Un sendero de honor a la montaña guardiana

Un sendero de honor a la montaña guardiana

Hace un par de semanas, a través de un encargo de arquitectura de la Fundación Cerros de Bogotá, prefabricamos e instalamos en colectivo —reutilizando madera—, en la Reserva Umbral Horizontes de los Cerros Orientales de Bogotá, un espacio que hace las veces de bodega, de resguardo para caminantes y de hotel para insectos*. Desde entonces, este lugar viene activando jornadas de encuentro para tejer —con palitos que ofrece el bosque— los cerramientos de la propuesta espacial y especial que desarrollamos entre las dos fundaciones.

No terminamos de sorprendernos y de agradecer la energía e interés auténtico de tantos jóvenes por los cerros que custodian nuestra capital y su disposición alegre y comprometida en torno al propósito que perseguimos en este trabajo a muchas manos: hacer realidad una infraestructura y al tiempo generar conciencia sobre los vínculos responsables con la naturaleza que nos guarda, alimenta y guía.

La siguiente es una conversación con Diana Wiesner*, directora de la Fundación Cerros de Bogotá y activista en temas socioambientales. Un breve esbozo de un corredor de sueños que son acciones desde hace 15 años.

Catalina López B.: ¿Qué situación o situaciones te motivaron a la creación de la Fundación Cerros de Bogotá y hace cuánto tiempo?

Diana Wiesner: Desde hace doce años, a partir de varios estudios que tuve la oportunidad de hacer (Estudio histórico 2000, Pomco 2002, Plan Maestro Franja de Adecuación 2006 y Corredor Socioecológico 2007), junto con otros apasionados y estudiosos con los que conformamos un grupo ciudadano para hacer seguimiento a las acciones sobre los cerros orientales. Recibimos un reconocimiento con cuyos recursos creamos la plataforma de los cerros (cerrosdebogota.org/)  para promover y contagiar el afecto y conocimiento a otros ciudadanos sobre nuestra maravillosa cadena montañosa de vida.

C.L.B.: Desde entonces la organización que lideras ha trabajado en la construcción de un corredor socioecológico para los Cerros Orientales de Bogotá. ¿Cuáles han sido los mayores obstáculos que han atravesado y cuál su principal reto?
 
D.W.: El primero es haber comunicado qué significaba para nosotros el corredor, dado que fue malentendido y reducido a un sendero. Nuestro sueño es un gran pacto de borde que tiene que ver más con acciones y alianzas entre la gente en torno a la actividad de restauración que con una simple infraestructura. La mayor limitación ha sido la falta de prioridad política que han tenido los Cerros para los diversos gobernantes y autoridades ambientales de nuestra ciudad; la dificultad de coordinación institucional, los limbos jurídicos y, por supuesto, nuestra limitada capacidad, dado que somos pocos voluntarios permanentes que trabajamos sin apoyo institucional. 

Nos hemos sentido etiquetados como opuestos a la alcaldía de turno, aun cuando nuestro trabajo no está enmarcado en ninguna corriente u orientación política, salvo la postura de defensa de la vida y de las relaciones responsables con la naturaleza. Nuestro reto ha sido el de restaurar una reserva sin recursos y es por eso que pedimos apoyo para restaurar la reserva, al menos, para quienes la caminan.

C.L.B.: Es impresionante el banco biogenético que alberga la montaña que protege nuestra capital, ¿puedes contarnos desde tu experiencia y conocimiento por qué consideras definitivo el trabajo en su preservación, restauración y posible ampliación?

D.W.: Los Cerros albergan formas de vida diversas y complejas desde sus suelos, ecosistemas de páramo y de pie de ladera. Nos hemos asentado como urbe al lado de esta bella cadena montañosa vibrante que nos ofrece paisajes, servicios ecosistémicos e inspiración, beneficios para nuestra salud emocional y física. Los cerros son nuestro patrimonio natural y cultural por excelencia. ¿Cómo pasar entonces indiferentes ante semejante presencia? Posiblemente, lo único que pretendemos es lograr un cambio en la forma como nos relacionamos con su naturaleza y con nosotros mismos como sus vecinos. 

C.L.B.: Desde tu punto de vista, ¿cuáles siguen siendo los obstáculos a superar para llevar a cabo la tarea de restauración, aumento de afecto a la montaña y apropiación por parte de los caminantes, visitantes y ciudadanos en general?

D.W.: No coincidimos entre instituciones, academia, ciudadanía y caminantes en nuestros ritmos y velocidades. Cada actor tiene una agenda que, de alguna forma, no tiene el mismo interés acerca de la fauna, la flora y la vida en general que cambia en cada grieta de la montaña. Nuestro trabajo (en algunos casos) es incomprendido o ignorado por algunos de ellos, pero así mismo ha sido y está siendo valorado por muchos jóvenes y defensores de la vida.

C.L.B.: Hay un sendero que a través de sus actividades parece hacerse más visible. Empieza en la carrera 2 este y lo inaugura un huerto urbano. ¿Cómo surgió, quiénes son sus cuidadoras y cómo ha aportado al proceso de construcción de vecindad?

D.W.: La entrada a la Reserva Natural de la Sociedad Civil fue el primer lugar que quisimos restaurar. Antes era una cantera con pocos eucaliptos. Hoy su biodiversidad ha aumentado y allí se ubica la Huerta Lupe, la cual comenzamos en un taller ciudadano, que al final de la primera cuarentena de esta pandemia empezó a crecer gracias a la motivación que despertamos en las vecinas que hoy la cultivan y que cada miércoles se reúnen a cuidarla y cosecharla. Se conocieron por la huerta y al tiempo que consolidan una relación entre ellas, lo hacen con la reserva.

