¿Un Gobierno de marchas o de reconciliación?

¿Un Gobierno de marchas o de reconciliación?
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Una de las consignas utilizadas en campaña presidencial por el actual Gobierno fue superar la polarización consolidando la reconciliación. De hecho, la estrategia de campaña exaltó la reconciliación como una bandera política que condujo al “desmarque” de Petro como uno de los polos polarizantes de la política colombiana. El Gobierno de la reconciliación, se autocalificó.

En los 100 días del Gobierno Petro, el 15 de noviembre, sectores afines a su mandato han convocado a una marcha nacional “para demostrar lo mucho que se ha hecho” y también para “desvirtuar los ataques a las reformas que transformaran a Colombia”. Según los organizadores, las multitudes en las calles son la prenda de garantía de la acción gubernamental efectiva, aquella que satisface las demandas ciudadanas y permite la reconciliación. Si el pueblo lo dice, así es.

La defensa del Gobierno de la reconciliación convocando a marchas no deja de incurrir en paradojas como aquella de un Gobierno que para gobernar necesita de parte de la ciudadanía en las calles protestando contra los ataques a las iniciativas de cambio que impulsa. La reconciliación se pone en duda especialmente cuando la protesta, en algunos sectores, toma el tono de advertencia e incluso amenaza si no dejan al Gobierno hacer los cambios. Los que tradicionalmente han marchado en contra de los Gobiernos de turno ahora marchan para defender el Gobierno suyo. Marchas en contra y ahora marchas a favor.

Un país en constante marchas es un país democrático, pero poco reconciliado. El ánimo belicoso sigue animando a los marchantes, van por las calles los protestantes encabezados por el senador Bolívar y los copartidarios del Centro Democrático. ¿Entre quiénes es la reconciliación? ¿Entre los mismos? Los términos de las marchas hablan mucho de la discordia, de las serias distancias de la reconciliación. Y eso que el presidente Petro sorprendió a la opinión con reunión y foto con el expresidente Uribe, la foto de la reconciliación. Solo foto. Aunque no ha logrado foto con Fajardo. ¿Sin reconciliación?

Defender el Gobierno marchando, más que un mensaje de Gobierno fuerte, comunica y genera lo contrario. Un Gobierno que necesita de ciudadanos marchando es un Gobierno débil que le cuesta gobernar, los Gobiernos fuertes logran normalizar la sociedad, permiten un orden para que los ciudadanos estén lo menos posible en manifestaciones públicas relacionadas con demandas de derechos porque justamente se supone el Gobierno satisface esos derechos.

Si bien las protestas expresan democracias saludables, no debe perderse de vista que en sociedades de bienestar las protestas disminuyen significativamente porque las necesidades básicas suelen estar satisfechas. Que el Gobierno Petro pase a la historia como uno de los Gobiernos con más marchas, bien sea a favor o en contra, podrá entenderse como un signo democrático del Gobierno, pero no podrá tomarse como un indicador de reconciliación e incluso gobernabilidad.

Las constantes marchas contribuyen a todo lo contrario de lo deseado: reconciliación y un cambio para el bienestar. Sectores en situaciones económicas de alta vulneración, mediada por la actual inflación y las grandes dificultades para comer, resultan en la práctica más afectados por las constantes marchas. Los atascos que las marchas generan tienen costos económicos: los taxistas dejan de hacer carreras, o las carreras son más largas en tiempo, pero poco rentables, otros no logran llegar a sus trabajos, otros pierden citas médicas, otro tanto deja de vender ciertos productos porque los clientes dejan de ir los días de las marchas, etc.

Este tipo de situación hace que las personas afectadas crean menos en la reconciliación y en la capacidad de Petro para gobernar el país. Ellos pierden con las marchas porque el anterior Gobierno fue lamentable y ahora también padecen porque Petro es el Gobierno. El país de las marchas también afecta a la política del Gobierno de convertir a Colombia en un polo turístico, los turistas lo que menos les interesa en su itinerario es terminar consumiendo su tiempo en medio de marchas y expuestos a riesgos.

Son los actos del Gobierno, los hechos y realizaciones las que finalmente pueden defender al Gobierno Petro. Esos actos y hechos difícilmente podrán apreciarse en un país con las calles agitadas por multitudes a favor y en contra del gobernante. La reconciliación no se puede obligar, pero disminuir el ánimo bélico es posible por una de las partes de la polarización, esa afín al Gobierno de la reconciliación.

Dejar instalar en el medio social la idea según la cual el Gobierno gobierna con el pueblo en la calle, acercaría a Petro a Gobiernos cuestionados en la región latinoamericana. Los que protestan en contra del Gobierno también son ciudadanos, el presidente debe gobernar para todos. Este tipo de división, los del pueblo y sus enemigos, poco contribuye a la reconciliación proclamada por el Gobierno.

Para defender al Gobierno oblíguenlo a dar resultados.

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