?

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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