C.L.B.: Continuando con el sendero hay una estación de resguardo que funciona como cuarto de herramientas, seguido por un anfiteatro natural en el que ocurre la cátedra Cerros de Bogotá. ¿Cómo contribuyen esos espacios de procesos de construcción colectiva y de pedagogía ambiental a su propósito y al ejercicio de la nueva ciudadanía?

D.W.: La estación de herramientas era un proyecto que teníamos en mente hace varios años para guardar nuestros elementos de trabajo, insumos y semillas. Por fin lo logramos, ahorrando parte de las donaciones de las personas generosas que han creído y se han vinculado a nuestro sueño de la reserva como nodo de biodiversidad urbana. Juntos logramos ejecutarlo como cada cosa que hacemos: con trabajo colaborativo entre manos amigas. La cátedra Cerros Bogotá surgió originalmente como FrutalCerro (un espacio que nació de reunirnos comiendo fruta mientras hablábamos sobre temas de interés). Hoy, después de seis años, es un espacio consolidado que busca promover el pensamiento crítico en torno a la biodiversidad urbana de la región. En él la montaña se toma la palabra cada viernes, para hablar con los ciudadanos sobre ecología urbana de Bogotá y la región (agua, ecosistemas, historias de vida, páramos, Sabana, pájaros, abejas, paisaje y vida).

C.L.B.: La ruta de caminata requiere de una logística especial y de un conocimiento ambiental e histórico. Lina Prieto, voluntaria de la Fundación Cerros de Bogotá es quien acompaña estas visitas. ¿Cada cuánto están teniendo lugar en las actuales circunstancias, cómo puede lograrse que se lleven a cabo con más periodicidad y más público, qué se necesita para que sea un hábito para muchos visitantes?

D.W.: Lina Prieto junto con Paula Rincón, organizadas como Zenit, ofrecen las caminatas de manera independiente, con seguridad y un proyecto integral e incluyente. La reserva es recorrida también por visitantes vecinos que la disfrutan casi a diario y está abierta para todos ellos, que en su mayoría son recíprocos y apoyan nuestro trabajo de restauración y cuidado.

C.L.B.: ¿Cómo se quiere conectar este sendero con el sur de Bogotá y hasta el momento qué se ha logrado al respecto?

D.W.: En realidad es una conexión de naturaleza. Es decir, soñamos con un corredor socioecológico que sume acciones como la nuestra, en espacios que sean restaurados y apadrinados por sus vecinos, y que puedan ser visitados y cuidados en el mayor pacto de borde de la ciudad en sus 57 kilómetros. 

C.L.B.: La propuesta busca fortalecer la cultura ecológica ciudadana y el afecto de los habitantes de borde urbano hacia la Reserva de los Cerros Orientales de Bogotá, mediante la construcción social de una única área integradora de procesos ecológicos y socioculturales. ¿Cuál es tu gran sueño y qué es hasta ahora lo más gratificante de estarlo?

D.W.: Poder caminar los cerros sin miedo, viendo ese corredor socioecológico convertido en realidad, para que sus visitantes y vecinos lo puedan disfrutar, puedan aprender y participar como guías, maestros, compartir sus historias y abogar por su protección. La participación del público y el disfrute del corredor también puede despertar la memoria y el afecto por nuestra montaña, y generar —a largo plazo— cultura ecológica. Lo más gratificante de este esfuerzo es reconocer que el espacio se está abriendo en varios lugares, a través de iniciativas que, como la nuestra, promueven y cuidan del espíritu de cada lugar. Sueño que algún día esa diversidad de espacios se conecten en un corredor de vida para la avifauna y para todos los que honramos nuestra montaña.

 

*Diana Wiesner es activista en temas socioecológicos y arquitecta diseñadora de la Universidad de los Andes. Especialista en Arquitectura del Paisaje en la Universidad de Buenos Aires, con maestría en Bioclimática, y estudios en biodiversidad, planeamiento urbano y ciencias sustentables. Fundadora y directora de la Fundación Cerros de Bogotá: organización cívica líder en procesos de gestión y defensa del sistema natural de Bogotá y su región. Se ha distinguido con diversos premios en bienales nacionales e internacionales de arquitectura y paisaje, arte, construcción sostenible y gestión social. Es representante de las organizaciones cívicas y ecológicas y miembro del Comité de verificación del Fallo de Consejo de Estado sobre Cerros de Bogotá desde el 2010. Lidera el Nodo Sociedad civil y de niños de la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje. Autora colaboradora en Nature of Cities. Presidenta del jurado del Premio Internacional Jellicoe Award desde el 2018.

Bodega, resguardo para caminantes y hotel para insectos: 
Diseño: Fundación Promedio, Catalina López y Samuel Córdoba/ Fundación Cerros de Bogotá, Diana Wiesner, Laura Pérez, María Angélica Rodríguez, Liseth Ramírez, Lina Prieto, María Paula Medina, Cindy Romero, Diana Manrique, José Ibarra, Carlos, Beto
Prefabricación: Carolina Vergara y Daniel Garzón. 
Cimentación y Obra: Augusto Riveros y Bryan Ramírez.
Construcción colectiva: Jose Ibarra, Liseth Ramírez, Natalia Romero, Laura Romero, Carlos Rey, Don Manuel Rodríguez, Laura García, Jorge Rojas, Camila Bergain, Francisco Suárez, Andrea Becerra, Gabriel Reyes, Juliana Carreño, María Angélica Rodríguez, Diana Manrique, Eliana Tibadursa, Laura Romero, Gigo Cárdenas y Camila Mejía.
Dirección: Catalina López y Samuel Córdoba.
Producción: Diana Wiesner.
Cerros Orientales, Umbral Cultural Horizontes, Carrera 2 Este con 78 Bogotá, Colombia, junio de 2021.

 

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