Tiempos inciertos, vidas inestables

Tiempos inciertos, vidas inestables
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A nivel global como humanidad estamos viviendo un periodo de alta incertidumbre como consecuencia de múltiples crisis que nos afectan a gran velocidad y a veces se sobreponen, como pandemias, salud, guerras, desplazamientos forzados internos y alcance transfronterizo, desastres naturales o estallidos sociales que están afectando de manera negativa nuestras proyecciones de vida y nuestro potencial de desarrollo humano.

Los efectos no están siendo simplemente en la calidad de vida de los individuos, como en menor educación, salud o ingresos, sino que se está afectando la capacidad de las personas para decidir sobre sus vidas.

Nuestras vidas se ven afectadas por tres niveles de incertidumbre.

Primero, los cambios planetarios del Antropoceno donde observamos mayor número, frecuencia y magnitud de desastres naturales están ampliando los niveles de desigualdades, afectando sobre todo a las poblaciones más vulnerables. El mundo esta experimentado más conflictos que en ningún otro momento desde la segunda Guerra Mundial y más de 1.200 millones de personas viven en zonas de conflictos actualmente, las cuales padecen directamente las consecuencias del conflicto. Una mayor inseguridad nos aflige.

Segundo, todos los cambios económicos y sociales que se están viviendo actualmente se podrían comparar con lo que en su momento se vivió en la transición agraria a la época industrial. Me pregunto: ¿hacia dónde estamos transitando?

Y en tercer lugar, vivimos una crisis de salud mental, mayor inseguridad humana, además del crecimiento desmesurado de la polarización política y social entre países y al interior de los países, alimentado por la desinformación amplificada por el uso de nuevas tecnologías. Por ejemplo, uno de cada cinco jóvenes dice sentirse deprimido. Se están construyendo narrativas extremas y a veces imaginarias que influyen en las formas de actuar y pensar de las personas. ¿Cómo nuestras sociedades e instituciones atendemos vicisitudes que están alterando el desarrollo humano de las personas en el mundo? Por primera vez desde que se lanzó el Informe de Desarrollo Humano en el 1990 observamos un retroceso global: el Índice de Desarrollo Humano ha retrocedido en el 90% de los países. Se están eliminando el progreso de los últimos cinco años.

Todos estos elementos son considerados en el nuevo Informe de Desarrollo Humano 2021-2022 de Pnud que se titula “Tiempos inciertos, vidas inestables”, donde se propone una conversación global cuestionando desde distintas perspectivas la situación actual y futura. Si el mundo cuenta con la ciencia y la sabiduría para resolver los desafíos actuales en materia económica, social y ambiental, ¿por qué se nos hace tan difícil a la humanidad e instituciones trabajar en las respuestas? ¿Qué nos impide que avancemos en soluciones compartidas? ¿Será que ya no tenemos las instituciones que nos permitan responder con la velocidad, agilidad y complejidad lo que demandan los nuevos desafíos globales que no entienden de fronteras? ¿Qué nos impide diseñar otros mecanismos que permitan dar soluciones no solo a corto plazo, sino que también tengan la conciencia de generar cambios a mediano y largo plazo? ¿Por qué en un momento donde la humanidad acumula el mayor nivel de riqueza desde que empezamos a medirla, la gente siente un futuro incierto y sin perspectiva?

Lo cierto es que las brechas de desigualdad, que han aquejado históricamente a los pueblos, se siguen ampliando (por ejemplo, la pandemia impactó en la capacidad de leer y escribir en niños de primaria por cuenta de la inasistencia escolar y poco acceso a educación pertinente) y, con ello, se está afectando la posibilidad de crear nuevas oportunidades para generaciones futuras. Las bajas expectativas en un futuro mejor y la desconfianza de las personas en los otros está desvaneciendo la oportunidad de las personas de soñar en un mundo mejor.

Así pues, el informe nos invita a reflexionar en la necesidad de fortalecer nuestras instituciones y promover políticas públicas pertinentes que nos permitan generar mayores capacidades y oportunidades para todas las personas en cada uno de los territorios, especialmente a las más vulnerables.

Es indispensable promover una mayor inversión en los objetivos de desarrollo sostenible, políticas de protección social más inclusivas y resilientes a choques externos, así como la capacidad de innovar para reducir desigualdades en nuestras sociedades y descarbonizar nuestras economías y hacerlas más sostenibles. Además, resulta prioritario apostar a la inversión en procesos de desarrollo humano donde se valore la importancia de crear condiciones para que el ser humano tenga la posibilidad de vivir una vida que valga la pena.

¿Cómo podemos como sociedad promover la creación de narrativas, valores y normas sociales que permitan crear esperanza en un futuro mejor?

Colombia no es ajena a esta realidad. Vemos cómo la pandemia del covid ha dejado en el país impactos en educación, en pobreza, en empleo o en la economía general. Asimismo, Colombia ve con mayor frecuencia fenómenos y desastres naturales (huracán Iota, permanentes derrumbes o inundaciones en varios territorios del país) que impactan a las poblaciones más vulnerables. Los eventos internacionales de guerra y problemas de cadenas de suministro están teniendo efectos negativos en la economía local encareciendo el costo de vida (inflación en agosto llegó a 10,8%, guiada por alimentos y energía) y por ende empobreciendo a la población (pobreza monetaria en 2021 fue de 39,5%). En el último año de contienda electoral, hemos vivido y convivido con una gran polarización política y social donde la opción que ganó las elecciones representa amplios espectros de la población y territorios que estaban excluidos en los mecanismos de participación política y marginalizados de los beneficios de crecimiento económico y social. En fin, Colombia también está inmersa en la confluencia de eventos y situaciones que nos están poniendo a todos los que vivimos en este territorio en situación de incertidumbre.

No podemos caer en la desesperanza e inacción. Juntos debemos pensar, analizar y encontrar soluciones impensables, solamente unos años atrás. El llamado a la acción comienza con invitar a los más privilegiados a que su situación de comodidad no nuble la empatía a la hora de buscar soluciones para todos. El siguiente paso es vernos como sociedad, buscando puntos en común para avanzar y no de desencuentro para dividir. Bien lo dijo Achim Steiner, administrador del Pnud, en el lanzamiento del informe: "[…] estamos paralizados colectivamente a la hora de realizar estos cambios. En un mundo definido por la incertidumbre, necesitamos un renovado sentido de la solidaridad global para afrontar nuestros retos comunes interconectados”. 

Todos debemos aportar a la construcción de nuevas instituciones, normas sociales y narrativas, para enfrentar nuevos desafíos, esta nueva realidad. Como dijo Mary Robinson: “¿Qué tal si un mundo mejor está todavía por llegar? Necesitamos más líderes con una mentalidad Moonshot”. ¿Por qué no hacemos lo imposible posible?

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