Tráfico de fauna silvestre en Colombia: ABC de un grave problema ambiental

Tráfico de fauna silvestre en Colombia: ABC de un grave problema ambiental
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El tráfico de fauna es uno de los mayores problemas ambientales en la actualidad del mundo y sus consecuencias van más allá de la extracción de un animal de su hábitat y las graves secuelas que esto le puede traer a su especie. Tiene, además, fuertes impactos en los ecosistemas, pues produce el deterioro de territorios que necesitan a ciertas especies para su estabilidad.

Un ejemplo son los polinizadores, animales que se alimentan del néctar de las flores y durante su desplazamiento llevan polen de una flor a otra, realizando una fecundación cruzada de las plantas. Proceso natural gracias al cual se generan más del 70% de los alimentos que consumen los humanos.

El tráfico de fauna silvestre se da por varias razones, siendo las más comunes su domesticación, su consumo como alimento y su uso para fines de investigación o como insumo para prendas o accesorios. A causa de esta realidad, este delito es el tercer negocio ilegal más rentable a nivel global, después de la venta de drogas y el tráfico de armas. Generando ganancias superiores a los 10 billones de dólares anuales a traficantes.

En Colombia, según cifras del Sistema de Información Estadístico, Delincuencial, Contravencional y Operativo de la Policía Nacional (Siedco), las especies de fauna más traficadas son: las tortugas hicoteas, morrocoy, matamatas, iguanas, pericos, babillas, canarios, loros, ardillas, guacamayos azul y amarillo, monos araña, monos tití cabeciblanco y cariblanco. Y los departamentos más afectados son: Cundinamarca, Santander, Córdoba, Antioquia, Sucre, Bolívar y Atlántico.

Desde el Ministerio de Medio Ambiente se ha intentado hacer un registro histórico de este delito para tener un diagnóstico más real del tráfico de fauna y las cifras resultan alarmantes. Pues en Colombia, en la década de los 90 se decomisaron 100.375 animales entre 2005 y 2009. La cifra creció a 211.571, un aproximado de 42.314 individuos por año, cifra que se mantuvo estable durante la década 2010 – 2020 y en el año 2021 se disparó a 300.783.

La captura de animales silvestres tiene otra tragedia oculta, más allá de la crisis ambiental que representa, pues la Policía Nacional a través de la Dirección de Protección y Servicios Especiales (Dipro) sostiene que: “entre un 50% y un 80% de los animales que se trafican, se mueren entre la fase de su cautiverio y posterior comercialización”. Configurándose así, un genocidio animal que está quedando prácticamente en la impunidad.

Según cifras publicadas por el Área Metropolitana del Valle de Aburrá (Amva), la autoridad ambiental urbana de Medellín y su zona metropolitana, en Sudamérica el tráfico de fauna mueve al año cantidades superiores a los mil millones de dólares. Europa, Estados Unidos y Japón son sus principales mercados, pero es China el mayor mercado del mundo. Y son los monos, víboras, tortugas, iguanas, yacarés y loros las especies más comercializadas, en su mayoría, para el consumo de su carne o para usar sus pieles como insumos de la manufactura o para domesticarlas.

Esta realidad ha generado que el tráfico ilegal de fauna silvestre sea uno de los principales causantes del deterioro de ecosistemas estratégicos como bosques y selvas en el mundo. Además, cada vez es más evidente la disminución de las poblaciones de estas especies. Incluso los elefantes, tigres y rinocerontes, entre otras especies, se encuentran en riesgo de extinción a causa de esta problemática.

Este comercio ilegal a escala mundial ha llegado a un punto sin precedentes, El Amva indica que: “unos 30.000 primates, entre 2 y 5 millones de aves, 2 y 3 millones de reptiles y, entre 500 y 6.000 millones de peces ornamentales se comercian anualmente, estimativos que no incluyen los individuos que mueren antes de salir al tráfico internacional”.

En este escenario, el Ministerio de Medio Ambiente ha impulsado varias normas para combatir y sancionar a los traficantes de animales que están destruyendo la fauna y flora del país. Las leyes 1333 de 2009 y 1453 de 2011 son las más representativas, en especial esta última, pues en su artículo 328 establece las sanciones para el tráfico de fauna silvestre, definiendo penas privativas de la libertad entre 60 y 135 meses y, multas desde 300 hasta 40.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes.

Pero en este punto es urgente hacer una aclaración, pues se suele creer erróneamente que los únicos responsables de esta crisis ambiental y genocidio animal son los traficantes. Resulta que este negocio no sería posible si no existiera una demanda tan grande que hace del tráfico un mercado tan rentable. Es ahí donde los ciudadanos tienen mucho que aportar.

Por esta razón, es fundamental que usted no promueva el tráfico de fauna silvestre comprando estos animales para que sean mascotas, no lo son. Las autoridades y expertos en la materia también sugieren que no se debe tomar fotografías con este tipo de animales y divulgarlas, pues se promueve su caza y cautiverio. Si usted es testigo de tráfico de fauna o conoce alguien que posea animales silvestres, no dude en denunciar a través de la línea 123 o ante la Policía. Por último, no consuma alimentos o use productos y derivados de animales silvestres, la invitación es a ser parte de la solución y no del problema.

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