Superar malos entendidos y “deliques” dentro del aula

Superar malos entendidos y “deliques” dentro del aula
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La totalidad de los sistemas económicos, sociales y políticos, incluidas las organizaciones, los partidos políticos, las empresas, las familias y las universidades, son propensas a fallas reparables. Lo mismo ocurre con relaciones microsociales, inevitablemente directas y personalizadas, como la amistad, el afecto y las diversas labores de educación y formación.

La salida (libre movilidad) y la voz (libertad de opinión y de expresión), acompañados de la cohesión social (lealtad), permiten que, mediante la comunicación oportuna y diversas acciones de cambio, las personas que participan en los mencionados sistemas y relaciones reparen sus fallas y, además, los mejoren. Así lo sostiene Hirschman, este gran economista heterodoxo que mostró que las organizaciones que taponan la salida y acallan las voces se autodestruyen. También argumentó que, cuando la voz no es escuchada, esta se puede tornar más estridente y la salida se torna radical, a manera de una deserción, divorcio o ruptura de la relación social, política o económica.

En esta columna se abordará un aspecto particular del problema, a saber: la existencia de voces que, resultado del “delique”, denuncian como graves fallas lo que, en realidad, son falsas, infundadas o inexistentes faltas. Además, dan lugar a fatales malos entendidos, debido a que no son voces directas ni oportunas pues, en lugar de confrontar a quien las emite, se desvían, a manera de quejas, hacia alguna autoridad superior a la persona (responsable), que es calificada de agresora y culpable de alguna falta grave.

De acuerdo con el veterano periodista Daniel Samper Pizano, el “delique” es una forma de extremada corrección política, la cual se aplica a la diversidad de relaciones sociales y fomenta una enfermiza hípersensibilidad, en especial, ante palabras y expresiones que no encajen en el molde de lo políticamente correcto. Quienes promueven el “delique” y los que se han deformado como “delicaditos”, se obsesionan con mantener unas relaciones normales e inmersas dentro de una hipermonótona planitud.

Es pertinente mencionar, con preocupación, que el llamado “delique” pudo haber empeorado luego de casi dos años de encierro y de actividades académicas a distancia (a causa del cuestionado y errático manejo de la pandemia del covid). Tristemente, hay estudiantes que, durante varios semestres, no han conocido la plena vida universitaria, la cual implica encuentros directos en aulas, corredores, plazas, bibliotecas e, incluso, cafeterías (que, durante décadas, fueron escenario de importantes tertulias académicas).

Quienes promueven tal corrección política buscan un enfermizo sueño de unidad y de uniformidad del pensamiento y de la acción. Suponen, erróneamente, que el lenguaje humano se puede reducir a un sistema de convenciones que, como los sistemas de medidas o las señales de tránsito, generen un equilibrio y un significado, obligadamente, compartido por toda una colectividad. ¿Acaso sueñan con imponer un lenguaje correcto e impecable, a través de especialistas amparados en alguna suerte de ministerio de la propaganda o de la verdad?

Sin embargo, lo fascinante del lenguaje humano es su ambigüedad y diversidad de interpretaciones que permiten la poesía y el humor, aunque, muchas veces, la comunicación sea incompleta y basada en creencias. Ante tales imperfecciones, solamente la interacción repetida y participativa puede permitir que, a través de ensayos y de errores, podamos superar los malos entendidos y limitaciones comunicativas.

Sin tal insistencia en la mejora de la comunicación pueden ocurrir grandes equívocos, como el que les ocurre a quienes no indagan si, por ejemplo, en una relación amistosa o afectiva son correspondidos. Una popular canción de Los Trovadores del Cuyo da cuenta de lo trágico del desencuentro en el lenguaje, en particular, cuando nos quedamos con la propia interpretación y no interrogamos a la contraparte. La canción “Como se adora el sol” muestra la tragedia de quien piensa con el deseo y se queda con su solitaria interpretación:

Ya ves mi vida,

Lo grande de mi amor,

Amor que ahora,

Tan solo es ilusión.

Soñé que me querías,

Creí lo que soñaba,

Creí que me adorabas,

Como te adoro yo

En el artículo citado, el periodista Samper da un ejemplo concreto, acerca de las nefastas consecuencias del delique.

El 12 de abril de 2011 se suicidó el profesor Antonio Calvo, quien dictaba literatura española en la Universidad de Princeton, y tenía una trayectoria de una década. El silencio de la prestigiosa institución académica contrasta con las indagaciones de su colega Ricardo Piglia  y los testimonios de algunos estudiantes entrevistados por la prensa .

