Todos los nombres

Todos los nombres
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René viene con todos los datos, informes y recuerdos acumulados. Como un barco que ha estado dando vueltas durante años, pendiente de un puerto para la descarga. Una tras otra, habla de personas con nombre y apellidos para que no haya confusiones, como si guardar todo eso en la memoria fuera la única manera de protegerlos de su ausencia.

El relato de los hechos pasa de uno a otro. Cada hecho es atroz. Un atentado del que se sobrevive con un agujero en la mano, porque Geminiano agarra el cañón del arma del sicario, aunque no puede quedarse en el país y el agujero sea testimonio del exilio. Hay un lenguaje que termina despolitizando y quitando el corazón a lo que hablamos. Por ejemplo, si el horror de lo vivido puede clasificarse en violencia letal y no letal, el desafío es cómo construimos categorías sensibles que dejen escuchar de lo que hablamos. Las estadísticas de la guerra muestran tendencias de ciertas violaciones en mayor número que otras o cambios en el tiempo. Una gráfica es una radiografía de la historia. Un tipo de prueba que el laboratorio nos devuelve. Pero una gráfica no es un conjunto de datos que se procesan o con los que se hace minería, más bien es un electrocardiograma. Habla de cómo está el corazón, para que no se nos olvide.

Manuel, Zoraida, Luis, Teófilo, Joaquín, Rafael, Orlando, José, Fermín, Edinson, Francisco, Jaime, otro José, Boris, Osman, otro José, otro Francisco, Gil, Gustavo, Efrén, José Antonio, Estrella son sus nombres. Antes de pasar a su propia familia, que sufrió un atentado con disparos indiscriminados que llevaron a muertes, heridos graves y sobrevivientes. La muerte y sus ecos que te acompañan. Todo hecho así es una mezcla de violencia letal y no letal, porque en eso no está la intención, ni siquiera el impacto, sino la suerte del pomo de la puerta o el reflejo de moverte para donde es la vida y no para donde es la muerte. Aún hay más. Álvaro, Claudio, Javier, Saulo, Félix, Jorge, Nelson. Su hija no tuvo refugio en Europa sino hasta hace poco, a pesar de que su propia hija, la nieta de René, fue asesinada y las balas le arrebataron esa otra vida. Otra hija recibió seis disparos en el cuerpo cuando se echó encima de él para protegerlo.

Tomando un testimonio en la arena de Mohamed Lamin, un viejo nómada de los hombres azules del desierto del Sahara, empezó diciendo que fue detenido y luego estuvo desaparecido varios años con otros 46 hombres. Y aunque le creí, no le creí. Después de cuatro horas y dos descansos de la memoria y el calor, siguió recitando su historia y sus nombres. Cuando después del asombro, sentado en una mesa con la transcripción de sus palabras y la atmósfera de sus silencios, los conté eran 40. También aquí los he contado, son 29.

Lo más difícil del exilio de René no fue tener que aprender alemán. Fue estar lejos, y lo que viene con eso, lejos de la hija herida, del lugar donde quedó la nieta, de la mamá y del hermano que murieron.

- No hemos visto crecer a muchos nietos y nietas que nacieron, ya después de que nos vinimos

No solo la familia se extraña, sino esa vida que viene con sus ciclos de las generaciones, como si el tiempo quedara detenido, o mejor, tú te quedaras fuera de él, mientras pasa por tu cuerpo. Nos hacen falta los otros.

- Uno se acostumbra a estar siempre acompañado, siempre en contacto con la gente, recibiendo información, inquietudes y tratando de ayudar en algo; y todas esas cosas se quedaron atrás. Nunca más tuve ningún contacto ni siquiera con gente de mi sindicato, nunca más.

Al final de su testimonio, hablamos de los anhelos, del futuro, de las demandas, del sentido de esto que hacemos.

- Más que todo, ¿qué sería? No sé. Poder... poder volver a reunirme con mi familia tranquilamente. Que se sepa la verdad me repararía mucho, me... Porque en torno a esto, hay mucha desinformación. Mancuso dijo: "Es que fuimos en busca de un guerrillero llamado René Cabrales Sossa". Es decir, el hombre se ratificó, prácticamente, en que yo soy un guerrillero, que fueron a matar fue a un guerrillero.

Pues no, no lo es. Hablar de reparación después de una historia de persecución tan brutal, necesita de silencio. La verdad puede ser un aleteo que te acompañe o unos granitos de arena que obstruyan el mecanismo del horror y del olvido.

Los barcos tienen centro de gravedad y centro de flotación que está más alto. Cuando están muy separados porque el barco tiene mucha carga, con las olas corre el riesgo de hundirse. La única manera de seguir el viaje es bajar el centro de flotación, bajar la carga a un lugar donde los dos centros estén más cerca. Tal vez eso sea este testimonio.

La verdad pasa también por los nombres, que no fueron 29, sino 30. La nieta asesinada se llama Alejandra Camargo Cabrales.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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