Tres pasos hacia atrás en una presidencia de Rodolfo Hernández

Tres pasos hacia atrás en una presidencia de Rodolfo Hernández
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En unos días tendremos la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. En la historia reciente ha ganado el abstencionismo, que en primera vuelta llegó al 45 %. De las 39 millones de personas habilitadas para votar, llegaron a las urnas el 29 de mayo un poco más de 21 millones. Las mujeres en estas elecciones son más de la mitad del censo electoral (20 millones) y tienen un papel clave en la decisión sobre quién dirigirá a Colombia.

Analizando el programa de gobierno y las acciones campaña de uno de los candidatos, Rodolfo Hernández, preocupan varios temas sobre las perspectivas en derechos de las mujeres en un eventual gobierno suyo.

La primera preocupación es sobre el efecto simbólico que puede tener la llegada a Casa de Nariño de un mandatario que reproduce expresiones machistas y misóginas en su vida cotidiana.

Pese a los esfuerzos de los integrantes de la campaña de explicar al candidato y corregir afirmaciones “desafortunadas”, parece que sus documentos están desconectados de sus declaraciones públicas. “Tuvo 70 % de mujeres en su alcaldía” es una afirmación recurrente entre sus defensores, para decir que no hay machismo en su campaña y propuestas. Sin embargo, la evidencia muestra que esa cifra llegó al 30 % en gabinete, que es lo exigido por la ley de cuotas, y 46 % en su equipo general.

Las declaraciones de Hernández en donde dice que las mujeres deberíamos estar en casa y que solo salimos a trabajar por falta de empleo para los hombres, o la negativa a reconocer la importancia del delito de feminicidio, demuestran que el de Hernández sería un gobierno en el que daríamos pasos hacia atrás en cuanto a los derechos de las mujeres. Los documentos que ha publicado, en donde recoge propuestas de sus contendores, no dan tranquilidad alguna ni borran el efecto de sus afirmaciones.

La segunda preocupación tiene que ver con el respeto a las Cortes y, en concreto, a la Corte Constitucional.

Muchos de los derechos que hoy gozamos las mujeres colombianas se han concretado en esta Corte, ante la poca voluntad del Congreso o del Ejecutivo. El candidato Hernández ha demostrado desprecio y desconocimiento de las decisiones judiciales, al punto de promover una “reforma la justicia profunda”, que, según él, va a acabar con los lujos de los jueces.

En el podcast “A fondo” de María Jimena Duzán, Hernández manifestó que le gustaría someter a un referendo el tema de aborto, ya decidido y despenalizado por la Corte en febrero pasado mediante la sentencia C-055 de 2022. Es probable que, de ser elegido, Rodolfo Hernández no pueda convocar un referendo, por los requisitos que se deben cumplir previamente. Pero la sola intención de hacerlo evidencia el poco respeto del candidato por las decisiones judiciales y su disposición a someter a la voluntad popular derechos fundamentales ya reconocidos.

Una tercera preocupación es la austeridad irreflexiva que propone, en donde las entidades y dependencias encargadas de la defensa de los derechos de las mujeres serán de las primeras en ser eliminadas.

En uno de los decretos de una eventual presidencia suya, que ya publicó, Hernández deja claro que piensa eliminar la Consejería Presidencial para la Equidad, que se creó para monitorear resultados del Gobierno en temas de género. Si bien hay críticas válidas a la gestión de esta dependencia de la Presidencia, la solución no es eliminar una entidad que sirve como puente entre la Presidencia y las mujeres colombianas. Hernández va a usar las facultades extraordinarias que piensa obtener de la conmoción interior para eliminar entidades que a las mujeres nos costó años lograr que existieran. Estas son las consecuencias de promover recortes en un Estado que no conoce.

En conclusión, hay riesgos serios para nosotras si Hernández llega a ser elegido, ya que los derechos de las mujeres parecen ser de interés de sus asesores, pero no una prioridad suya como eventual gobernante. Quienes le acompañan en esta campaña terminan sus contratos y se irán, mientras Hernández se queda gobernando con la bancada uribista y conservadora que le apoya (ya que no tiene partido) y que no tienen una tradición de respeto y garantía de los derechos de las mujeres.

Las perspectivas son poco alentadoras.

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