Viviendo en el limbo

Viviendo en el limbo
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Hace un año, Eta e Iota atravesaron Providencia y Santa Catalina. La recuperación del archipiélago ha sido lenta. Mientras haya al menos un habitante que aún se encuentre vulnerable ante otras amenazas naturales, no hay nada para celebrar. Es un trabajo duro, sí. Pero hay que acelerar el paso y mitigar los riesgos. Para un presidente que recorre el mundo predicando sobre sus acciones ante el cambio climático, no es suficiente sólo encomendarnos a la divina Providencia.

La mañana del 16 de noviembre del 2020, el paraíso era un infierno. El huracán Iota golpeó a las Islas de Providencia, Santa Catalina y una parte de San Andrés, tan solo días después de que Eta hubiese hecho de las suyas también. Truenos, relámpagos, y vientos fuertes fueron los protagonistas de la pesadilla de más de siete mil personas que allí vivían. Una pesadilla que aún continúa para algunos, pues al día de hoy no cuentan ni siquiera con las condiciones de vivienda adecuada.

Días después del desastre, el presidente de Colombia salió a prometer una reconstrucción heroica en menos de 100 días. Si bien para nadie es un secreto que era una promesa exagerada, tampoco esperábamos que, después de un año, varios habitantes del archipiélago aún se encontrarían viviendo en carpas e incluso en viviendas donde el techo es sólo una capa de plástico negro. Providencia avanza ha señalado que 54 por ciento de las viviendas prometidas ya fueron entregadas, pero ¿qué me dice usted de la otra mitad de la torta? Aún el 46 por ciento sigue viviendo en condiciones no aptas ni justas. De hecho, cuando se aproximaba la nueva temporada de huracanes, la mayoría de la población de las islas aún no estaba lista para hacerle frente

Ahora bien, no es sólo un problema de viviendas destruidas, sino que la falta de otros bienes públicos también tiene a las islas en aprietos. Hoy en día la atención hospitalaria se hace en carpas y tampoco hay colegios para que los niños y jóvenes retornen a clase. Ni siquiera hay un refugio en las condiciones adecuadas en la que los habitantes de las islas puedan acudir en caso de estar expuestos a otro de estos eventos extremos. Algunos acusan a la corrupción, pero seamos honestos: después de un huracán, no hay una excusa válida para que no se haya recuperado a estas alturas del partido esos bienes públicos tan importantes para el desarrollo de la población. De hecho, el último reporte del MinSalud tiene en alerta a Providencia por la falta de hospital en plena pandemia.

Ay, ¡pero nadie puede predecir un huracán! Eso es cierto, en parte. Los huracanes son eventos extremos sobre los que la certeza de que ocurran y su trayectoria sólo se tienen par días antes de que el evento suceda. Pero Providencia, y el resto del archipiélago, por su ubicación, están expuestos a este tipo de amenazas y otras tantas debido a los impactos del cambio climático. Eso es algo documentado, que ya está sucediendo y nadie se puede hacer el obtuso de decir que es que no se lo esperaban.

Pero lo más importante ahora es hablar de cómo vamos con la adaptación. Primer paso, la reconstrucción. La conexión de la población raizal con su territorio debe ser un punto a considerar dentro de estos planes. No podemos pensar en "reubicar" a la gente, pues esta estrategia suele traer consigo muchos impactos distributivos, afectaciones a los derechos humanos, pérdida de patrimonio cultural y perjuicios a la calidad de vida de las poblaciones afectadas.

Pero reconstruir in situ tampoco es fácil. Sobre todo, porque no se reduciría la exposición a las amenazas. Es por esto que es más que necesario buscar reducir la vulnerabilidad de la población ante los crecientes riesgos de desastre. Los diseños de las construcciones, tanto en viviendas, entidades públicas y otros bienes, deben ser pensados en generar una capacidad de mitigación de impacto de posibles huracanes y otros impactos del cambio climático. Tener a gente durmiendo en carpas o cualquier otro tipo de vivienda no apto para las condiciones de las islas es inhumano. Eso sí, todos sabemos que hay que priorizar la inversión ante los recursos escasos. Yo por ejemplo, estoy segura que era mucho más urgente el hospital, el albergue y los colegios que un guardacostas.

No quiero cantar victoria muy temprano, pero al menos en lo que va del año la temporada de huracanes no fue tan intensa como la pasada, pero techos de plásticos no son buenos para pasar temporadas de lluvias o incluso mediodías soleados. Muchos ya llevan 365 días a la intemperie y siguen contando. La no acción adecuada puede incluso resultar en peores tragedias. Hay que evitar un desastre en cadena a toda costa. Solo recuerde que el impacto de estos desastres son más una consecuencia del tamaño de vulnerabilidad de la población expuesta, como la población en el archipiélago en este momento, que con la mismísima amenaza.

Tampoco hay que dejar de lado otras inversiones para mitigar el riesgo. No hay poder humano para evitar un huracán o una subida de la marea, pero sí se puede reducir la erosión del mar y protección de las costas con soluciones basadas en la naturaleza como una barrera natural de manglares. En muchas ocasiones, no solo es menos costosa que un dique o algo por el estilo sino que trae otros co-beneficios como el aumento de la fauna costera. Claro, esto debe ser diseñado y analizado entendiendo el contexto ecosistémico y de riesgo que tiene el archipiélago. Aquí hay otra tarea que no podemos dejar que se nos haga tarde para empezarla.

Un siguiente punto es pensar en la recuperación económica en la isla. El turismo es la principal fuente de ingresos de muchos habitantes del archipiélago. De hecho, conecta muchas cadenas desde pescadores y agricultores, no solo la actividad hotelera. Un lugar donde la naturaleza es la actriz principal y no la fiesta y el desorden. Los habitantes de la isla están señalando que hay planes sobre construcciones hoteleras para privados. Para ellos, parece como si el huracán hubiese sido una excusa perfecta para aburrir a los habitantes y obligarlos a migrar en búsqueda de una mejor calidad de vida. En caso de ser así, hasta Churchill estaría orgulloso de ver cómo nuestro Gobierno está aprovechando esta crisis, tanto la pandemia como el huracán, para perseguir sus planes así sea en contra de lo que la población quiere. Recuerde que el turismo en el archipiélago es único.

Nadie corre una maratón sin un buen entrenamiento ni unos buenos tenis. Varios llamados se han hecho a los gobiernos a dejar de ser el que llega después del desastre y se conviertan más bien uno que se adapte para mitigar los riesgos. La adaptación climática debería estar en los 10 puntos más importantes de la recuperación económica. Ya estamos en medio de otras crisis, la del cambio climático y la pérdida de biodiversidad, por ejemplo. Uno no puede ir por el mundo diciendo que es un niño bueno que cumple la tarea, cuando en su casa tiene un caos que ha dejado olvidado. Hasta que todo el archipiélago no esté en las condiciones dignas de vida para una sociedad, tenemos a todas las Islas viviendo en un limbo pero no ese que hace que uno se muera de la dicha sino, al contrario, que sufre la desgracia.
Posdata: hice todo lo posible para buscar la información sobre el proceso actual de la recuperación del archipiélago. Los datos oficiales no solo son desactualizados sino que tampoco son lo suficientemente específicos para poder ver la situación contada desde el Gobierno. Por ahora, los reportes casi diarios de Amparo Pontón son la información en el archipiélago sobre la situación.

Pd2: En este video usted podrá ver la situación de Providencia contada por los mismos raizales. Todos los colombianos tenemos el deber de proteger sus derechos y su casa. El territorio raizal debe ser respetado.

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Verde

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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