Tecnicismos contra realidades (segunda parte)

Tecnicismos contra realidades (segunda parte)

Los comentarios acerca de la exorbitante cifra, que denota el bajo nivel de compromiso de los recursos de regalías, también han girado alrededor de cómo y en qué podríamos usarlos. La respuesta es amplia, pero simple: en muchos tipos de proyectos, siempre y cuando sean de inversión y de iniciativa de los municipios, los departamentos o las comunidades. Es decir, estos recursos de inversión son de los territorios, no del nivel nacional. Con lo cual el gobierno nacional no puede más sino apoyar a los entes territoriales y comunidades, como lo establece la Ley 2056 de 2020, a través de la asistencia técnica para estructurar los proyectos. Ahora bien, también pueden servir de fuente adicional, con los recursos del Gobierno nacional, para apalancar y conducir al cierre de financiero de obras prioritarias para la población.

La historia de las regalías ha dejado en evidencia las dificultades que tiene el país para estructurar proyectos. Las razones son múltiples: incapacidad de los gobernantes para estimular la formulación de proyectos, complejidad del sistema de aprobación, baja capacidad técnica de los entes territoriales y las comunidades, poca disponibilidad de ejecutores en las regiones o, simplemente, ausencia de ideas de proyectos.

Varias cosas se han hecho para tratar de agilizar el sistema: flexibilizar los procedimientos, mejorar la metodología de proyectos (mejor conocida como la MGA), permitir que las personas jurídicas estructuren proyectos, estrategias de capacitación, entre otras. Pero todo esto parece ser insuficiente, así que es momento de ver el sistema desde otra óptica.

En primer lugar, los niveles nacional, departamental y municipal, acompañados por las Regiones Administrativas de Planificación (RAP), los Consejos Regionales de Competitividad, Cámaras de Comercio, entre otros, y aprovechando esquemas que existen en el país, tales como los pactos territoriales y los esquemas asociativos territoriales, deberían desplegar una gran estrategia para definir a nivel de idea proyectos "jalonadores", intensivos en mano de obra, que requieran las regiones. Estos proyectos deben tener un orden determinado, definido en función de su impacto en desarrollo. A manera de ejemplo, propongo: 

  • vías terciarias pavimentadas e iluminadas (incluidos muelles, si el transporte es fluvial o marítimo); 
  • colegios con aulas inteligentes; 
  • centros de salud tecnificados; 
  • centros de acopio multiusos, incluidos cuartos de frio y asistencia en transformación de productos y comercialización agropecuaria; 
  • acueductos regionales; 
  • alcantarillados, 
  • vivienda urbana y rural; 
  • infraestructura deportiva y cultural (coliseos, parques temáticos, canchas y museos).

La idea sería tener un portafolio determinado de proyectos. Esto es diferente a la idea de Proyectos Tipo. El portafolio sería un listado jerarquizado de proyectos en el que, en caso que el municipio no cuenta con la red terciaria pavimentada e iluminada, si esta fuera el proyecto jerarquizado, no podría pensar en invertir en otro proyecto hasta no garantizar los recursos y acciones para el mismo. Los Proyectos Tipo, por su lado, son guías predeterminadas para la estructuración de los proyectos, las cuales podrían ser de utilidad obviamente.

Segundo, crear una figura tipo encargo fiduciario que separe el valor estimado de todo el proyecto, con lo cual se asegura que, en caso de ser viable el proyecto, se cuenta con la financiación necesaria para su finalización. La forma de estimar este valor sería a partir del promedio de este tipo de proyectos en el pasado.

¿Por qué un esquema tipo encargo fiduciario? La superación de la crisis inmobiliaria de los noventa se logró gracias a la creación de mecanismos, como las fiducias, que se encargaban de manejar el dinero de los compradores; y solo permitían que el constructor iniciara obra si el proyecto ya contaba con toda la estructuración del caso y tenía dinero suficiente para no quebrar, es decir punto de equilibrio. De lo contrario, retornaba los recursos consignados, con algunos intereses. Regalías debería considerar estas lecciones, a fin de poder madurar proyectos, que, si no maduran, simplemente retornarían los recursos, pero al menos se estaría creando una expectativa probable de dinamización de la economía.

Tercero, iniciar, actualizar o culminar la estructuración de estos proyectos y, en paralelo, iniciar algunas obras y tareas menores necesarias, tales como compras de terrenos, descapote, promoción, etc. En otras palabras, esto implicaría iniciar a medida que se terminan de madurar los proyectos. Como alternativa para el desarrollo de estas obras menores, se podría acompañar con un proyecto de Empleo Solidario, en el que las comunidades reciban un recurso a cambio de tareas básicas, que ayuden a reactivar el empleo y el consumo en la región.

Y cuarto, una vez estructurado el proyecto, proceder a su bancarización (de banca de inversión), si es posible, de manera que se puedan atraer recursos privados para las regiones, o simplemente iniciar los procesos licitatorios para la contratación de las obras y desarrollo del proyecto.

En conclusión, la posibilidad de comprometer el dinero existe, y lo que se requiere es concentrarnos en comprometer rápido y bien, sobre una oferta determinada de proyectos debidamente priorizados que induzcan a crear condiciones para mejorar la productividad de las regiones, mejorar las condiciones sociales y generar empleo. 

Seleccionar los proyectos a nivel de idea, utilizar a las fiducias para asegurar la debida estructuración y cierre financiero de los proyectos. Y, a la vez, realizar acciones menores, alrededor del proyecto, con mano de obra local, que permitan dinamizar las regiones. Todo lo anterior, liderado por los gobernantes locales, quienes están llamados a generar, desde los territorios, el verdadero desarrollo regional.

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