El suicidio de este académico pudo haber sido causa de un mal-entendido (algo bastante preocupante en una facultad donde se estudia literatura): al regañar a uno de sus estudiantes por su bajo rendimiento académico, el profesor Calvo le dijo una expresión española algo similar al dicho colombiano “no mame gallo”. Lo que ocurrió es que el extremado delique de uno o varios estudiantes se plasmó en quejas y en evaluaciones al docente y, en un caso extremo de juicio sin debido proceso, la prestigiosa universidad usó tan deformado insumo para tomar la decisión de despedir, fulminantemente, al profesor Calvo. Cuatro días antes de su salida radical e ineluctable de este mundo de los vivos, le fueron decomisados sus implementos de trabajo y su contrato laboral fue suspendido.

Otro caso preocupante de hipersusceptibilidad de padres de familia ocurrió en algunas escuelas estadounidenses que, atendiendo las quejas de los progenitores, decidieron no maltratar a sus estudiantes con libros que contenían insultos raciales. Los textos prohibidos fueron “Matar a un ruiseñor” de Harper Lee y “Las aventuras de Huckleberry Finn” de Mark Twain .

La voz distorsionada es una voz con altos niveles de entropía, esto es, un mensaje desgastado que ha perdido coherencia y calidad, y que resulta muy disperso. Tal voz distorsionada y diferida empeora las limitaciones y ambigüedades propias de nuestro imperfecto lenguaje. La causa de tal distorsión es que la voz que no es directa ni oportuna y se pierde en el tiempo, al navegar, durante días, por los recovecos de jerarquías y divisiones del trabajo de las organizaciones. Además, puede suceder que, desde la fuente que emite la queja, ya está sesgada por prejuicios que, frecuentemente, son causados por el lenguaje de la extremada corrección política.

La voz tiene más riqueza informativa que la simple salida, pues la primera pertenece al ámbito de la política (y transmite clamores y agravios), en tanto que la segunda es parte del reino de los mercados, que apenas son sensibles a la pérdida de clientes o de proveedores, o a los clientes y migrantes que, en silencio, votan con los pies. Estos atributos de la voz aumentan cuando esta es directa, horizontal y, además, oportuna.

Hay algunos ejemplos de voces directas y oportunas. Hacia noviembre de 2011, un grupo de 70 estudiantes y profesores salieron (en protesta) del aula de clase de Gregory Mankiw, famoso por sus textos de introducción a la economía. Inspirados por el inconformismo social en contra de los economistas que, en plena crisis financiera, defienden a los bancos, estas juventudes emitieron una breve voz (un comunicado) para criticar el conservadurismo, los sesgos ideológicos y los fantasiosos supuestos de las clases de introducción a la ciencia económica .

Un par de años atrás, cuando media humanidad estaba sufriendo un encierro medieval, como medida presuntamente eficiente para disminuir el contagio por covid, un grupo de economistas heterodoxos holandeses y de otras latitudes, emitió su voz de inconformidad con respecto a la política económica convencional con un detallado manifiesto.

Hay tres ejemplos muy recientes de voces, terriblemente francas, e incluso bastante ofensivas, pero directas y oportunas, que se han emitido en escenarios públicos mucho más vastos que un aula de clases. Hacia finales de febrero, el cantante puertorriqueño Residente compuso una canción, con fuerte voz de crítica a la superficialidad, el machismo y el racismo estilado por el cantante paisa J. Balvin, al que califica de “bobolón”. Hay que recordar que, como se apunta en este texto publicado en El Clarín , los artistas Residente y Bad Bunny compusieron la canción “afilando los cuchillos”, y esta voz, de protesta política, ayudó a la caída del cuestionado gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló.

En medio la fuerte contienda electoral que se libra en Colombia, la cantante Marbelle ha emitido una voz, fuertemente ofensiva, cargada de racismo, en contra de la gran líder Francia Márquez (fórmula vicepresidencial de Petro). La lideresa afro ha respondido con una voz conciliadora, aunque se percibe que, por los lados del público, la cantante comienza a sufrir una salida de clientela (pérdida de conciertos y de clientes).

En la reciente ceremonia de los Premios Oscar, el gran actor Will Smith respondió con una voz en demasía estridente (grito, grosería y cachetada) en contra del ofensivo chiste que el presentador Chris Rock había emitido en burla de Jada, la esposa del célebre actor, que sufre una tremenda caída del cabello. La masiva difusión en vivo y en directo de las cuestionadas voces ha sido al menos enriquecedora, pues ha propiciado discusiones sobre el lenguaje, el racismo, el sexismo y otros problemas.

Como, acertadamente lo señala Marías el riesgo es la “tontificación” de la escena, un mundo con nulas libertades de opinión y de cátedra, en donde la inteligencia se acobarda y es acorralada, un mundo en donde no exista alguna persona que diga, con franqueza, lo que piensa.

En las universidades y colegios de Colombia estamos a tiempo de evitar fatales errores e injusticias.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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