Violencia y cuarentena

Silla Caribe

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Este tiempo de encierro nos debe servir, más que para reducir delitos y sacar irrelevantemente el pecho, para preguntarnos qué hacer como sociedad para erradicar la violencia de las calles y en nuestras casas.

Como es común al cierre de cada mes, las autoridades de las principales ciudades de Colombia han dado a conocer cifras y estadísticas del comportamiento de los principales delitos que nos afectan como ciudadanos en nuestro día a día. Sin duda alguna, marzo fue un mes interesante de reducción en la mayoría, pero aún más interesante ha sido el comportamiento a la baja durante las semanas de cuarentena que hemos experimentado. Y si bien algunos han querido izar bandera con estos datos, una mirada más sensata nos obliga a aceptar que hoy no tenemos manera de compararlos con nada previo (esta situación es única) y que, por lo mismo, deberíamos abrir más los ojos para identificar los cambios, el momento y lo que puede pasar.

En efecto, los delitos de alto impacto bajaron drásticamente durante el tiempo que lleva la cuarentena. Según cifras entregadas por la Policía Nacional, en comparación con el mismo periodo del año anterior hubo una reducción nacional del 70 por ciento en todas las tipologías de hurto.

Ahora bien, no es una cifra que sorprenda ni deba enorgullecer a nadie. El delito de hurto, cualquier sea el bien afectado, ocurre en su gran mayoría en las calles y en el espacio público, justamente ajenos a nuestra cotidianidad durante los tiempos del virus. Incluso el hurto a residencias ofrece un comportamiento diferente, pero por la relación inversa de la cuarentena. Para este caso, la mayoría de hurtos en esta modalidad se ejecutan en residencias vacías y se concentra en fines de semana, situaciones ambas de las que carecemos: hoy –casi- todos estamos en casa y salir de paseo un fin de semana lleva varios días sin ser una verdadera opción –para la mayoría responsable.

Si bien hay excepciones que deben preocupar a las autoridades, como lo denunciado por líderes de Belén en Medellín sobre atracos en residencias perpetrados por grupos criminales, y situaciones de saqueo en casos muy particulares del territorio nacional que fueron atendidos por la Policía, la disminución es una realidad que seguramente veremos con más claridad a final de abril cuando las cifras estén realmente consolidadas.

En el mismo sentido se evidencia un menor número de homicidios. De hecho, para el tiempo de cuarentena la Policía indica una reducción de más del 50 por ciento en todo el país, que se suma a un dato de la mayor relevancia y totalmente vinculado: 80 por ciento menos riñas en las calles de nuestro territorio. De nuevo, como cuando nos llevamos la mano a la sien cuando algo nos preocupa, la explicación está en el encierro. Gran parte de este delito, superando en las ciudades capitales el 90 por ciento sin importar la modalidad, ocurre en las calles y en el espacio público.

La pregunta ahora es ¿qué va a pasar después? Cuando el comportamiento de un delito obedece a  asuntos absolutamente ajenos a las acciones institucionales de persecución del crimen y de sus responsables, y está mediada por circunstancias públicas como la cuarentena y algunas oscuras que seguramente no conocemos (la GDO La Sierra reforzando el mensaje de Stay Home, por poner cualquier ejemplo), el movimiento del mismo cuando las circunstancias cambien tiene que seguir siendo una preocupación que debe atenderse y sobre la cual debe haber preparación.

No podemos perder de vista una realidad a la que nos vamos a seguir viendo enfrentados. La violencia y su naturaleza no se desaparecieron en la cuarentena, se encerraron. De hecho, y volviendo a los datos, según información oficial se registró un aumento de más del 90 por ciento en el número de llamadas a la línea de atención a mujeres 155 en todo el país durante lo que llevamos en la medida, la mayoría de los casos por asuntos de violencia intrafamiliar.

En materia de seguridad y convivencia no podemos seguir señalando únicamente al movimiento de cifras, sino de manera definitiva a las causas y los problemas arraigados que tiene que resolverse de manera contundente. Y si bien el papel que juegan las autoridades y organismos de seguridad y justicia es trascendental, a veces olvidamos que el delito y la violencia suceden en el seno de lo que somos como sociedad.

Este tiempo de encierro nos debe servir, más que para reducir delitos y sacar irrelevantemente el pecho, para preguntarnos qué hacer como sociedad para erradicar la violencia de las calles y en nuestras casas.

 


*Fotografía tomada de pixels.com

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