Una mirada feminista del aborto voluntario y su despenalización

Una mirada feminista del aborto voluntario y su despenalización

El feminismo en Latinoamérica tiene rasgos similares en la lucha por la igualdad. Esto es muy evidente cuando se analizan sus discursos y las estrategias políticas que usan. Para el caso específico de la despenalización del aborto, sus banderas tienen que ver con el derecho a la vida de las mujeres, sus derechos reproductivos y a no ser criminalizadas por decidir sobre su cuerpo, todas consignas históricas y legítimas en donde la finalidad es incidir en el Estado mediante la adopción de políticas que garanticen los derechos de las mujeres.

Por esta razón, la marea verde en América Latina y en el mundo cada vez avanza más en la conquista de estos derechos. La semana pasada en el estado norteño de Coahuila de México se despenalizó el aborto, allí los jueces derogaron la ley estatal llegando a la conclusión de que cualquier pena criminal del aborto violaba la Constitución. Este es un precedente que, sin duda, cambiará la realidad y la vida, desde el derecho y sus usos, de miles de mujeres mexicanas.

Pero este no es un hecho aislado, varios países de la región y el mundo, desde hace ya muchos años, han probado fórmulas que van desde penalizar el aborto, crear causales de despenalización, darle un tratamiento de despenalización según tiempo de gestación, hasta despenalizarlo completamente y encontrar fórmulas en la aplicación de políticas públicas, leyes sanitarias, entre otras.

Solo por traer algunos ejemplos, en Europa la tendencia es a legalizar el aborto “a petición o por amplios motivos sociales” por lo menos en el primer trimestre del embarazo y durante todo el periodo del embarazo cuando está en riesgo la vida o la salud de la mujer. Tanto así que en 41 países europeos se permite y solo en seis no lo permiten .

Según un reciente estudio comparado de Dejusticia que pretende mostrarle a la Corte Constitucional de Colombia fórmulas para despenalizar el aborto, muestra que en “Canadá, se despenalizó el aborto en 1988 mediante la decisión R. vs. Morgentaler; El Territorio Capital de Australia (TCA), eliminó el delito de aborto del Código Penal mediante una enmienda legal en 2002; y El Estado de Nueva York, en Estados Unidos, eliminó el delito de los códigos federales mediante el Reproductive Health Act de 2019”.

Este ejercicio de ver cuáles son las discusiones del mundo en torno a este tema muestran una clara tendencia a despenalizar el aborto por razones constitucionales que parten de un déficit de protección a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE).

En otras palabras, los argumentos que se usan hoy para pedir la despenalización del aborto no son para nada descabellados y tienen que ver con una realidad que incluso escapa, en principio, de poner en el centro una mirada feminista del tema que parta de reconocer una influencia directa de las jerarquías de género en el control del cuerpo y la reproducción.

En decir que esta discusión se ha puesto en arenas tangibles, basta con ver las cifras de muertes de mujeres en sitios clandestinos, el nivel de persecución de la fiscalía a las mujeres por abortar y no a sus violadores, la estigmatización y barreras institucionales, ver que son las jóvenes y mujeres rurales las que más tienen afectaciones a la vida y a la salud, que además están en los estratos socioeconómicos más bajos; para darse cuenta en una lectura simple que el derecho penal no es la vía para abordar los casos de aborto.

Según Causa Justa en sus publicaciones “Informe sobre judicialización del aborto en Colombia de la fiscalía general de la Nación”, “Argumentos para la despenalización del aborto” y la reciente investigación de julio del 2021 “La criminalización del aborto en Colombia”, las cifras muestran que:

  • El 97 % de las mujeres denunciadas por aborto pertenecen a zonas rurales.
  • El 30n% fueron víctimas de violencia intrafamiliar, violencia sexual o lesiones personales.
  • Entre un 1 % y un 9 % de los abortos se practican dentro del sistema sanitario.
  • El 42 % de las mujeres criminalizadas estaban entre los 15 y los 19 años de edad y 75 % eran menores de 24 años.
  • El 79 % de las denuncias por aborto son presentadas por la Policía y por las instituciones de salud.
  • El 56,4 % de las mujeres condenadas fueron denunciadas por las propias instituciones de salud que, en lugar de limitarse a brindarles atención y proteger el secreto profesional, prefirieron violarlo.

Organizaciones como Causa Justa, que demandaron la inconstitucionalidad al artículo 122 de Código Penal, y la intervención que apoya esta demanda por parte de Dejusticia para la despenalización del aborto, basan sus argumentos en hechos reales que demuestran cómo la despenalización en solo tres casos extremos como lo establece la sentencia C-355 de 2006 , no es suficiente en Colombia para proteger los derechos reproductivos de las mujeres. En cambio habrá que pensar en regulaciones que tengan efectos reales como, por ejemplo, una desde la salud pública.

Ahora bien, caminar hacia la despenalización del aborto ante el irrefutable déficit de derechos constitucionales que ha implicado la aplicación de este tipo penal tal como lo muestran las cifras, sumado a lo que sugieren otras legislaciones en el mundo de optar por otro tipo de regulaciones, no implica abandonar los argumentos que desde el feminismo atraviesan este tema y son el verdadero fondo de la discusión sobre aborto legal o ilegal.

El aborto voluntario -aunque no siempre sea así-, es una forma de resistencia a la dominación masculina sobre la reproducción y su ilegalidad deviene de cómo en una sociedad se edifica un sistema de representaciones de género basadas en una relación de poder.

Sin embargo, no significa necesariamente que legalizar el aborto traiga consigo relaciones más equitativas, puesto que esto hace parte del trasfondo de la discusión, pero si es un comienzo para la transformación de las relaciones de género.

Hablar de aborto voluntario implica entonces reconocer que hay un análisis pendular que va desde marcos regulatorios que deben responder a la realidad de la actual despenalización parcial del aborto como una norma sin efecto real y con consecuencias graves para la vida de las mujeres y un análisis de más calado crítico y de transformaciones culturales como los que tienen que ver con que el aborto y las relaciones de género están imbricadas, producto de la relación entre el control del cuerpo, la reproducción biológica y la sexualidad de las mujeres.

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